Archivos para octubre, 2009

los chicos

Publicado en El mismo verso, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , el 31 octubre, 2009 por nene

cpc

más abajo,
en la línea imaginaria que divide
bajo pueyrredón del resto de la city
los chicos juegan, jugando con su suerte
y también con la de todos los demás.
con una jarra de cerveza,
fanta y lavandina
además de diez pastillas bien molidas
tientan a la vieja cosechera,
y se pegan flor de viaje,
relocos como están.
algunos hacen el circuito hasta la ruta
camino a montecristo
y si por casualidad
pasás en coche por allá
te rompen a pedradas la luneta,
el parabrisas
y guarda che culiado con frenar.
los demás se quedan en el barrio
y capaz la caretean, saludando
a los putos y a las viejas
o a los zolis de los móviles
del cap.
rondan el cpc sin saber de dónde vienen;
la mirada perdida, sin saber adónde van.
me recuerdan a muchos de los pibes
que ’laburan’ urca o nueva córdoba.
cambian las costumbres,
cambian pedrada y tramontina
por el caño
y el reviente sigue siendo el mismo,
con la guita o sin la guita,
con la tuya o con la mía,
con minitas rubiecitas
que van hasta el baile del sargento
a levantarte
o cobanis que te llevan
y te ponen la manito
en donde vos sentís
que duele más.

going up nowhere

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Shéneral con etiquetas , , , , , el 30 octubre, 2009 por nene

cementerio2

pronto,
cuando todas las personas que conozco
se den cuenta de cuán pajero soy,
festejando las cagadas que decís
cuando llamás si es que llamás,
cuando todos los amigos se miren,
y rían cómplices, en alguna reunión
de gente que no quiero ver si acaso lloro
porque te has ido y me has dejado
con un vasito en la mano y dos clonazepam;
pronto,
cuando todos se den cuenta
de que estoy pero no estoy
porque hace rato estoy enfermo,
porque hace rato estoy un poco más allá;
cuando los mil teléfonos no suenen,
los faxes no faxeen,
los sueños no me quemen,
la palladini no me pegue
y ya no pueda reciclar;
cuando tenga a mano el carnet de la mutual,
un ancho de espadas en la frente,
la ruta de los sueños urgentes,
las piedras en las que siempre me tropiezo,
los accidentes en los que siempre estoy presente
y una flor marchita en el ojal;
pronto,
cuando quiera mandar todo a la mierda
abandonar el crédito del banco de la risa,
las angustias
o las cosas que no sé solucionar;
cuando me espere un coche cama
y un estuche de madera,
cuando mire y no haya luna llena
que me quiera iluminar,

pronto,
las cosas que se agitan como fieras
acá,
acá
y acá
ya no me van a molestar.

vereda

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , el 29 octubre, 2009 por nene

vereda

algunas veces
(no te voy a engañar)
yo paso por tu casa
y juego a imaginarme
que salís por la ventana
y sonreís sin hablar.
algunas veces me equivoco,
o me olvido que vos ya me olvidaste
y voy caminando despacito,
comiéndome centímetro
a centímetro las baldosas
y los pasos que doy por la vereda
hasta llegar justo debajo
de donde está, abierta
como un mundo tu ventana.
y no salís.

sos vos la que no está.

cuando llego a la esquina
me doy vuelta,
esperando que las cosas,
todo lo que imagino
se haga realidad.
y vos nunca salís.
no veo ni siquiera
tu sombra moverse
detrás de las cortinas
o dentro de la casa.
no veo a tu gato, ni escucho
esa música de mierda
que escuchás y es raro;
tampoco puedo sentir nada.
dolor, angustia o lágrimas.
no puedo sentir nada.

sos vos la que no está.

yo creo que los días,
las horas,
las semanas
me dejaron de lado como siempre.
yo creo que la gente
tiene razón cuando me dice
que la memoria termina
por matar a los más débiles,
y entonces miro el piso,
las baldosas,
la vereda de tu casa.
y me voy sin escuchar,
sin sentir cosas bonitas.
me voy sin decir nada.
y creo que vos nunca estuviste.

sos vos la que no está.

