
Salto.
Con los dientes apretados
y al abismo
de mí mismo,
salto.
En ornamental
caída libre
voy despacio,
y entero
entrego a la nada
ésto que soy,
lo que de mí queda,
lo que todavía
no he incendiado.
Juego lo que queda,
maniatado.
Juego las cartas
marcadas
y el horror que habita
en esta mesa,
en la común unión
de mis hermanos.
Ya mis dedos son de arena.
Ya alcanzo a comprender
que todo se lo lleva el gancho,
que todo es carne azul,
que todo es esa unción extrema,
extremaunción de cuerpos
que se mueren,
de lo que será
descomposición a plena luz,
el origen de otro
árbol.
Decirlo es fácil.
La certeza siempre es un pecado.
Y verdes son los dientes
de la gente que he olvidado,
y la octava maravilla es no sentir
y morirse a cada rato.
Ya vienen con sus cañas de pescar,
sus redes en la red,
pescadores de hombres pecadores;
de piolín es el anzuelo
que comiste
y trajiné;
de piolín es el anzuelo
que todos nos tragamos.
Los miembros superiores en rígida expansión:
somos los sitios del desgano.
Los miembros inferiores en desesperación.
Anteriores a los muslos, a los bíceps,
A mi pene. Tu vagina colindando con el ano.
Un golpe es siempre brutal.
Dentro de mí, fuera de vos
la marca de los otros que no somos.
Ya nada puede abrirse:
En todo sitio florecen los gusanos.
Me gusta:
Me gusta Cargando...