Archivos para septiembre, 2009

piernas

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , el 30 septiembre, 2009 por nene

mujer calle

Si creés que soy el chico
que es igual a aquellos chicos
que te hacían el filo a la salida del laburo
o de la facultad, o de donde chota fuera
para ver si conseguían algo más
(andá a saber qué cosa; tal vez tu número
o el largo camino de tus piernas)
te voy anoticiando
de que yo no te hago el filo,
y que no quiero ni tus gambas,
ni tu cama, ni tus tetas.
O tal vez sí, pero no “ya ya”.
primero quiero que me digas
cuántas noches son las que pasaste sin dormir
esperando ese milagro que llegue hasta tu puerta
y desde hace cuántos siglos esperás
a alguien de verdad y que te vuele la cabeza
pero a alguien de verdad,
con panza, arrugas, canas
y un pasado de dos o tres botellas;
arruinado,
pero con buenas intenciones
y además con buenas piernas.
Así como las tuyas, pero no.
Piernas de chico.
Uno que se metió en quilombos siempre
y también en algunas peleas
pero que no gano en casi ninguna, mirá vos
porque no se las banca tanto
como los que lo conocen ya quisieran.

Así que si pensás
que te estoy haciendo el filo,
debo decir que le pifiaste:
Soy menos de lo que vos te imaginás,
un chiste de inseguridades;
el embarazo no deseado de una monja
la tarjeta de crédito del 10 en Villa Páez.
Y si pensás que quiero tus gambas solamente,
ahí también te equivocás.
Las quiero. Pero no “ya ya”.
Primero quiero verte como sos,
con tus miedos, con tus lágrimas de noche,
o despeinada al levantarte;
con tu aliento de mañana,
y esas ideas de mierda que llevás
de que yo quiero cogerte
cuando en realidad me estoy enamorando
y quería solamente preguntar
si alguna vez te voy a alcanzar.

Y si alguna vez podré besarte.

Impresiones Web XX (bis)

Publicado en Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , el 28 septiembre, 2009 por nene

Wilde

Oscar Wilde

mas

Porro

igual

Nino Dolce

Nino ‘estoy de la cabeza’ Dolce

 

(créditos en ambas impresiones a Daniela. Una masa, la Dani)

Impresiones Web XX

Publicado en Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , el 28 septiembre, 2009 por nene

Oscar Wilde

Oscar Wilde

mas

korg

igual

Alejandro Lerner

Ale Lerner

acerca de los vencimientos

Publicado en Filosofìa de goma y zapatos veloces, Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , el 27 septiembre, 2009 por nene