Lo mal que

Publicado en Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , el 29 octubre, 2009 por nene

no signal

Ahí viene la tipita, el amor peor de las noches y los días que curto entre gincitos y cigarritos mal armados, trayendo la internet y los cables en la testa; los kleenex en un bolso más negro que la mierda.
Es la súper gata flora run run que ronronea y que te saca la felicidad y la mierda hasta por los poros. No actúa más por puro instinto. Es de campeonato la minita, razonando el sentimiento mientras suelta argollitas con el humo de un jockey suave largo, matando el tiempo media hora o cuatro años hasta que ya se ha hecho mediodía y tiene que volver a laburar.
Ahí viene la tipita y toca el timbre.
Vende guitarras y amplificadores traídos por izquierda de algún lado, enfoca sus antenas a los negocios turbios que hace con su jefe, y si le das de dos a mil jack daniels, hasta es capaz de arrodillarse y emborracharse de amor, mirándote a los ojos, sin dejarte de chupar.
Ya no tiene ni una puta esperanza. Ya no más.

Y mientras tanto, lo mal que nos caen los besos a los dos.

Otra es la estudiante secundaria, fija en la nocturna del IPEM (no sé cuánto, no sé dónde) desde hace años, ratita escuálida que trae dos puntos de liquid paper en el naso y un voleo en el mate que hay que ver las boludeces que me dice.
Llega y habla al pedo un cuarto de hora y al toque pasa al baño. Lo que hace en el baño es un misterio que no voy a develar. Y si la ves al salir ya es otra cosa, un monstruo chupa chup que no te deja en paz y te derriba; cuarenta kilos mal comidos sobre ochenta y la imposibilidad de mover un puto dedo.
Esta pide coca cola, y se va cagando a no sé dónde: llega tarde y no la voy a acompañar.

Y mientras tanto, lo mal que nos caen los besos a los dos.

La de psicología ya es un caso. Porta un super mambo y las ideas no terminan de formarse cuando bate alguna frase. Se atropella a sí misma con las cosas que piensa y que me dice. Parece estar de merca todo el tiempo, aunque no creo. Una nena biang, cogiéndose a un boludo que le ha tirado un par de cuentos de Bukowski de regalo. Trae siempre un malbec muy trade mark. Trae sus juguetes, también, la pendejita.
Así va mi amor?, me dice, atándose un jamón entre las piernas.
Y cuando termina (por suerte!) de jugar con ella misma, también se me arrodilla y se suicida, con el caño entre los dientes.
Por suerte no me muerde.

Y mientras tanto, lo mal que nos caen los besos a los dos.

La estatal es mi tortura. Diez años en la Muni y tiene un piro diferente,  interesante. Paranoiquea con quedarse sin laburo todo el tiempo, y al mismo tiempo sueña mucha guita y con ponerse un bar más adelante.
Sillas, dicroicas, cerveza tibia, maníes rancios, papas húmedas.
No te puede ofrecer mucho más, con lo que ofrece.
Llega y hace su cirquito. Y hasta a veces se me queda dormida entre las piernas.
La dejo ahí, después de nada más, y me voy a dormir al suelo como un perro.
Tal vez me gusta y me enamoro.
Tal vez, he dicho.

Ya no sé. Yo ya no pido naipes ganadores.

Y mientras tanto, lo mal que nos caen los besos a los dos.
Lo mal que nos caen los besos a todos.
Mientras tanto, lo mucho mucho mucho que nos viene doliendo el amor.

Humahuaca

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , el 24 octubre, 2009 por nene

pucará de tilcara

A “La Capitana”, mi amiga
Daniela Todarelli,
que se dejó tocar “la alma”
por los duendes en el norte.

Lo has visto al duende de Humahuaca?
Te ha mostrao los siglos
que ha tenío siempre adentro?
Le has visto las arrugas en las manos?
Te ha parecío que era una sombra
de lo que no has podío mirar?
Esa es la inocencia?
Los olvidaditos nuestros?
Los doliditos del olvido?
Los machaditos del tantanakuy?
La sangrecita norteña?
Las alforjas que se llenan de naditas?
Los hermosos días idos?
Quiénes son esos,
los que te han venío a saludar?

Apretáles el alma con cuentitos verdaderos
de pueblos grandes y de bloques de cemento;
hacéles conocer esas cositas
que ellos creen que no existen,
mostráles fotos de avioncitos y barquitos,
pedíles suertita pa’ volver hasta Tilcara
y que la Garganta del Diablo no te tiente.
Van a dejar que te vayás tranquila.
Con la mirada nomás te van a hablar.

Ya te vas a ir en paz.
Ya van a ser ese tesoro
desde ahorita mismo pue,
en tu grande alma.

Ellos te han mostrao esas cositas
que no vas a encontrar nunca dándole la vuelta
a los edificios fieros
que se han amontonao en Buenos Aires;
cielitos chuyos, cablecitos,
miles de autitos y gentita que se aprieta,
angelitos de piedra en tumbas; cementerios
que no van casi nunca a visitar.
Qué tendrán esos muertitos de ellos
tan que no se parecen a los nuestros, no?
Qué tendrán esos muertitos de ellos
que parecen bañaditos de siemprura,
llenitos todos de mucha eternidad?

