Archivos para marzo, 2010

EPEC (encontraron posible embaucar cordobeses)

Publicado en 1, El mismo verso, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , el 20 marzo, 2010 por nene

Que los “señores” de EPEC hayan facturado boletas con incrementos de hasta el 1000%…no debería parecernos demasiado?
Sólo están viendo cómo “recuperar” lo que tienen que descontar por los cortes de febrero, o la idea es “recuperar y rasguñar un poquito más”?
Se creerán que somos TAN boludos?

Digo…

emepetreses IV

Publicado en Música, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , el 10 marzo, 2010 por nene

Digo yo…no habrá nadie que les diga a estos orgullosos propietarios de celulares última generación, con 1.300.000.000 de terabytes de almacenamiento, camaritas y su puta madre pero con sonido digital que se asemeja bastante a un golpe en la cabeza con una puta pala…por ventura, no habrá NADIE que les explique que el resto de las personas que viajan en el bondi NO TIENE GANAS de escuchar sus reggetones (o como mierda sea que se escribe), sus hip hops, sus cuartetos ni sus cumbias?
Se imaginarán acaso que las contadas veces que ando por la calle no estoy del mínimo ánimo como para escuchar sus estridencias mal ecualizadas, de parlantitos pedorros que me revientan los oídos (y las bolas)?

REALMENTE les gustará a ellos mismos el ruido inentendible que sale de esos aparatejos?
Chi lo sá.

(ya sé; me estoy volviendo un viejo choto. Pero bueh.)

perejil

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , el 5 marzo, 2010 por nene

(a R.O.T.)

entonces
los olvidados,
los desaparecidos que sí están
pero son (o no son en realidad)
muertos que respiran y caminan;
entonces los malditos,
los ángeles caídos, los caínes fratricidas,
los que han sido condenados,
los del signo por los siglos de los siglos,
los de los bolsillos flacos de la melancolía,
los poetas, los músicos, los que desenmascaran
las mentiras con mentiras.
los de la falta de una oportunidad.

entonces
los encarcelados,
los que purgan penas
que deberían ser ajenas,
los del hambre impuesto,
los de los silencios que queman;
entonces los otros, los que están
y son vacíos que no se pueden completar
los que son recuerdos, los de las camas vacías,
los de las lágrimas sin precio,
los de las noches sin fin,
los de las tristezas ciertas.

entonces los desaparecidos.
y cerca,
los dueños de su libertad.

Microrelatos

Publicado en Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , el 3 marzo, 2010 por nene

1-
El Pupo sacó la pija de la boca de la mina. Inmediatamente le vino una náusea que lo hizo cerrar los ojos y retroceder un par de pasos. Es que la mina había erutado, y eso al Pupo le dió un asco tremendo.
Dos pasos para atrás. Dos pasos para adelante.
Paf!
-Qué te pasa, che la concha’e tu madre…!-, fue la pregunta después del cachetazo.
La chica no reaccionó.
Presa de la alucinación estúpida del paco, estaba en otra historia, en otro mundo, y a lo mejor ni se había enterado que se la estaba chupando a su propio hermano.

2-
Después de revisar los bolsillos del tipo pudo levantar la vista y mirar lo que acababa de hacer.
Era su primer asalto, y en su primer asalto le había destrozado la cabeza con una pala a un desconocido. Recién entonces pudo darse cuenta del baile en el que había entrado.
El asunto de la muerte
Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.

3-
Sintió un vértigo tremendo cuando el niño salió corriendo. Ahora estaba en peligro. Si el niño alcanzaba a decir algo, una mínima cosa, estaría perdido. No quedaba otra cosa que esperar. Rezar y esperar.
Una semana.
Dos.
Y la duda profunda, molesta y aterradora de si vendrían por fin o no a buscarlo.
Finalmente asumió que el niño había echado todo al olvido.
No importaba. Ya vendrían otros.

Ese Domingo, en la misa, dió uno de sus mejores sermones acerca de lo sagrado de la infancia.

4-
Dijo que sí, y se vino conmigo.
Al entrar, dejó la camperita colgada en una silla y se sacó las sandalias en el living, para andar más cómoda.
Era linda. Era rubia.
Su pelo caía sobre sus hombros…no, no, no; su pelo se “depositaba suavemente” sobre sus hombros, como en esas propagandas de shampoo.
Era linda. Linda linda linda.
Comimos y vimos películas viejas. Fumamos marihuana, hicimos el amor y tomamos un par de tragos a la salud de su marido.
No sé si después me dormí o me desmayé. No sé si me golpeó con algo en la cabeza.
Al abrir los ojos, mi casa era un quilombo, y ya intuía yo que no quedaría nada de valor en los cajones.
Hija de puta. Yo estaba casi casi enamorado.
En la silla quedó su camperita.
De vez en cuando me acerco y huelo su perfume.

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