snowbros

Augusto viene a casa.
Cada vez que Augusto viene a casa, lo que menos hace es darles bola a las actividades que sugiero.
En vez, prefiere inventar plantillas para stencils y pintar después su tabla, o calcular cuánto dinero tiene que ahorrar para comprarle cosas nuevas, o directamente un skate “de marca” (350 mangos uno cualunque).
Yo le digo que se deje de joder, que 350 mangos es una barbaridad por una tabla, y que mejor se compre ropa o zapatillas, pero viste cómo son los chicos de hoy en día.
Bah, en realidad son iguales a nosotros cuando teníamos la edad que tienen ellos, pero la diferencia, la sutil diferencia es que si les decíamos a nuestros padres “me voy a gastar una fortuna en una pelotudez” recibíamos como respuesta una cachetada y una confiscación de ahorros hasta que las ideas pelotudas se nos iban del marote.
La psicología moderna dice que hay que dejar que los chicos tomen decisiones.
Una mierda, la psicología moderna.
Cómo puede un pibe de once años entender que un skate son muchas horas de laburo para mí o para la madre, y que casi 4 gambas por un skate es una fortuna?
Decisiones las pelotas!
Pero bueh, somos inseguros, somos confiados, somos obedientes; una rara raza, producto de los años 80′as con todas sus mierdas, los padres de hoy.
No queremos repetir los errores que tuvieron nuestros viejos con nosotros ni por las tapas, y entonces dejamos de hacer lo que creímos que ellos hicieron mal. Pero le terminamos pifiando en otras partes.
Es decir, no importa lo que se haga, o lo bien preparados que creamos que estamos.
Vamos a terminar metiendo la pata siempre en algo.
Y siempre la consecuencia inmediata será la mirada triunfante y sobradora de los abuelos que largarán los irónicos “Viste? Qué te dije?” con que nos romperán las pelotas hasta la próxima discusión.
El caso es que Augusto ha venido a casa y se ha puesto a boludear con la tabla.
Hemos hecho un stencil para darle masa con el aerosol en cuanto salgamos a la calle. A mí no me gusta mucho, pero bueh, ya era hora de un cambio, y el cráneo que tenía pintado dejaba mucho que desear, a decir verdad.
Es quilombero, Augusto.
Es muy probable que mañana me diga que ese stencil fue una mierda, y dibuje un diseño que no desentone con su estado de ánimo del día, para cambiarlo otra vez.
Salimos a la calle y tomamos sol. Le da a la tabla por la calle. Me gusta verlo andar. Tiene sus cosas.
Comemos unos pebetes y tomamos esas aguas de mierda que venden en el super y que a ellos les gustan. No entiendo cómo pueden fabricar esas aguas tan horribles, pero me prendo y me compro una para ver qué tal el sabor, si me sorprenden con un acierto, o algo así.
Pero no. Una mierda como siempre, el agua.
Así que nos sentamos en la vereda de la iglesia y terminamos con la pintura de la tabla. Queda bien. Nos gusta a ambos. Es un símbolo anti-nazi bastante bueno, blanco sobre un fondo violeta.
Lindo, che.
Así que ahí estamos, dos boludos alegres en la calle, uno que tiene pinta de ser el padre pero no, tan boludo no puede ser el padre. Recuesto la cabeza en su regazo mientras esperamos no sé qué. Y después nos vamos a mi casa, a gastar lo que queda de la tarde.
Hemos aprovechado que el hermano se ha ido a casa de un amigo y nos hemos ido hasta la mía a escuchar algo de música.
Pero los chicos de hoy son muy inquietos, y se aburren al toque de todo, así que encendemos la pc y se pone a boludear con un programa de audio. El Adobe Audition.
Siempre me sorprende, Augusto, con las canciones que deforma en el Adobe Audition. Hoy recibió nociones básicas del Nuendo, otro programa de edición, por lo que intuyo que en breve va a comenzar también con ése, a romperme la paciencia.
Cagamos. Ya se puso en “modo jugar”.
Para los padres que tienen hijos chiquititos, los voy poniendo sobre aviso: No hay nada más frustrante que intentar hacer que escuche un hijo que está en “modo jugar”, y más aún intentar sacarles palabras que no sean monosílabos, o frases cortas como pedo de laucha como “sí”, “no”, “no sé”, “no me acuerdo”, “está bien”, que son ejemplos de lo más comunes (a veces hasta clavan un “ok”).
Por eso hoy me sorprendí tanto, cuando Augusto en un acto de arrojo y valentía, me invitó utilizando un par de frases bien estructuradas y de más de 15 palabras cada una, a jugar con la consola SEGA. Al Snow Bros.
Si hay juegos que yo me hago bosta, por haberlos jugado siempre de pendejo, esos son el Tetris y el Snow Bros.
Así que le pego una cagada de cuidado, una de esas que él después me pegará en el Counter Strike de su Playstation, con posterior tomada de pelo incluída. Porque encima de todo, está eso. Que estos pendejos se te cagan de la risa!
Así que ahí estamos los dos. Jugando.
A veces me hago el pelotudo y lo miro de reojo. Hay momentos en que, sencillamente, no puedo terminar de asimilar que ese casi adolescente que está a mi lado y que por poco se puede poner mis zapatillas sin que les bailen en las patas, que ese pibito con muñequeras y colgantes al que le estoy pegando una cagada en el Snow Bros sea el que hasta hace un año atrás se quejaba porque “los chicos me molestan en la escuela”.
Estoy viejo, posta. No queda puta duda.
Ha crecido mucho y antes que los chicos de su grado, y sigue pareciéndome  de modales que ya no son de un nene de su edad. Nunca los tuvo. Como si le molestara estar en la piel que tiene, a mi hijo.
Es raro. Nunca pensé que llegaría el día en que un hijo le pondría fecha de vencimiento a mi juventud. Pero ahí está. Es un granito en la nariz de mi hijo lo que ha venido a anunciarme que es oficial, que estoy más para el Pami que para el Ipam, y entonces le digo que ya no quiero jugar más, y “no importa, pa”, me suelta, y salgo cagando al baño y traigo un pedacito de algodón empapado en loción astringente, y pienso que si lloro ahí mismo, que si le digo que en breve me va a tener que perdonar porque no soy tan buen papá como él dice que yo soy, y que se va a dar cuenta de que también le pifié en un montón de cosas, como de seguro lo van a hacer también su hermano y él, el día de mañana, cuando tengan críos, y que todas esas veces que lo reté por boludeces (porque siempre uno termina retando a los hijos por boludeces) en realidad quería decirle que necesitaba un abrazo y diez mil besos, porque tenía la cabeza llena de quilombos que no sabía cómo carajo solucionar, y que cada vez que me dijo que me quería “hasta el cielo ida y vuelta ida y vuelta ida y vuelta ida y…” yo me desarmaba, y que en unos añitos nomás voy a precisar más que nunca sus abrazos y sus besos, y que recuerde siempre lo que les enseñé a los dos, de respetar a la gente mayor…me va a mirar con cara rara.
Soy un pelotudo.
Se me ha anudado la garganta.
Soy un pelotudo.

