Olvidos
“Cómo derivó en hielo el amor?
Cómo ya no quieres volar?
Cómo es que prefieres quedarte
dormida en un mundo muerto?”
(Luis Alberto Spinetta)
La gente está en todo su derecho
de romperte el alma en mil pedazos,
lastimarte
si sabés que has sido un hijo de mil putas
en algún momento de tu vida.
Tiene derecho a hacerte mierda,
tiene derecho a la venganza,
y a que aprendas que, si hiciste daño a alguien
es posible, existe la posibilidad,
remota o no,
de que el otro, y por pequeña que parezca,
se tome una revancha.
La gente te lastima
porque has sido mala leche,
porque fuiste un cura abusador,
o un asesino, un drogadicto o un ladrón,
o tal vez porque golpeabas a tu esposa;
o la gente te lastima
por aquellas decisiones que alguna vez tomaste
y que dejaban
de lado a las personas que te amaban,
o porque simplemente, un día
decidiste que ya era demasiado
y te fuiste de algún lado
dejando a alguien
librado al más injusto
de todos los olvidos,
a la más injusta
de todas las distancias.
Y hay personas, también, que te lastiman
sin razón, sin argumentos;
personas que saben que te hieren
y disfrutan sin embargo de ese instante.
Hay personas que se sienten muy a gusto
cuando ven tus lágrimas llegar al puto piso
y te dicen ”yo no tuve la intención,
el propósito de hacerte tanto daño”,
sonriendo por dentro, satisfechas.
Personas decididas
a verte derrotado, infeliz,
nervioso o angustiado;
personas que se empeñan
en regalarte abandonos, distracciones,
en devolverte en billetes y monedas
ingratitud, insultos y amarguras
y se sienten bien con ellas mismas
cuando les decís que ya ha sido suficiente
y terminás rogándoles “ya no,
ya basta, ya no más”.
En realidad,
no me preocupan demasiado
las personas que te hieren con motivo;
al fin y al cabo, cuando sos un soberano
hijo de puta
está bien que así se haga.
Son las otras personas de que hablo
a las que en realidad les tengo miedo.
Suelen disfrazarse de madres,
o de padres, o de novias, o de amigas,
suelen rondar por tus cosas y tu vida
pidiendo explicaciones
de todo lo que hacés; y las cosas que tocás,
y hasta el aire que se mete en tus pulmones
termina convirtiéndose en causa
justa para abrirte llaga sobre llaga,
para hacerte más marcas en el alma
de las que creen que podrías soportar.
Es por eso que, a veces,
después de mucho ignorar esas heridas
digo “puta, si yo no me las merezco!”,
y cierro para siempre el corazón,
le echo llave a la razón y a la memoria
y olvido a esta clase de personas
sin importar la comprensión,
el cariño o el amor
que alguna vez les haya dado
o tal vez me hayan tenido.
Etiquetas: puta madre, recuerdos, mellon collie, the infinite sadness, tristeza, boludo

12 Mayo, 2008 a las 11:23 am
las personas no hacen daño sin razon…
12 Mayo, 2008 a las 1:06 pm
hijo de puta, me caés mal. golpe bajísismo…
12 Mayo, 2008 a las 8:36 pm
Vanu: las personas sí hacen daño sin razón. Todavía estoy tratando de juntar mis pedazos. Y cuando pensaste que ya tenés todo listo, te vuelven a pegar de otra manera peor…
12 Mayo, 2008 a las 11:00 pm
Vanu: Yo pienso, al igual que el Mauri, que hay personas que no sólo te hacen daño sin razón, sino que encima disfrutan con eso de una forma casi insana.
Y te hacen mierda, y te ponés a pensar por qué no te alejaste hace rato de ellas. Y lo peor de todo es que nunca sabés por qué.
Mauri: Tenés razón, chango. Juntás los pedazos y los vuelven a desparramar, esta vez más lejos, como para que te cueste volver a armar el rompecabezas de tu alma.
Tenés razón.
13 Mayo, 2008 a las 8:15 am
para mi si hay una razon, consciente o inconsciente, pero hay…a veces hacemos mérito para que nos hagan daño, a lo mejor hicimos daño primero nosotros…