Qué tendrán los cementerios
olvidados en el Norte, no?

Qué tendrá eso que siempre se olvidamo’?
Qué tendrá el respeto, que siempre se olvidamo’?
Qué tendrá el amor, que siempre se olvidamo’?
Y qué tendrá esa gente de Humahuaca
que te ha atravesao como una flecha
que te ha quemao como un fuego
y que no vas a olvidar jamás,
no?

lo que nos falta

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Música, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , el 20 octubre, 2009 por nene

lágrimas

nos falta vernos, che culiado
para hablar de las ausencias,
y de las cosas que no pasan,
para tirar a la mierda los mandatos,
los rezos, los castigos, las sotanas,
para hablar de lo que no hace falta,
para ver que entre nosotros dos nada cambió.
nos falta vernos, che culiado
para secar la transpiración
de mil cervezas bien heladas
para hablar de dioses que no existen,
y de los todos y las nadas,
de las mitologías
y de la historia de los tiempos
y mezclarla con otras de putas y de trampas
y sorber de a cachos los días que no estuve
porque escapé de casa
sin tener la gentileza de saber decirte adiós.

y los saludos a Latinoamérica
hecha miedo, envuelta en llamas,
silbando Danza Llajta?
y el duende del Domingo,
calentando a las pendejas y a las viejas
con voz grave y canciones románticas?
y los viajes a Tilcara y los vinos
y las treinta docenas de empanadas?
dale, gordo hijo de puta
no te vayas, cambiáme la semana;
sabés que si te vas,
el que va a estar más sólo que la una
no va a ser nadie más que yo.

again and again and again

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Shéneral el 19 octubre, 2009 por nene

nadasoy

de nuevo
los días forman
piedras densas,
piezas que se unen
llenas de humedad,
abiertas a la nada,
móviles a voluntad.

de nuevo
los disparos,
los rehenes,
la medicina amarga,
las recompensas,
la cocción, a fuego lento
de mi alma,
la perdición,
la suciedad,
la oscuridad.

de nuevo
esto que soy
y lo que vivo,
en vuelo rasante
por las cosas que no digo,
lo que puedo sentir,
lo que me mata,
las horas muertas,
la traición.
la misma vieja y puta soledad.

retro

Publicado en Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el 13 octubre, 2009 por nene

setca

-Y qué más?- me pregunta la loquera, apenas bajo la cabeza y empiezo a mirarme la punta de las zapatillas.
-Cómo que ‘qué más’?-
-Claro…no tenés nada más para contarme? No recordás nada más?-

Acabo de tener otro intenso retorno hacia los días infelices de mi vida, hacia los días de mi infancia. He recordado cuadro por cuadro, como si fuera un película ralentada o un disco de vinilo en 33 r.p.m. los golpes de mis compañeritos en la escuela, las psicopateadas de las maestras, haciéndome mierda, dejándome en el horno, marcándome con los sobrenombres más diversos; el bullying eterno en el colegio, y en la lleca el no poder comunicarme con otros pibes de mi edad.
Las escenas en mi casa, mis padres, siempre mis padres, tan ajenos, tan extraños mis padres; el querer siempre estar en otro lado y no en ese, el querer estar lejos de ahí. Lejos. En otro lugar.
A la mierda con mis padres.
A la mierda con mi casa, con mi barrio y mi ciudad.

Acabo de acordarme de cuando me dejaba atropellar por los autos en la calle, simulando que iba leyendo al cruzar, de las veces que me tiré del techo o la escalera simulando ser súperman o un ninja, (mejor dicho queriendo ser súperman o un ninja), o de aquellas en que me dejaba golpear por alguien, cualquiera, el que fuera, el que quisiera, al que le diera la gana, aguantando el dolor a pura lágrima porque mi educación rígida, ultraconservadora, ultrareligiosa, ultramoral no me dejaba salirme ni un cachito así de la línea enferma y puta por la cual me habían puesto a caminar.

Y esta pelotuda me pregunta si no me acuerdo de algo más?

Ah, sí. Quisiera decirle que sí, que me acuerdo de los “no podés, no llegás, no alcanzás, no vas a poder terminar, te tienen que ayudar” con que me marcaban mis maestros, mis amigos, todos mis compañeros, mi familia misma a veces, pero intuyo que sería alargar la charla al pedo.
Son casi las en punto, y la hora que pautamos ya se está por terminar.
Piola, la loquera. En la primera sesión me dió su número de teléfono, para que la llame sin dudar, en cuanto sienta que tengo algo que decirle, algo que tenga que decirle y que me haga sentir mal.

