Archivos para septiembre, 2010

esos raros tufillos raros…

Publicado en Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , el 30 septiembre, 2010 por nene

Ahora se supo que la Intendencia de la Ciudad de Córdoba mandó a imprimir la gigantografía alusiva al bicentenario por contratación directa.
El Tribunal de Cuentas pone el grito en el cielo y los periodistas salen a buscar a alguien que dé una explicación acerca de lo sucedido.
Consultados acerca de la omisión, voceros de la gestión del intendente Giacomino dicen muy sueltos de cuerpo: “La licitación no se llevó a cabo DEBIDO A LO IMPREVISTO de la llegada del bicentenario”. (?)

No hay tufillo a negociado, en la Municipalidad de Córdoba. Pero al tufillo que hay, lo conozco de algún lado.

segunda vista

Publicado en El mismo verso, Música, Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , el 27 septiembre, 2010 por nene

aflojá.
dejá que te confundan en sus modas,
dales tu sonrisa mejor,
la de kolynos,
tu felicidad barata de wal mart
y posá para la foto.
escupí esos virus,
la impronta de la muerte,
la muerte de la vida
sobre el pliegue de tu codo;
cada cosa en su lugar,
cada lugar en esas cosas que te faltan,
y a cada rato volver la vista atrás
para ver si hay algo que olvidás,
o si tal vez perdiste todo.
salí
y respirá toda la mierda de la calle,
caminá como mejor te sale,
mirando sin mirar,
a lo ciego y a lo bobo.
olvidáte de tus transas
que no las vas a precisar.
de qué me vas a hablar?
y qué vas a mentir?
te pensás que yo no las conozco?
decíme,
es verdad lo que te pasa?
es tanto lo que pesa?
y qué es lo que sentís en realidad?
son más amargos, más fuleros
estos días de extrañar
que aquellos otros?
y me podés decir
qué mierda es eso que extrañás?
una calle, una avenida,
la plaza, la tarde,
alguien que cruza,
te sonríe
y después desaparece
de tu vida así, sin más?

Rarezas peatonales

Publicado en Otras cosas, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , el 14 septiembre, 2010 por nene

Como saben algunos de los que me conocen en la vida real, o al menos tienen la amabilidad de leer seguido este blog que administro, no suelo disfrutar mucho del hecho de caminar por la calle. Al ser un tanto friki, me aterra el hecho de andar por el centro de la ciudad (cualquiera sea la ciudad en la que me encuentre) y mucho más me aterra el hecho de ver esa marea de gente, que parece que se te viene encima a romperte el culo a asesinarte, o a quién sabe qué cosa que estén tramando en sus locas cabecitas.
Caminar por peatonales o veredas atestadas de gente siempre ha sido un suplicio para mí, la verdad. Pero como tengo algunas cuestiones que aprender a resolver por mí mismo, sucede que hoy salí solo a la tarde, justamente caminando por el centro de Córdoba.
Era de esperarse: La gente no ha cambiado en lo más mínimo.
Todo el mundo parece estar muy apurado y ansioso, y llegó un punto en que pensé si no irían a cagarme a trompadas para hacerse un lugar para pasar. Afortunadamente, llevaba los auriculares puestos, y los emepetreses que había cargado en el cosito (como le dice un amigo al mp3) me distrajeron de mirar todo ese océano de pies, manos, culos, tetas, cabezas, torsos y miradas feroces que parecía que me iban a pasar por encima.
Lo que más me sorprendió son los comportamientos en común que tienen los peatones. Patrones de comportamiento que ya he advertido en otras ocasiones y que hoy he sufrido podido constatar una vez más.
Y para demostrárselos a ustedes, me he armado de paciencia y he hecho un par de esquemitas muy un tanto precarios (cosa que ustedes sabrán disculpar) y que inmediatamente paso a explicar:

Comportamiento N*1:

