Alen Guedel
Tal vez esto desemboque en un enojo del autor (tal vez me haga acreedor a una catarata de insultos), pero no podía dejar de transcribir acá los pocos sonetos (de los cuales conservo manuscritos originales, con tachados, correcciones y todo eso) de quien yo considero uno de los mejores escritores que he leído.
Formado dentro del ámbito de las letras clásicas es, además de un excelente poeta, un gran violinista y miembro fundador del Mozarteum Jujuy.
Mantuvo así, desde que tuve el privilegio de conocerlo, un eterno compromiso con el arte.
Para los que de tanto en tanto nos encontramos con él sabemos que, con su espíritu (un duende hiperkinético que te hipnotiza desde la primera palabra) odiaría leerse en la web; odiaría la masividad y odiaría darse a conocer.
Idiota de él.
Que se enoje conmigo.
Idiota de mí.
Para mí, uno de los más grandes.
Al amigo Guillermo Matthews, mi respeto y mi admiración totales.
Decirsiéndose (CCCXXXII)
Vuelvo a escribir mis versos de memoria.
En el papel parezco seguir siendo,
y la poesía que voy releyendo
convierto en estribillos de mi historia.
Mi ser descartesiano, en la lectura
de mi letra en voz alta va existiendo;
yo soy cuando me puedo estar diciendo,
vivo si mi palabra es escritura.
Por eso en mi poema aún no nacido
estoy sin ser, sufriendo como vivo,
queriéndome decir el alma fuera:
-”Al escribirme soy menos olvido”-.
Agoto algo de mí cuando me escribo;
tal vez al dejar de decirme, muera
(2 de Agosto – 1998 )
El tiempo (CCCLXV)
Y si faltaba alguna a las edades
era la edad del tiempo. El fugitivo
curso indimensionable de oro esquivo
nos tornó Midas. Entre vanidades
estamos sin estar. Nunca tan cierto
fue el río que volvió tan inestable
desde Efeso a las cosas. Lo inmutable
reposa en un reloj de arena abierto.
Sueña lo quieto que no es fantasía
y agotan la clepsidra los raudales
donde un naufragio logra detenernos.
Un vértigo de noches y de días
mensura prodigioso el eterno
círculo, erosionando los finales.
(20 de Noviembre – 1998 )
Lethosyne (CCCLXVI)
Qué extraña calma tiene esta mañana
en que el dolor parece haber cesado;
la costura infinita de sus hados
que en alma y piel se cumple y las devana
ondula el mismo ritmo de la gente.
Pero hoy lo diario no es tan horroroso;
silencia y disimula lo monstruoso
narcótica rutina del ambiente.
Habita las vidrieras el espejo
de nuestros movimientos detenidos;
el maniquí y nosotros: un sentido.
Estáticos y móviles: Parejos.
Esta tranquilidad me ha confundido.
Tal vez he muerto un poco y sea olvido.
(21 de Noviembre - 1998 )
Gris (CCCLXVIII)
El cielo es arquetipo de la pena
que va el ojo en los charcos duplicando,
son grises las veredas que va andando
el alma que la baldosa encadena.
Dominios grises reina la mirada
por todo cuanto ahora son ojeras
de una impetuosa lluvia pasajera
que llora en la humedad decolorada.
Es gris la media sensación de todo,
y el tono pleno de melancolía;
tangible el gris del aire, gris la vida
entera, y viste tan ajenos modos
que representa su propia elegía
si hasta la muerte hoy gris está vivida.
(28 de Noviembre - 1998 )
(sin título - CDLVIII)
a…
Quebró a mi alma en el sueño esta mañana
la punta de un dolor que no fue llanto
más allá del confín de los espantos
del mal soñado reino; lo profana
la aparición de quien mi olvido olvida.
Olvidar. La noche más incesable
llueve de mis ojeras. Tu improbable
presencia, tan lejana de mi vida
es en mi alma la huella inmarcesible,
camino de aquel encuentro imposible
que no destejeremos del destino.
