ya no te voy a mentir; cuando me hago el boludo en tu casa y te pregunto si puedo entrar a ducharme con vos, es que en realidad tengo ganas de cogerte y no que se dé siempre por casualidad.
yo no sé si vos te harás la pelotuda o te patina la cabeza y no te da, pero ningún chico se mete a la ducha con una mujer si no es para ponerla. a lo mejor te hacés la santa y no me vas a decir nunca que en relidad te encanta cuando levanto tu gamba con mi brazo y te la mando a guardar; sabés de sobra que me doy cuenta de que si cerrás los ojos y abrís apenas la boca, mostrando los dientes es porque te duele.
entonces, si te duele…cómo te puede gustar?
te confieso que una de las únicas cosas que disfruto es mirar el agua corriendo entre tus tetas; las esponjas, las sales y las pelotudeces que guardás en el botiquín me causan risa. bah, tu departamento todo es un compendio de pelotudeces de adolescente de dieciséis que me da risa, pero nunca te lo digo y siempre te perdono porque me gusta oirte hablar y porque sé que aunque tengas esa cosa de aniñada sos en realidad una hija de mil putas.
y yo amo a las hijas de mil putas, te lo digo de verdad.
así es que al final voy a terminar pensando que es real cuando me mirás fijo y me decís que lo estoy haciendo bien, y que te gusta entrecerrar los ojos y esperar la muerte en frasco chico, el instante ése en que se te aflojan las piernas y tengo que hacer el doble de fuerza con el brazo derecho, apenas agarrando tu gamba izquierda para sostenerte. de pronto, un temblor a la altura de tu vientre. otro temblor y otro temblor más y tu pierna derecha, que parece que se afloja. vos mordiéndote el labio inferior y susurrando apenas “aaaaaaaa…aaaaaaa….aaaaaa…!” con la boca abierta y redonda como una manzana. “ah, estás lista, guachina…” es lo que siempre digo en susurros para mí. y entonces te doy más.
ahora que lo pienso, no me gusta cuando te pónés a gritar y parece que te estuvieran matando o cagándote a trompadas. eso me baja la líbido, porque en realidad soy muy pudoroso con esta clase de cuestiones, y vivo pensando en los vecinos que tenés; los viejitos esos que parecen japoneses y que siempre que te toco abren apenas la puerta y me espían como si fuera un cobrador que te viene a pelar.
me gustan los viejitos japoneses que viven en tu piso.
me gustaría charlar un rato con ellos algún día, antes de pasarte a visitar.
pero bueno, eso. que soy más pudoroso que la mierda con todo lo que tenga que ver con garchar.
yo no sé si es la educación que me dieron, más dura que la mierda; yo no sé si fue mi padre, que me cagaba a sopapos por cualquier cosa que se le ocurriera que yo estuviera haciendo mal. el caso es que le tengo muchísimo respeto al que dirán. tal vez te parece extraño. tal vez lo entiendas. tal vez me mandes a cagar.
pero me siento terrible y también me siento sucio cuando entro, me desnudo y me meto con vos a la bañera. siento que algo no funciona como debería funcionar. y cuando comenzás a decirme porquerías me siento horrible. que te pervierto (como si no supiera yo, los peregrinos que pasaron por tu puerta!) y que estoy haciendo todo mal.
como cuando abrís la boca y te sale decir “más más más” como si fuera el último día de tu vida.
me siento sucio de verdad. me siento horrible. me gustaría saber…vos, en qué pensás?
y de verdad verdad, decíme si te hacés la pelotuda o te patina la cabeza y no te da. porque ninguna chica le permite al chico que anda con ella entrar hasta la ducha para bañarse y nada más. quiero decir, boluda, ya sé que te re encanta sentirla y decirme que lo estoy haciendo bien, pero me enferma que no lo aceptés de entrada y me digas “metéte a la ducha conmigo que tengo ganas de garchar”.
y te repito, me encantaría saber si en realidad te hacés la pelotuda o en realidad es que no te da.
a veces siento que podría quedarme con vos y envejecer como dios manda; y es que vos me levantás la autoestima a rabiar.
quiero decir, vos y yo nos llevamos más que bien, en todos los aspectos… pero yo no sé si me voy a volver a enamorar.
yo te lo confieso: extraño despertar al lado de alguien y verla despeinada. olerle el primer aliento a la mañana; el PH por las nubes y los pelos como loca. eso me haría feliz, si se diera una vez más. pero es raro. al mismo tiempo sé que voy a extrañar mi soledad. tomar agua del pico de la botella, prender un cigarrillo a la hora del almuerzo cuando la comida recién la estoy terminando de preparar.
eso. fumar mientras cocino.
y dejar parvas de ropa sin lavar hasta que un día tenga ganas, o entrar y sentarme a mirar a las paredes sin hablar. las obras de mozart o de bach a la siesta, mientras duermo, o el pan que pido blanco blanco en la panadería.
mi gato. los libros. las cartas acumulo y sé que jamás voy a enviar.
así que mejor seguimos así como estamos, que yo sé que a vos te gusta y que a mí me gusta también. que el territorio en donde los dos dejamos los resabios de pudor que nos envuelven es el baño de tu depto. que te gusta poner la gamba izquierda en mi brazo derecho y que adorás decirme “papi lindo” y decirme que la tengo grande grande y que te gusta cuando te la mando a…
mierda. me acabo de acordar.
yo estaba enamorado de la que no dejaba entrar a nadie al baño. de la que no dejaba que nadie viera sus estrías ni sus tetas, hechas mierda como dos uvas pasas.
yo podía mejor con ella, aunque me decía que tengo pito corto.
yo podía mejor con ella, aunque se ha ido de mi vida y sé que ya no va a estar más.
me siento horrible, boluda. perdonáme.
querés que la cortemos acá?