“Pareja de señores mayores que exigen respeto de parte de mocosos maleducados como uno”
No tengo nada en particular con los viejos; de hecho, suelo llevarme mejor con ellos que con la gente de mi edad. Pero ciertas personas de edad creen que respeto significa dejarlos hacer lo que les venga en gana. En la vereda, esta clase de personas parece no verte, y cuando te apartás educadamente de su camino para dejarlos pasar (generalmente van en pareja, conversando), se sueltan del brazo (también suelen ir agarrados del brazo), se separan y abarcan toda la acera, en cuyo caso, el boludo maleducado (yo), tiene que bajar al cordón cuneta para no chocarselos.
No veo la hora de llegar a viejo para hacer lo que se me salga de los huevos.
(ver esquemas 1 y 2)

Esquema N*1


En donde
1 es la vereda.
2 es el cordón cuneta.
A es la pareja de personas de edad y su trayecto.
…y finalmente B es el boludo que escribe esto y el trayecto original que llevaba.

Esquema N*2


En donde la pareja de personas de edad ya se ha percatado de la presencia del boludo (yo) y se separan. Abarcan toda la vereda, por lo que el boludo (yo) baja al cordón cuneta y sigue su trayecto tratando de no chocarlos con el hombro.

Comportamiento N*2:

“La boluda que perdió al marido”
Es común encontrarte con este personaje. La típica abombada (o abombado) que perdió a su acompañante, llámese marido, pareja, amigo/a, hijo/a, y no se da cuenta que éste/a ya llegó a su casa y se está tomando una coquita con un bruto sánguche de miga.
Camina mirando hacia atrás, y al mirar hacia atrás, pierde la orientación y la noción de lo que pasa adelante (que es adonde tendría que ir mirando), por lo que su trayecto se convierte en un zig-zag que obliga a quien viene de frente a:
A- Esperar que la boluda (o el boludo) pase y continuar con el trayecto.
B- Optar (como hago yo) por bajarse al cordón cuneta para que pase tranquila la boluda (o el boludo).
(ver esquema 3)

Esquema N*3


En donde
1 y 2 continúan siendo la vereda y el cordón cuneta, rspectivamente,
A es la boluda (o el boludo) que perdió al acompañante
y finalmente B es el boludo que escribe y que nuevamente opta por bajar al cordón cuneta.

Comportamiento N*3

“Las boludas de frente”
Generalmente son dos chicas que caminan sin agarrarse del brazo ni nada por el estilo, y generalmente ya vienen ocupando toda la acera. Su andar es decididamente lento (hacen tiempo para chusmear mientras van camino a casa de alguna de las dos) y es común que lleven los brazos cruzados. Siempre pienso que están enojadas, porque en la mayoría de los casos van con cara de culo y fingen no verte.
A veces pienso que me convendría agitar los brazos como un pollo asustado agita las alas, como para que se percaten de que algo viene en sentido contrario, pero tengo mucho miedo de que me metan en cana, o en el peor de los casos, en el neuropsiquiátrico.
(ver esquema 4)

Esquema N*4


En donde el sujeto B (yo) decide evitar puteadas por chocarlas con el hombro, y para ello vuelve a bajar al cordón cuneta, no sin antes retroceder un par de pasos (sin agitar los brazos como un pollo asustado, desde luego).

Comportamiento N* 4

“La feroz indiada”
Es la más común, aunque no por esto la menos peligrosa. Se trata de adolescentes que salen del colegio o se ratearon a alguna hora y van camino a alguna plaza a echarse a tomar sol, gritar como animales a punto de ser carneados, tomar coca y eructar lo más sonoramente posible y decir obscenidades que no alcanzo a comprender.
La verdad, es increíble lo rápido que aprenden los pendejos de hoy en día a eructar de forma sonora y a encontrar nuevos sustantivos para las palabras “teta”, “culo”, pito y “concha”.
(ver esquema 5)

Esquema N*5


Acá, el sujeto B (o sea yo) opta por huir despavorido y correr por la calle hasta la esquina, evitando así ser aplastado por el malón (A), que ha ocupado toda la vereda (y a veces hasta el cordón cuneta) desde el punto de partida y no cambiará su distribución hasta llegar a destino.
Estos especímenes vienen generalmente de hogares clase media o media alta, en donde prima la libre educación. Esto equivale a decir que los padres suelen mandarlos a la calle con un sólo consejo acerca de cómo conducirse en sociedad: “Vos hacé lo que se te cante. Las multas las pago yo después. Y en unos años me ocupo de pagarte un buen abogado”