No me sale otra cosa que un “No crezcas más, che culiah”

Me tengo que prometer urgente a mí mismo decirle todo el tiempo que lo quiero. Porque en breve no va a querer escucharlo más, aunque lo sepa.
Y  los vencimientos me la fuman.

Porque lo importante es que su hermano y él están acá.

ni

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , el 26 septiembre, 2009 por nene

foto-de-eric-dynier

a esta hora
no quedan autos en la calle,
policías en los bares,
putas en la esquina,
gatos en las tapias;
a esta hora
no me queda la ironía
cuando me miro los callos
las canas y la panza,
cuando miro la muerte de la vida,
la promesa joven que no fue
porque era yo,
la promesa estúpida que fui
y que no sé si alcanza.
a esta altura
son las mismas apatías
los mismos timbres,
el mismo sueldo,
el mismo almuerzo,
la misma comida rancia.
a esta altura
el remedio es el olvido
y las cosas que no existen
las cosas que no tengo
lo que jamás podré alcanzar
lo que me desespera,
lo que me hace dudar
si soy tan bueno como dicen
para tentar la suerte,
salir sin marcas,
volcar a mi favor esa balanza.

a esta hora
un plato de comida,
el rivotril,
los amigos,
las libertades asesinas.
a esta hora
lo que quedó de la esperanza.

cábalas

Publicado en El mismo verso, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , el 19 septiembre, 2009 por nene

crucifijo

desde que no arrastro el bar hasta la cama
y los venenos ya no me envenenan,
desde que no oigo ruidos de rotas cadenas,
desde que no cierro tantos malos tratos;
desde que no paso tantos malos ratos
ni dejo lágrimas amargas en la almohada,
desde que no soy aquél que tanto amaba
y me banco si me quieren, si me dejan;
desde que abandoné el curso que hacía en tetas
culos, piernas y también en lencería
desde que no me aboco a las cursilerías
ni pierdo el tiempo en historias pasajeras

invierto sueños en rosarios de madera
en medallas de la suerte y en agüitas bendecidas,
en cábalas boludas que no sirven una mierda
hostias rancias, cálices con óxido, vinagre de mistela.

las edades

Publicado en Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , el 10 septiembre, 2009 por nene

