Explicación de mi amor
Cuando yo empecé a escuchar a Zitarrosa, recuerdo que tenía 18 años, y venía con una influencia muy grande de rock, y de ruido, y de fuzzes y overdrives.
Por ende, a “El olor a leña, Bobby” y a “El violín de Becho” me los pasé soberanamente por el centro de los huevos.
Pensaba, en mi ingenuidad idiota, que todo lo que fuera o tuviera cierto tufillo a folklore, aunque fuera “de pajuera”, no merecía ni la más mínima atención de parte de nadie.
Cosas de pendejo, bah. Hoy por hoy, a “El violín de Becho” lo escucha mi hijo en la voz de Daniel Melingo y parece que le gusta, nomás.
Qué se yo, como algunas muchas veces me digo que soy un pelotudo, probé después escuchando “Guitarra Negra”, y debo confesar que ese puto disco me encantó desde que escuché los primeros (y los casi únicos) acordes de la “Introducción”.
Una poesía llena de vuelo, aunque sin caer en lo solemne…una poesía que estaba a la altura de lo que yo estaba buscando justo justo en ése momento.
Para qué te voy a contar de lo que sentí cuando, refiriéndose a la muerte, lo oí recitar:
“Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco… “
Para qué te voy a decir de la pena infinita entreverada con un horror (que no me explico de dónde salió, siendo lo más normal del mundo) que me asaltó mientras escuchaba “Uruguay For Export”. Lo pongo completo porque es el que más me impactó:
Temblando, con el frontal partido por el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res… Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento… balando al descuajarse su osamenta, ya sólo un pobre costillar enorme, ya sólo un pobre cuero y sangre, media tonelada de huesos astillados, hincados en toda esa vida temblorosa y atónita… Ahí se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quién que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas… y que pastando nunca habían dolido… haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva, que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros… y nunca habían dolido… Ya está colgada… Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo… Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: “Uruguay for export”… Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico… Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho… y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos… Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado y una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo… de un marronazo en plena frente “for export” del Uruguay…
Si hasta había decido no comer más carne, en un ataque de rabia por los animales faenados!!
También había otros recitadores en este disco; personalidades de Uruguay que fueron diciendo partes de la grabación, como Eduardo Galeano , tatuando para siempre en mi memoria la bellísima frase “Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, ya estamos acostumbrados.” y otros que no recuerdo el nombre.
Es decir, un disco de la puta madre.
Mierda, me estoy acordando que Spinetta dijo en un reportaje que la música no puede ser bella si es de protesta. Y lo amo, a Spinetta, pero essssta que la música deja de ser bella cuando es de protesta.
Apuesto que el Flaco nunca escuchó este disco.
Y bueno; después me grabé otros discos de Zitarrosa, como el Adiós Madrid, en donde encontré una genialidad que me hizo llorar por lo increíblemente triste de la canción.
“Explicación de mi amor”, que así se llama, me tomó por sorpresa. Es crudísima, a la vez que tiene una lírica increíble…
Don Alfredo les canta a sus dos padres (a su padre biológico y al putativo) después de muertos. Parece estar diciéndole a su verdadero padre (quien lo abandonó y nunca lo reconoció como hijo), que no importaba la distancia física o espiritual; él siempre lo querría como lo que había sido, lo que era y lo que habría de ser: Como la persona que le dió vida y lo trajo al mundo.
Amor desinteresado, que le dicen, y que es mucho más que explícito en ciertas líneas de la canción.
En:
“[...]Quisiera explicarte mi amor, no tu ausencia
o mis culpas; ayer tú vivías.
Si ya no merezco cantar para ti,
yo te pido: No sigas muriendo.
El tiempo pasado, ese suave festín,
donde fuiste una caja escondida,
un clave encerrado en el muro,
una oreja en la sombra, el sigilo de nadie.[...]“
Y en:
[...]Mi padre serás, como fuiste mi padre,
un gameto en la grieta cerrada del tiempo[...]
De su otro padre, el adoptivo, el mismo Alfredo había dicho, describiendo la relación que los unía:
“Carlos no era mi padre y yo lo sabía. Era muy viejo para ser mi mejor amigo, pero cuando ya viudo me pidió que no lo abandonara, sentí que más que mi padrastro era mi hermano, y lo acompañé hasta el final, y lo enterré, con la ayuda de sus sobrinos auténticos, después de rescatarlo, desnudo, de la morgue del Hospital Militar. Su ataúd sonó como un bramido al dar un tumbo en el fondo del Panteón Policial del Buceo”. (Se refería al Cementerio del barrio Montevideano llamado “El Buceo”.) -Grande, la Wikipedia. Estas palabras las encontré ahí.-
Ese bramido, el último golpe quedó estampado en la memoria de Zitarrosa, parece, y lo plasma en:
[...]“voz ronca de un órgano ya enmudecido,
ahí estás, larga caja de pino.”[...]
Y la muerte propia, la fatalidad, el saber lo efímero de la vida y la seguridad del reencuentro en el otro lado es embellecida en una estrofa entera:
“Cuerno de pastor de un remoto país,
piedra lisa que el alba y el cielo tocaron;
soy como tu mar, rodaré eternamente
hacia ti y, desde ti, a lo más hondo.”
Qué se yo. Podría seguir hasta mañana haciendo interpretaciones.
Tan bellas son las palabras cuando las ordena y les dan curso la sensibilidad y el dolor…
Tan hermosas se vuelven las personas que saben decir desde el corazón…
Y a Don Zitarrosa, parece, ése tipo de decires se le daban muy bien.
Agradezco haberme cruzado en el camino de sus discos, de su obra, y agradezco haber abierto el mate a tiempo a otras expresiones.
No creo ser un tipo muy inteligente (genio no soy, bah), pero sí me doy cuenta al toque de la increíble poesía que me hubiera perdido si me hubiera atado a las convenciones rockeras, sónicas, pop, etc etc etc.
Y de nuevo y ya que siempre recomiendo lo que me gusta “a mí”, les pido que le peguen una revisada y una posterior oída a los discos de Don Alfredo.
Un grande con todas las letras.
Un poeta.
Y un musicazo de la hostia.
Escuchá!!!
Etiquetas: discos de vinilo, Lalo Garay, los recuerdos, música, recuerdos, Sinfonía, vinilos

31 Mayo, 2008 a las 9:31 am
hola!
31 Mayo, 2008 a las 1:37 pm
hola! (?)
31 Mayo, 2008 a las 5:41 pm
jajajaja (?)? q tal? esta feo eso de pisar blogs ajenos y no dejar un comentario señorito! xDD
un beso!