Comportamiento N*5

“Extraña curvatura de los cuerpos”
Este es el último de los comportamientos a los que me ha tocado asistir hoy, y al mismo tiempo, el más extraño de todos.
Se trata de una persona que viene detrás de uno, generalmente caminando con cierta prisa, y en mi caso, una mujer (lo pude percibir por el ruido de los tacos). Esta mujer pretende entrar a un edificio. Como yo camino del lado de la pared y ella está lo suficientemente apurada como para NO esperar a que yo continúe mi camino (y eso que yo caminaba con cierta rapidez), su cuerpo realiza una finta imposible, un excelso quiebre de cintura para adelantarse, rodearme por delante y desaparecer en el edificio al que quería acceder, no sin antes cerrar la puerta con cierta violencia.
(ver esquemas 6 y 7)

Esquema N*6


En donde se nota a las claras que el sujeto B (yo) va caminando casi contra la pared inocentemente, sin saber lo que está por ocurrir.

Esquema N*7


Aquí, el sujeto A (la mujer apurada) ya ha realizado ese movimiento imposible, digno de un basquetbolista que ejecuta un perfecto dribbling y avanza hacia el aro con el balón en la mano.
El sujeto B (yo) ha detenido su marcha; ha sido suficiente por una tarde y decide llegar cuanto antes a su casa, hacerse un tilo, tomarse dos whiskies con 5, 6 ó 7 clonazepam, inscribirse en un curso de ikebana, comenzar tai-chi-chuan, mudarse a la concha de la lora, etc. etc. etc.

Por cierto, debo decirles que he conseguido aprender a resolver mis cuestiones fuera de casa, pero por precaución, en lo sucesivo trataré de hacerlo bien temprano por la mañana, cuando haya muy poca gente en la calle.

Y de hacerlo sin quejarme, porque es yeta.

crónica

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , el 9 septiembre, 2010 por nene

la crónica marciana
del inicio de este siglo,
de mediados de semana,
nos dice que dos piedras
de unos diez metros de largo
le pifiaron a la luna
por dos o tres pelitos
cuando iban de pasada.
la crónica pesada
de este miercoles de mierda
nos trae a la memoria
que hace veinte años, los nenitos
del poder semi feudal
le pasaban la boleta
a María Soledad, en Catamarca.
que los treinta y tres de mano
que están presos
en la panza de la tierra vieron fútbol;
dos a uno en el partido
que la roja se jugaba contra Ucrania.
que Cerati de seguro
va a tener un grammy nuevo
en la vitrina de su casa.
pero duerme
el sueño pecador de los más justos,
y ni cuenta se va a dar
cuando el puto videograph
lo anuncie en la pantalla.
que por vez primera es ley
la ley de medios,
que por vez primera es ley
que lo público sea público
y que no le pertenezca al pay per view
de una o dos empresas
monopólicas,
privadas.
que la primavera es cada vez más primavera,
que los días son más tibios,
que las noches cada vez menos heladas.

y nadie dijo
y nadie escribió nada del dolor,
del espanto o de las lágrimas.
y nadie dijo
y nadie escribió nada
de las cosas que sentí
cuando tuve que mirar aquellas fotos:
su mejilla pegada a tu mejilla.
sus ojos enfrentados a tus ojos.
su cara bien cerquita de tu cara.

la radio

Publicado en El mismo verso, Lo siento, Música, Otras cosas con etiquetas , , , , , , , , , el 8 septiembre, 2010 por nene

en la radio, a esta hora,
está sonando una canción
que es espantosa.
es a-ha,
si no le estoy pifiando,
o alguna de esas otras bandas
ochentosas,
de dos o tres éxitos
de mierda,
la estupidez sobrevaluada.
espero un minuto completito,
dos,
o tres, con cierta calma,
a que se acabe
y que la voz del locutor
que me acompaña en este lío*
vuelva a recitarse de memoria
los títulos, autores,
y también las propagandas.
mientras tanto,
juego a encender mi linternita
y a apagarla,
a iluminar el techo,
a desaparecer las sombras
y a esperar la madrugada.