Si estar muerto a vivir ya se parece
tanto, si cuanto soy te pertenece,
¿Por qué el beso aquel sigue quimerino?
(20 de Octubre – 1999)
El Reloj (CDLXXXXVII)
Infinita clepsidra en que se agota
el número con cada movimiento
de tres uñas que rasgan el momento
nominado en un círculo de notas.
Epicentro de cortes intangibles
que cercenan y miden todo el mundo;
su filo se agudiza en los segundos,
aristas de una piedra, imperceptibles.
Entre antes y ahora es la frontera
sin término, cambiante de la aguja
que despide su escondido engranaje.
Con agua, sombra y máquinas numera
desde siempre a sus virtuales anclajes,
el inasible mar que nos empuja.
(18 de Diciembre – 1999)
Escribir (D)
La mente se sostiene en los hablados
peldaños, y la voz en la escritura;
edifica entre el ojo y las figuras
los firmes laberintos que ha pensado.
Debe quedar escrito lo soñado
para atrapar el sueño de otros ojos,
que desconocerán que hubo cerrojos
abiertos a lo que han imaginado.
No hay en el escribir una inocencia.
En el papel rasgado, una hendidura
conduce entre lo real y la apariencia
por un atajo de almas que captura,
a sojuzgar con signos la cadencia
que pasa de ser música a lectura
(7 de Enero – 2000)
Elevación (DXXI)
Liviano andar sobre los ignorados
pies de los que tampoco sabe el suelo,
sentida el alma como el libre vuelo
de los ojos que en lo alto se han quedado.
Bogavante del aire. Ensimismados
engranajes de un mismo pensamiento
clavan endrinos dientes en el viento
que de una obscura nube se ha soltado.
Apréndese a decir lo aún no sabido,
y la palabra sabe lo que ignora
la mente. Hay un lugar. Ya se ha llegado.
Tiene eso familiar de lo perdido
que no se tuvo nunca. Redentora
sensación abre el pecho desatado.
(11 de Mayo – 2000)
Laberinto (DXXIV)
Un nudo de pasillos desatado
cuyos extremos se unen en un punto
ignoto, alegoriza en su conjunto
múltiple la salida de los dados
que es imposible. Sin haber(se) entrado
la buscada salida no aparece,
al paso repetido sólo crece
el extravío. Está señalizado
su innumerable mundo de recodos
con lo que el ojo miente la perdida
mente, que en vano busca diferencias.
El tiempo torna centrífugo al modo
de transitar esas rutas torcidas,
cuando el centro es letal a la conciencia.
(29 de Mayo – 2000)
(sin título – DCCCX)
Esto que ahora la palabra tiene
en su río de palabras sucesivas,
afluente de las aguas que lo esquivan,
en la página en blanco se mantiene.
Deseoso de decir, de decir nada
empuja por los ciegos corredores.
El eco no me salva. Sucesores
mis signos son de voces olvidadas.
En el silencio crece la escritura,
abalorios de una cuenta infinita.
Leído no seré. Lo que repitan
los que hoy han sido ayeres no perdura
más que en deseo de ser lo que no ha sido
en las semipalabras que he perdido.
(sin fecha)
(sin título – DCCCXLII)
Esto que el algo indica entre los cauces
que propios no le son corre en un río
bebido por innúmeros desvíos
hacia la voz inmóvil que los pause.
Se determina un poco y se aparece
mudando vaguedad por lo preciso,
pierde el allá en el cerca lo indiviso
astillando el acá donde acontece.
Su estar es menos, siendo definido,
aunque le otorgue el límite presencia.
Está en la gota el mar no traducido.
La nave de la letra en la cadencia
deja al hundirse heridas que han querido
de nuevo en lo no estando su existencia.
(4 de Mayo – 2006)