O sea, todos los días del Señor, y a la hora menos indicada. Y desde cualquier lugar.

A quién se le ocurre venir a preguntarme acerca de las cosas que me pasan?
Ni siquiera me dan ganas de hablar conmigo mismo de esos temas.
A quién se le ocurre?
Lo único que queda es desviar la vista hacia la ventana y aguantar un rato más.
Lo único que queda es esperar a que se pase la hora y rajar.
Encima esta boluda que me mira fijo, esperando que dé alguna respuesta a sus preguntas de psicóloga de mierda; encima los recuerdos que son un doble bombo, heavy metal allá arriba, en mi cabeza.
-”Prefiero hablar estos temas con alguien que de verdad me quiera”- me repito a mí mismo, en silencio.
Y vuelvo la cabeza, a la punta de las zapas.
No se oye el más mínimo ruidito. La puedo escuchar respirar.

Ahí vienen más.
Son muchas esas cosas que se vienen a la frente y que tengo que pensar y procesar. Las veces que oía a mis padres discutir por historias mal paridas de polleras, el día que supe que no era un hijo único, y que mi hermano había venido al mundo el mismo día, pero en otro lugar y que por él, papá no había ido a verme salir de la concha de mamá. La desesperación que sentía al escucharlos gritar, las ganas que tenía de volar, de irme lejos, más allá, más y más allá.
La primera vez que robé los clonazepam de mi madre y lo bien que me sentí ése día. Las palizas precisas y la ausencia eterna ausencia de mi ¿padre?; los reproches, el asilo, los castigos recurrentes, los que tengo marcados a fuego lento aquí en la piel: “al baño y sin luz. y que te coman los fantasmas” o “de rodillas una hora y a rezar”. El pensar que la historia de mi vida era digna de ser contada en la Rolling o en la Time.

Cómo olvidarme, no?
Cómo mierda hacer para olvidar.

Ya no quiero negociar con mi pasado para ver si me deja andar tranquilo un par de meses. Ya no quiero tener esa pobre imagen de mí mismo.
Ya no quiero nada más.
Pero cómo mierda hacer para olvidarme?
Olvidar es ‘no acordarse nunca más’. No patear la pus que tenés en las tripas otro añito. No patear lo que tenés para decir hasta que ya no puedas dar un puto paso más.
Y sin embargo ahí estoy, mirándome otra vez las zapatillas, callado, haciendo tiempo hasta que sean las en punto y me pueda levantar y peguntarle a la loquera “lo de siempre?” y pagarle ahí nomás y mandarme a mudar.
Y si embargo ahí estoy, una vez más.
Haciendo trampas al nene que no fui. Poniéndole la traba cuando pasa corriendo a jugar.

-Lo dejamos acá y me contás la próxima?- me dice finalmente.

Le digo que sí moviendo la cabeza, sin poder mirarla, con una vergüenza de la puta madre. Pero queriendo darle un beso, por el pido gancho que me acaba de regalar.
Le alcanzo el dinero, a la cafiola de la angustia, y me voy hasta la próxima.

Y salgo a la calle a caminar.
LLueve. Mirá vos qué linda cosa.

(Creo que en una esquina casi me atropella un auto, pero no recuerdo bien, no estoy seguro. Y tampoco recuerdo en qué color se había puesto el semáforo cuando yo estaba por cruzar.)

19:45

Publicado en 1, El mismo verso, Lo siento, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el 11 octubre, 2009 por nene

planta de interior

“siento” las plantas
crecer en la terraza,
mientras escucho música china
a un volumen muy bajito,
y doy cuenta de un gin tonic,
sentado en una reposera
con los ojos bien cerrados.

adónde estoy?
adónde he ido yo?

a veces, extraño a aquel que fui;
ése,
el de las pensiones sucias
y los días malos.
a veces me extraño.
algo pasa;
lo estoy sintiendo aquí,
dentro de mí.
definitivamente,
algo raro está pasando.

me asusta
la tranquilidad inmensa que me dieron,
que me han regalado,
con la que fui premiado.
me asustan las grietas
que cicatrizan en el cielo,
y también las luces,
que encienden la vida en la ciudad.
me asusta lo que soy,
esta felicidad que tengo de ser yo
pero ya no.
esta felicidad de estar cambiando.

y poco a poco, el sol se esconde.
y poco a poco, la luz desaparece.
y poco a poco lo que fui,
lo oscuro y triste que yo soy
se termina, no está más,
se va apagando.