siempre aquí
los mismos miedos,
los mismos sueños muertos,
los pensamientos deshechos,
las piezas de lo que algunas veces fui,
lo que quizás vaya a lograr mañana.
no pasa nada.
los ruidos que me aterran
son los mismos cada noche,
la oscuridad es igual a la que ví
la noche pasada.
las voces que escuché,
tan cerca de mi cama
ya sé que sólo están aquí,
en mi cabecita.

igual, me desespero. igual les tengo miedo.
igual me sobresaltan.

ahí volvió mi amigo, el locutor.
ahí recita de memoria
otra vez sus pedorradas.
“ah, hermano,
si yo pudiera ir hasta la radio,
cebar un par de mates,
matar al sonidista, al productor
y pasar discos de invisible,
de la velvet o black sabbath
si me dejaran entrar
a esperar que la puta oscuridad
se desvanezca y venga el día…
si me dejaran estar ahí, sin molestar
hasta que se haga de mañana…!”

 

 

 

(*Merci beaucoup, Indio Solari)

Santa Lucía

Publicado en Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral con etiquetas , , , , , , , , , , , , , el 3 septiembre, 2010 por nene

Se llamaba Lucía. Me lo había dicho en la fiesta en la que habíamos estado, pero yo había intentado sacarme ese nombre del marote, porque a decir verdad no me esperaba mucho más. Lo había anotado ella misma, en el papelito que yo guardé sin mirar en mi bolsillo de atrás.
Lucía.

“Lucy. Me llamo Lucy. Decíme Lucy, dale…”, me pedía y yo me recagaba de la risa. Para hacerle la contra, le decía “Vení acá, Santa Lucía…”  y la apretaba contra mí. El Santa Lucía era por una canción que había escuchado cuando era un nene, en un disco de mi viejo. Una canción de Roque Narvaja que él siempre cantaba cuando andaba de buen ánimo.
Y ella se vengaba: “Santa Lucía? No te puede gustar Roque Narvaja, hijo de puta. Roque Narvaja les gustaba a mis papás”, me decía, riéndose también.
Y me besaba un rato largo. Y después me miraba.
Ya casi ni necesitábamos hablar.

