Las cartas que no se envían

cartas

7 de Mayo. 2009.

Carta.

También quería hablar de aquellos días de nosotros, de las noches de los dos y el universo todo en guardia; nosotros dos, un par de idiotas besándose en las plazas, jugando a ser adolescentes, tratando de disimular toda ansiedad.
Adónde fue a parar tu boca y el sabor de tu saliva mezclada con la mía?
Qué fue de aquellas manos sin destino y el trayecto desde tu cuello y por tu espalda hacia la nada?
Qué fue de aquellas noches de calor que nos gastamos dando vueltas y más vueltas, porque nunca encontramos un lugar donde parar?
Tal vez creí que olvidaría.
Creí que alguna vez te olvidaría. Pero me acuerdo.
Tal vez me puedas perdonar.

También me imaginé alguna vez que vos vendrías, que por fin te encontraría y que hablaríamos los dos. Que nos diríamos el tiempo que gastamos en vivir, morir, nacer, estar; los dos sin pena, sin gloria, sin testigos y sin sombra, los caminantes del abismo; vos con rumbo norte y yo siempre a la deriva.
Sin brújulas ni mapas. Sin sitios para estar.
Adónde fueron esos días de luces y de sombras que tantos nos gustaron?
Adónde el piano y las guitarras? Y mi voz áspera, ronca, mal cuidada?
Y la tuya? Tu voz, la que yo tanto adoraba, la misma que esperé siempre que llamara y me dijera:
-”Hola. Soy yo. Cómo has estado? Estoy acá!”- ?

A veces siento que la vida no me ha dado más cosas que patadas certeras en el traste.
A veces pienso en las cosas que viví, y mi cabeza es un desastre.
A veces siento que la vida es una mierda.
Y no la puedo disfrutar.

 

 

7 de Mayo. 2009. Pensando en la carta que no te voy a mandar:

Reversión.

adoro aquellos días de nosotros.
adoro cuando el universo daba vueltas
y sólo nos miraba.
adoro el recuerdo de tu escote.
el recuerdo de la línea de tu espalda.
adoro cada sol y cada sombra.
las cosas que nos hacían mal o bien.
las noches. las mañanas.
adoro cada instante que vivimos,
rápidos, cortos, fugaces
(como nosotros)
pero intensos. efectivos.
llenos de dulzura. de algo más.
de amor. de alma.
adoro encontrarme
el recuerdo de tu voz bajo la almohada.
adoro que te gusten
los recuerdos de las cosas que no fui
de las otras que aún no soy
y que tanto nos maravillaban.
adónde he ido?
adónde voy?
voy a llegar alguna vez?
no sé. no me interesa.
adoro no saber lo que me pasa.
no importa si es amor.
está bueno saber que estás ahí
y está bueno recordarte.
está bueno que me escribas.
ey, que yo he llorado como un chico,
leyendo diez mil veces
(y una más)
tu carta esta mañana.

“afuera mis entrañas. adentro sigue en calma”.*

 

 

 

*Gustavo Cerati – Sudestada – Cosas Imposibles – 2003

9 comentarios para “Las cartas que no se envían”

  1. Ay nene vos si…
    te lo robo o me lo prestas?? no hay opcion segun parece

    un beso!

  2. María: Pase nomás y robe lo que quiera. Use y abuse. Cite la fuente. Eso nada más le pido.
    Beso!!

  3. Hay cosas en la vida que parecieran que son un casette y le pusieron “pause”. Y en ese “Pause”, uno ya se pierde de percatarse que es lo que siente. Quizás el tiempo ayudo, pero el amor sigue estando ahí.

  4. Cuántas cartas quedan sin enviar… pero a veces sucede que uno las despacha y luego regresan con el mismo sobre sin abrir y un sello que dice: “Destinatario Desconocido”.

  5. Virgi: El tiempo suspendido, Virgi. El tiempo que se detuvo y ya no puede seguir más.

    Walt: …o uno se guarda esas cartas y después cuando las manda, en vez de “destinatario desconocido” te dicen “no dan razón”. y eso te asesina el alma.

  6. hijo de puta, cómo lastima.

  7. Fede: Una más, nene. A levantarse una vez más.
    Un abrazo.

  8. Las dos valen la pena ser enviadas y las dos guardadas, como reflejo de lo que somos capaces de sentir, para que nos recuerde que siempre podemos volver a amar, a sentir así, está ahí, nosotros nos empeñamos en negarlo
    Me encantaron!!
    Besitos

  9. Nelida: Welcome back, Nelida! Sí, la verdad es que tenés razón en que todo lo que se dice, debe decirse “de la boca para afuera” y no guardarse…
    Pero ahí está la escencia de la mayoría de los seres humanos, en esconder a veces los sentimientos verdaderos, verdad?
    Un abrazo, Nelida.

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