Laberintos


Son los muros. Tal vez
en mi alma nunca existió
sino piedra sobre piedra, lo que oculta
la vergüenza de las cosas que jamás
habré de ser, o quizás sea la agonía
absurda que tiñe de vacíos estos días,
las jornadas que atravieso a tientas,
privado de la luz, herido en las heridas,
confundido, siempre de a pie.

Ya ha pasado el tiempo, el fugaz;
a pesar de estos años que he vivido,
el tiempo sin embargo, dentro mío
como el plomo o el acero
en la sien o en el pulso del suicida;
el tiempo, el distante y a la vez
el de estos días, el laberinto
de espejos que devora la salida
posible hacia algún lugar común,
un nuevo amanecer, un nuevo despertar,
otra existencia, otro espíritu, otra vida.

O a lo mejor
me haya equivocado al ver,
y haya sido esto siempre
la única opción,
la solución,
la mejor alternativa.

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