Era tan inocente…
Bah, los dos éramos inocentes. Yo por ejemplo, creía que ella no sabía administrar la guita. Íbamos caminando por la calle y veía algo que le llamaba la atención en las vidrieras y “perá, perá, me decía, “que ya vuelvo”, y yo sabía que había entrado a comprar eso que le gustaba.
Nunca terminaba de entender si estaba tratando con una compradora compulsiva, una mina que tapaba todo tipo de carencias afectivas con cosas materiales. Yo había leído en una revista algo de la gente con problemas emocionales, que compra y compra para satisfacer las angustias mal cogidas. Y me había convencido de eso. Incluso había sacado mi propia conclusión: La gente estaba tan necesitada de vida, la gente vivía pocas cosas  tan poco ciertas
Y tenía que inventarse sensaciones. Buenas sensaciones nuevas.
Hijos de puta; los veía en los shoppings, los veía en el super y jamás lograba adivinar una emoción real en esas caras. Ni una. Jamás podía ver una cara que expresara algo de verdad.
Es decir; estaban tristes o contentos? Mierda, estaban gastando guita! Se suponía que tenían que estar felices! Se suponía que la guita hacía la felicidad, o al menos la compraba!
Pero era extraño. No pasaba así con ella.
Ella odiaba ir al super o a los shoppings. “Me siento incómoda. La gente está inventando poses todo el tiempo, y todo el tiempo está tratando de llamarte la atención”, decía suspirando .
Y en esa, yo le daba la razón, absoluta y totalmente. En eso estábamos de acuerdo los dos. Pero igual iba. Es decir, me acompañaba. Porque adoraba comprarme hamburguesas de Burger King o de Mc Donald’s y verme devorarlas.
“Vas a terminar muerto, gordo. Sin hígado o con cáncer en el cólon. Hecho mierda. Me vas a dejar sola y no hemos llegado ni siquiera a ser novios de verdad. Y ni hablar de vivir juntos…” Y se reía.
Le gustaba verme disfrutar.
Tardé un poco en darme cuenta de que el dinero, en realidad no le importaba. Jamás había visto a alguien como ella, entrando a una rotisería a comprar un poco de comida, presa de la histeria porque en la esquina había visto a un mendigo durmiendo en un zaguán. Así de desinteresada era, ojos celestes. Así de sensible era, Santa Lucía.
Lloraba desconsolada de emoción escuchando algunas canciones de los Beatles. Lloraba mucho escuchando “Happiness is a warm gun”. Yo de inglés, no entendía un carajo. No sabía qué mierda le pasaba. Los Beatles la sensibilizaban a morir. También se ponía triste si, caminando por la calle o en una plaza, veía a a alguna madre cagando a pedos a su hijo. Y lloraba. Todo la sensibilizaba a rabiar.
“Ves? Por eso yo no quiero tener hijos. A esta hija de puta, el pibe le sirvió los tres primeros años. Ya cuando creció y dejó de ser bebé, lo educa de la peor manera que se le ocurre. Con gritos.”, me decía cuando se le pasaba la tristeza y lograba apenas violentarse. Porque juro que jamás se violentaba.
Era tan inocente…! Y yo, que no lograba descifrarla!
Era triste. Era dulce. Y a veces, también era un poquitín violenta. Casi nada, bah.
Pero yo me estaba comenzando a enamorar de verdad.
Quiero decir; hija de puta, me cagaba de gusto que fuera tan tremenda. Tan de todo el mundo, pero a la vez, apegada tanto a las cosas chiquititas que yo era.
Yo jamás iba a poder ser gran cosa para ella.
Por ejemplo, yo no lograba arreglármelas muy bien para las cosas fuera de mi casa. Me daban fobia las personas. No podía mirar a un extraño a los ojos. No lograba despegar. La gente tenía una armadura que yo no podía ni quería atravesar. Ojos celestes me decía que esos eran los más débiles, los más vulnerables.
Igual, yo prefería estar en casa. Ella me ayudaba un poco. Venía a limpiar y me ordenaba los discos, las revistas. No era muy buena en lo de limpiar pisos, y yo le decía que se dejara de joder.
“Vos harías lo mismo por mí. Si supieras hacerlo, mugriento de mierda” me contestaba entre enojada y divertida.
Y cruzaba los ojos, sacaba la lengua y guardaba mi ropa sucia en una bolsa de consorcio.
Y se la llevaba a la casa de sus padres. “Nosotros SÍ tenemos lavarropas. La vamos a lavar y a perfumar, qué te parece?”, me sugería, tratándome como trataría a un nenito de primaria.

“Sssssi mamáaa…”, le contestaba.

Yo había vivido sin conciencia de mi ropa o de mis hábitos. Nunca me daba cuenta si algo estaba fuera de lugar.
Y Santa Lucía me estaba comenzando a hacer un poco gente.
“Pero Lucy, la mona, aunque se vista de seda…” comenzaba a decir yo…
“…mona quedarás!”, completaba la frase, resignada. “Eso lo decía mi abuela, viejo choto. Me hartaste, me voy. No te soporto. Por hoy no quiero verte más”. Y en efecto, se iba, cerrando de un portazo.

Yo me había escapado de mi casa hacía mucho tiempo, peleado con mis viejos. Yo era libre. Yo era really punk. Yo era más de Lou Reed, de Waits, de los discos de Invisible o de Pescado. Yo jugaba en el equipo de Tarzán. Yo era really motherfucker.
Y ahora, ojos celestes, Santa Lucía, estaba comenzando a hacer de mí un animalito de costumbres.
Y entonces, pensaba en el cuento “El principito”, de Antoine de Saint Exùpery. Pensaba en el capítulo ése, en donde aparece el zorro y habla de cómo la gente logra apegarse a ciertas cosas.
“Pero El Principito es de maricas!”, me gritaba a mí mismo algunas veces, ya estando solo y en silencio.
Y me iba a dormir sin entender ni mierda, qué carajo me pasaba.
Estaba claro como el agua.
Yo era un pelotudo.

Y era cierto. Me estaba comenzando a enamorar de verdad.

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