Del censo y otras yerbas


El Miércoles hubo un censo poblacional en la Provincia de Córdoba.
Otro intento de poner en estadísticas lo que todos ya sabemos: Que la salud viene en frasco chico, (y para colmo, de un vidrio muy finito que se rompe) y que por eso se escatima tanto a la gente de menos recursos; que la mayoría no tiene laburo  porque la cuestión de la edad, en un mercado que sólo quiere la sangre más joven, ha dejado de lado a personas con una inteligencia a toda prueba y que los problemas de vivienda (o de ‘falta de’) siguen estando ahí, por más Hogar Clase Media, Hogar Clase Pudiente u Hogar Clase de Merengue y Salsa que se lance, como posible solución al problema habitacional, en una ciudad en la que la densidad de población no tiene ni punto de referencia con la infraestructura existente, llámense cloacas, red eléctrica, sistema de salud, de transpote, etcétera, etcétera, etcétera.

Como sea, hoy me tocó ser de la partida de los que salían con el lapicito y las planillitas a ejerecer el voyeurismo, y debo reconocer que hubo cosas que me sorprendieron gratamente, y también otras que me causaron espanto.

Por partes:

1- La llegada y la preparación:
Llegué al colegio (en donde estaba esperándome mi jefa de radio con las dichosas planillitas) a eso de las siete y media de la mañana, con un par de mates y otro de galletitas de salvado como única reserva en la zapán. Para los que dormían a esa hora el Miércoles, no estará de más contarles que corría un viento de la mierda, frío, con mucha tierra, y no es que estaba helando, pero luego del mini veranito que habíamos tenido Lunes y Martes, era una cosa bastante chota de soportar.
Aunque a decir verdad, preferí eso a cagarme de calor, caminando como un boludo.
Decía que llegué al colegio, en donde me esperaba mi jefa de radio con las planillitas y el lapicito.
Para que se entienda: “1” lápiz, “1” goma y “1” sacapuntas.
Y si se te rompía algo, si el sacapuntas no sacapunteaba, si la goma no gomeaba o si el lápiz no lapiceaba, a llorar a Cristo, chango.
-“Es que son lápices del gobierno.”-, alcanzó a decir alguien.

Y entonces me (nos) convidaron con más galletitas y algunos mates más y después sí, a prepararse para salir.

2-La salida
Una cuestión bastante hija de puta a la hora de salir, fue la bolsa en donde metíamos las planillas.
Las cagadas de bolsitas que nos dieron eran de mentira, para dos o tres planillas, cuatro a lo sumo y nada más, cuando en realidad andábamos con un toco así de grande, 50 planillas por censista.
No se podía poner absolutamente nada, ahí, pero…el logo era el logo.
Decí que yo andaba con uno de esos bolsos tipo portafolio y pude organizar las cosas sin problemas. Pienso en la gente que no llevó bolsitos, y en cómo se las habrá arreglado con cincuenta planillitas, mas las cédulas de registro, mas las cédulas de registro general (un “registro de registro”?)…todo eso en un día de un viento que te hacia recular a cada rato.
Encima, en los medios de comunicación hablaban de las bolsitas como si fueran una especie de cosa milagrosa que impediría que las planillas se mojen, se doblen, se rompan o cualquier otra cosa, y eso hizo que muchos de los censados, al verme con un bolso que nada que ver me preguntara -“Y la bolsita?”-, a lo que yo sacaba esa inmundicia del bolso y les preguntaba si creían razonable que en semejante mierda sería posible llevar todo el material con el que teníamos que trabajar.
Y ellos decían -“Ahh..”-.

By the way, a la bolsita me la metí en el orto, por si queda alguna duda.

3-Sorpresa y mierda
La gente. Por Dios, cómo me sigue sorprendiendo la gente….!
Es increíble cómo en unos cuantos metros de vereda te podés encontrar con todos los caracteres del mundo…!

Tal vez por la hora (demasiado temprano para mi gusto; yo hubiera sacado cagando a cualquiera), algunas personas atendieron del otro lado, yo en la calle y ellos a través de la ventana.

-Señora, dónde me puedo apoyar un poquito para completar las planillitas?-
-Y…no sé…ahí…-
(señalando un escaloncito de 0.5 milímetros de ancho en la puerta de entrada).

Qué se yo; ya sé que no es obligatorio dejar pasar a nadie a tu casa, y también me enteré de los choreos que hubo apenas comenzó el censo, pero si estás viendo a un tipo parado con cara de resignación en tu puerta, que completa planillas como un boludo, peleando con el viento para que no se vuele nada…creo que ya es suficiente como para que le digas “flaco, te ayudo…” o “vení, pasá un poquito”.
No sé, yo lo hubiera hecho, yo hubiera ayudado. Se ve que hay gente que no.
También me tocaron casos de gente muy amable, como el matrimonio que estaba esperando al censista (yo en este caso) con un desayuno de la gran puta.
Me hicieron morfar de todo, me contaron obra y gracia de sus vidas, nietos, hijos, mascotas; me hicieron reir un rato largo, me demoraron un cachito más, y me despidieron deseándome buena suerte.
Ahí fue cuando pensé, por quincuagésima vez, que yo soy un tipo muy mala leche, y que si todos fuéramos así, como esa pareja, las cosas andaría un poquitín mejor de lo que andan.