Los Lombroso

Publicado en Lo siento, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , el 8 octubre, 2009 por nene

cesar lombroso

 

En los vagabundos adviértese la carencia de
caracteres físicos (como senos frontales, mandíbulas
voluminosas),
que pudieran tomarse
como signos de energía y la presencia, por el
contrario, de otras anomalías (las hernias, por
ejemplo),
reveladoras de debilidad física y moral.

“Los Criminales” – Césare Lombroso – 1876

 

Andá a caminar por Duarte Quirós a las 5 de la tarde de un día de semana si, por causa o maldición del azar o de tu vieja, se te ha ocurrido nacer con piel oscura, ser bolitaperucaparaguayo, o tenés el labio inferior un poquitito prominente, o ropa vieja, o estás sucio, o por casualidad andás sin documento o tenés el mal orto de vivir en Las Violetas o Los Álamos…!
Ellos siempre están ahí, y en el mismísimo momento en que te sentís tranquilo, seguro y bien cuidado se te viene encima la jauría de pitufos, la jauría de no sé quiénes, no sé cuándo y las manos contra el movil, y qué andás haciendo por aquí y ésas zapatillas, adónde las compraste y vení conmigo y a comerse el viaje de una noche de placer al paraíso, botas, gritos, risas y “efectos personales extraviados”.

Los azules siempre están.
Andá sabiendo: esos señores que han pasado a cada rato por tu casa, si estuviste sentado en la vereda, no es que anden de paseo.
En realidad, te están fichando.
Ellos son los dueños verdaderos, de ellos es tu de-ene-i , los cordones de tus zapas, tus muñecas, la poca dignidad que te ha ido quedando.
Al caer y rodearte, como rodean las hienas rodean un cadáver que se pudre, comienzan las preguntas de rutina, las sonrisas cínicas, las forreadas, los malos tratos. 
Si estás parado contra el móvil y sentís que se te hiela hasta el upite y las gambas te están temblando, ni se te ocurra confesarlo. No hay nada más cómico para ellos, libres portadores de juguetes caros, que un pibito que se mea de miedo en una esquina.
No hay nada que les cause más placer que “jugarse la vida” contra un pibito al que forrean porque está sentado en el cordón de la vereda, tranquilo, fumando.

Y preparáte si por casualidad querés saber qué has hecho, de qué te están acusando!
Es un insulto, un desafío a la autoridad que representan, una burla, un agravio!
Ese es el pase directo a un viaje a lo inesperado. Resolvélo en la Primera o en la Cuarta, en Nueva Córdoba, y después, sin escalas, directo a la Alcaidía, a doscientos mil kilómetros de casa y sin nadie que te ayude.
Resolvélo vos solito contra el mundo. A lo macho.

Y desconfiá del que la juega de buenito. Ése es el que se queda con tus cosas, las monedas, los cospeles, los puchos. Y si entraste con algo de valor, alpiste. Ya te podés ir olvidando.
El buenito es el que te dice que podría ser peor, que qué suerte que tenés que no fuiste directo a leonera, con violetas, pungas, chorros de caño. Y cuando entrés en confianza dejá eso acá yo te lo cuido hasta que vuelvas, te lo entrego cuando salgas, andá tranquilo, ñato.
Olvidáte.
El buenito es el peor bicho de ahí adentro. Porque no tiene ni pelotas. Está ahí porque nunca tuvo aguante.
Seguro que lo pasan. Seguro que la mujer tiene otro guaso.

Y si te pudiste bancar pasar la noche entera entre olor a mierda, meos, vaguitos que gritan cagándose de risa, si te bancaste el cagazo de lo que has vivido y salís para contarlo, que no se te ocurra hacer demanda, que no se te ocurra recordar el nombre de los que te levantaron!
Ese es el abono gratis para todo el año, la suscripción al club nocturno azul, la ficha de inscripción, el pase inmediato.

Asi que mejor esperá que cambie la historieta, que se muden o que asciendan, o los trasladen a otro barrio.
Y tranqui. Olvidáte, hasta que a otro se le dé por preguntarte por qué no sos tan rubio, por qué no has ido al trabajo o a la escuela. Por qué no estás tan bien vestido ni arreglado.

Si leíste esto y todavía no viviste lo que digo, te aconsejo que camines con cuidado.
Si te parece que esto ha sido como un puto dèja vú, yo te saludo:

“Bienvenido al Club de Don Lombroso”

Y buena suerte, chango.

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