reloses

era a la siesta, cuando el calor pesado hundía a los grandes en la abulia y el sopor, y no se escuchaban más que las chicharras en el patio que daba al descampado.
saltaban el alambrado de los fondos, y se iban ocho o nueve chicos al terreno de atrás.
ahí, bajo el sol asesino del verano, jugaban a darle palmaditas al dogo del vecino en la cabeza, y a sacar rápido la mano cuando se les venía encima el tarascón del animal. acto seguido, corrían con el perro siguiéndolos por detrás, hasta que la larga cadena que lo ataba a un poste se tensaba por completo y ya le impedía darles alcance.
la risa, el susto, la adrenalina; todo eso en un cóctel explosivo que se disfrutaba mucho más al darse vuelta y mirar al animal babeando rabia, ahorcándose con el collar que sostenía la cadena, intentando comprender quiénes eran y “por qué eran” esas personas que lo molestaban una y otra vez sin llevarse nada, absolutamente nada de los enormes galpones que se levantaban a espaldas de su poste, su tutor, su carcelero.
esta vez era el turno del más chico de ellos.
se acercó despacio, sin ser visto por el dogo que, aparentemente olvidado de la intromisión reciente, dormitaba plácido a la sombra del único árbol que había en pie, en ese desierto de hierros retorcidos, de restos inútiles de automóviles y máquinas en desuso.
no dormía. dormitaba.
los sentidos alerta y la venganza animal revolviéndole las tripas y la escasa inteligencia.
el niño palmeó rápidamente su cabeza y salió disparado, a la carrera hasta los fondos de la casa, con el corazón en la boca y una transpiración fría en las sienes, sin darse vuelta, como si en un momento hubiera tenido la intuición de que no debía hacerlo, no debía hacerlo, que algo había fallado en ese instante.
le bastó sentir la respiración del dogo a la altura de las piernas para entender que se había roto la cadena, que la frágil cadena que los había separado del peligro estaba rota, y el animal a centímetros de su presa. él.
el dogo lo alcanzó. y al alcanzarlo lo mordió.
el dolor fue tan absurdo y tan intenso, que en realidad no lo sintió.
sólo atinó a mirar al animal, ya con las mandíbulas trabadas en él, en su pierna izquierda; un enorme dogo argentino cuyas mandíbulas buscaban desgarrar, romper, triturar la carne y deshacerse para siempre de quien había osado molestarlo.
sangre. el niño vio la sangre y entonces, sólo entonces comprendió que perdía parte de la pierna, a la altura del tobillo.
y se desmayó.

al volver en sí, dos cosas lo extrañaron.
la primera fue que no había tanta sangre como había visto correr antes de perder el sentido. la segunda fue que no estaba ya en el patio, sino en un galpón lleno de luces fluorescentes, quizás el mismo galpón que cuidaba el animal que se había llevado parte de su pierna.

y no se equivocaba.

se miró a sí mismo, recorrió su cuerpo con la mirada un instante, y se vio embutido en un mameluco azul, con la pierna atrapada en los engranajes idiotas de una máquina y vió sus manos llenas de grasa, y vió sus antebrazos, gruesos, poderosos, llenos de vello y se vio a sí mismo, un hombre en una fábrica con una pierna atrapada en una máquina, con una pierna atrapada a la altura del tobillo en una máquina, a la altura de donde él había soñado, hacía instantes, que un dogo lo alcanzaba, con las fauces llenas de odio, con baba, estupidez; en donde hacía instantes la sangre había brotado hasta desmayarlo, qué raro era ver salir tanta sangre de una persona sola, qué raro era verse a uno mismo desangrándose, yéndose, dejando de existir.

escuchó la orden de no moverse, de no hacer fuerza con la pierna; escuchó la orden, proveniente de ningún lugar.
escuchó las sirenas ulular y detener su curso las otras máquinas de la fábrica.

en breve llegarían los médicos a asistirlo, y tratarían de sacarlo de ahí, lo más entero posible, salvar su pierna, salvar su sangre, su vida. y mientras tanto, él pensaría en aquel niño, en las trampas de la mente, en el sueño vívido que había tenido en aquel patio, en el olor tan exacto a mierda de perro, a baba de perro, a músculo de perro. a tendones, piel de perro, salvajismo, odio, idiotez de perro, un perro que lo había mordido tan pero tan fuerte, que en realidad ni siquiera había tenido tiempo de gritarlo, de llorarlo, de sentirlo.
y así, pensando en todo eso, volvió a desmayarse.
escuchó las voces, a medida que se tornaban inaudibles, y escuchó también un zumbido insoportable. así era como moría la cordura?
quién era él? adónde estaba? por qué creía estar en donde estaba y lo que la realidad le devolvía era solamente un espejismo de lo que él quería que fuera lo real?
ahí volvía él. quién? él mismo. el niño que corrió asustado. el operario de la fábrica, embutido en un overol azul. el de las piernas, el del tiempo cojo, el de las realidades vagas, él.
ahí volvía. creyó otra vez que estaba allá en la fábrica, y soñó con los olores que venían de la calle, y pensó en los sitios que cruzaba, camino de la escuela o del trabajo, o camino tal vez a ningún lado, porque ya no sabía en qué tiempo era él, en qué tiempo transcurría su hoy, o tal vez ya no.
y se incorporó en una cama fría de hospital, desesperado.
quiso pedir explicaciones, quiso que alguien le dijera el por qué de lo blanco de su pelo, el por qué del ánimo que estaba echando en falta.
el por qué de ese dolor que era.
descorrió las sábanas, con ánimos de huir a ningún lado, y descubrió con espanto, que el dolor que sentía allá en su pierna era el dolor de lo que ya no era, porque su pierna ya no estaba, porque había sido amputada y un muñon por encima de la rodilla y luego nada más.

entonces comprendió que lo que había soñado, en realidad nunca hubo de existir, o tal vez que el presente que vivía ya se había fundido en el pasado, y que las cosas que vivía no tenían un hoy, porque el hoy no duraba sino que transcurría y ya no había forma de medirlo.
un niño, un hombre aquel anciano. él era todas las edades a la vez, y a la vez ya era el tiempo, porque el tiempo, el inexorable ya estaba golpeando a su puerta, ya lo llamaba a la vida, de nuevo lo buscaba.

sólo atinó a sentenciar un enigmático “hasta cuándo”

noche

Publicado en El mismo verso, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el 5 septiembre, 2009 por nene

noche

afuera
los gatos y las gatas
los canas, la patrulla, el 107,
las luces de la calle, los chicos en la esquina,
los gritos y las toses de la gente.
los afiches de políticos,
las tristezas y las trampas de la mente,
los miedos y el querer estar mejor,
el querer huir a ningún sitio siempre.
el cielo como un techo
las paradas de los bondis, los taxis y los trenes,
y el suelo como alfombra, las mismas sombras;
más allá las estaciones, más allá los que no duermen.
afuera
los gatos y las gatas,
las patrullas,
las toses de la gente.

adentro vos y yo.
y nada que nos sirva de consuelo
y todo eso que a los dos nos enloquece.

Estado natural

Publicado en Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el 4 septiembre, 2009 por nene

erica trossero

 

Es sabido que para quien es fanático de la T.V. no hay programa que pueda parecer malo, y es sabido también que hay personas que, por aparecer en la caja boba, hacen lo que sea y exponen a hijos, sobrinos, abuelos, nietos o lo que sea, por lo cual calculo que estas buenas señoras deben tener un público bastante numeroso y también que jamás podrán volver de esa fina línea que ya han cruzado hace rato.

Me refiero al programa de Ana María Alfaro, en donde hace su aparición (mucho más que) explosiva Erica Trossero, una chica que parece no tener la más mínima idea de lo que es llevar adelante un programa de televisión, y si lo sabe, calculo que…su…cabeza…no…

En fin.

El Domingo, como todo buen cristiano que detesta la T.V., me disponía a mirar (otra vez) la trilogía “El Señor de los anillos”, pero cuando encendí el televisor, ahí estaba ese programa al que estoy haciendo referencia: “Ana María y la gente”.

La verdad es que me pareció muy bizarro, muy de canal de cable, por lo que al toque pensé -”Seguro que alguna cagada graciosa se les va a escapar…”-

Y me defraudaron? NO!

Y más aún, me quedé viendolo hasta el final, y juro que nunca me he reido tanto con traspiés, cámaras que no acertaban a adivinar los planos que pretendían las conductoras, presentaciones de notas equivocadas y mucho, mucho más.

El pico de lo bizarro fue cuando Erica Trossero recibió el llamado de un niño de nombre Mariano. A veces, los nombres de los televidentes que llaman se saben de antemano, calculo que para no quedar en orsay con la persona o para agilizar la cosa. Pero este truco no le sirvió a la Señora Trossero, que se comunicó con él de la siguiente manera:

-”Hola, Mariano?”-
-”Sí…!”-
-”Con quién hablo?”-
-”Con Mariano!!!”-
-”Ah, hola Mariano!!!”-

Lo que se dice, la pelotudez en su estado natural.
Ya sé que ni Ana María Alfaro ni Erica Trossero me invitarán jamás a ser parte de sus tejedores (en realidad es “tejedoras” pero no quiero parecer gay), pero desde aquí mis más cálidas felicitaciones por haberme hecho cagar de la risa, después de la mierda de partido que ofreció River Plate, que si no hubiera sido por el golazo del final de Ariel Arnaldo, se va a la puta que lo parió.

Se agradece, che.

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