No olvidar los personajes obvios del barrio!
Esos son los que me daban ganas de largar todo a la mierda y salir corriendo, desde algún que otro vecinito con evidentes problemas mentales (y que vivía solo!), que me contestaba las preguntas como un versito aprendido de memoria, enseñado no sé por quién, hasta los que estabn despiertos porque volvían de joda…y que me atendían con aliento a vino o a cualquier otra cosa que me daban unas ganas bárbaras de decirles “adónde era la joda que nadie me avisó?”.
Había uno muy pasado de vueltas que me aseguró que si había vuelto a su casa, era sólo porque se consideraba “un tipo responsable”, y que ni bien termináramos se iba a la mierda de nuevo.
Admiro a esa gente con mucho aguante para la festichola, de estar dos o tres días de caravana como si nada.
Y extraño esos tiempos en los que el cuerpo y la cabeza me daban para hacerlo. Ya no me dan.
Me estaré volviendo un viejo choto nomás.
O me habré mimetizado con “el personaje del censista”.

Ahora que lo pienso, también es admirable que hayan cortado la caravana y hayan vuelto a casa a quedarse despiertos, haciendo fuerza para no venirse abajo cuando llegara el censista a romper las bolas.
Y las bolsas.

4-Extraños lugares extraños:
Por el sitio que me había tocado en suerte, ya me había mentalizado de que me iba a encontrar de todo como en bazar, como el umbral en cuya puerta había un cartelito con un escueto “pase al fondo”, que sonaba a promesa de sorpresas para nada agradables.
Por las dudas golpeé las manos, toqué timbre insistentemente y grité “Hola…!!” un par de veces, como para que alguien se dignara a atenderme.
Pero nada.
Así que pasé nomás p’al fondo, y de nuevo, nadie me atendió.
Al salir, me intercepta una vecina entrada en años, una abuela que me dice en tono sombrío:
-“Tenés que tocar de una ‘forma especial’… Son mujeres de vida liviana.”-
-“Vida liviana?”-

-Un prostíbulo, m’hijo.- me contestó en tono más sombrío aún, como haciéndome una confidencia MUY reveladora.

Y yo que andaba sin guita!!!

5-La gente vive mal:
La gente vive como el culo, ya lo sé.
No voy a extenderme mucho sobre este punto, porque tengo mucho sueño y quiero ir terminando. Y porque es más que sabido que la gente vive mal, y que eso no es ninguna novedad.
Sin embargo, hay casos en los que uno se pregunta cómo carajo es que la mayoría de las personas (yo incluído) se queja de la vida que lleva, cuando hay otra gente que está como el orto, viviendo 6 en un dormitorio de 2×2, durmiendo mal, comiendo peor, pasándola de última.
Y encima, que muchos de ellos no pierdan el humor es algo que me hizo sentir un soberano hijo de puta burgués.
La mayoría me recibió bien, me hizo pasar, me trató amablemente.
Me convidaron unos mates, me contestaron todo, se rieron de las condiciones de vida en las que viven y me despidieron a-gra-de-cien-do la visita (!).
Rarísimo para gente que, en su mayoría, está esperando soluciones desde siempre, y siempre recibe las mismas promesas seguidas de nada; gente que me tendría que haber sacado cagando a hacerles cuestionarios a algún que otro gobernante

Y ahora sí, me voy a dormir. No me banco más el cansancio físico.
Como le digo a un ñeri de trabajo: “Me banco mucho más el cansancio mental. El cansancio físico me tumba en el acto.”

Y así estoy.

Nas noches a todos. Besos y abrazos censados a rolete.

Anuncios

5 comentarios to “Del censo y otras yerbas”

  1. Muy buena tu crónica censual 🙂
    ¿Qué pasó con las mujeres de vida liviana? ¿Las censuraste?

  2. Esto me trae muchos recuerdos, hace casi 10 años participé de un relevamiento sanitario que se parece bastante a un ceso aunque mucho más específico y lerdo (por cada barrio se invertía una semana y en cada casa se permanecía alrededor de una hora).

    En una casa me recibió una mujer ligeramente alienada que comenzó a responder bien a mis preguntas hasta que de pronto se largo a llorar a los gritos y se encerró pegando un portazo y dejándome con la mitad del lápiz en la mano.

    Un gordo me atendió a través de un ventanal en slip rascándose el culo y los sobacos y tirándose pedos sin el menor recato.

    Un adolescente salió al hall de su casa en pijama y con evidentes señales de una polución nocturna sin inmutarse.

    Una vieja empezó a retorcerse tanto el delantal y el vestido que al final comprobé que no usaba calzones.

    En una casa tenían colgado el retrato de Perón y Evita.
    En otra casa tenían colgado un Malanca, un Quinquela y un Spilimbergo.
    En un horno de cal abandonado pero habitado, tenían colgado un rosario de vinchucas.

  3. Doc: Qué las wá censurá!! No me atendió nadie! Encima estaba sin guita, yo!
    Gracias por pasar, che Doc. A ver cuándo actualizás eh?
    Abrazo.

    Walt: Me cagué mucho de la risa con lo del pendejo con la polución. Yo le hubiera dicho: -Culiado, andá a lavarte un poco, no podés atender así…-

    Y me dejaste pensando con el contraste de los cuadros costosos con la colonia de vinchucas en el horno.
    Digo, pienso en que esa gente no debe ni saber qué es lo que tiene colgado en la pared, como un vecino de mi barrio, allá en Jujuy, que estaba por vender a dos mangos un violín que resultó ser un instrumento antiquísimo y de un valor incalculable, algo así como un Stradivarius, pero no tanto.
    Un abrazo.

  4. Oye, a veces, el culo vive bien. Muy buena tu crónica. Besos muchos.

  5. Miriadas: Depende del culo en cuestión, jajajajaj…
    Debo confesar que este comentario, cortito y al pie, me hizo reir mucho.
    Besos, che Miriadas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: