Avenida
El viento entierra sus vapores;
a esta hora de la noche
todo parece más en calma.
Se ensanchan mis recuerdos,
se alarga la avenida, esquina tras esquina,
aburrida,
estática,
cansada de llegar a ningún lado.
Mientras tanto
se me ha caído despacito otro silencio,
otro día de sol, casi lejano,
de estar tendido por que sí bajo la calma,
bajo la forma fresca de un verdor,
bajo la sombra…
La luz cierra sus ojos,
la oscuridad hace de nuevo que todo sea nada
y hay ruido a noche: gemidos, latidos,
gritos en la calle
y olor a cuidad. Desesperanza.
Y hay de nuevo mi silencio, este silencio,
este momento del tiempo en que me entero
que mi alma está muriéndose de a poco,
mi corazón muriéndose de a poco
y que me estoy endureciendo.
Y me entristezco.
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