Peatonal


El último día de los dos sobre la tierra
la pasé bastante peor
de lo que vos imaginás.
Me metí un bar
y me tomé hasta la molestia,
me fui después a caminar por el centro.
Por qué será que las luces de la calle
son más pálidas que nunca
cuando vas pateando solo?
Me miraba en las vidrieras,
-“Linda cara de amargado”-,
me dije
sacándole las pilas
a la radio de la angustia.
Iba cagándome de frío,
otra tarde de la mierda
faltaba que lloviera
o me pararan los del CAP.

Por qué será
que siempre que termina
el amor hasta parece
ser un cuento de Cortázar?
Llegué a la plaza, prendí un pucho
y pensaba en esas cosas
que nunca nos dijimos,
lo que nunca nos puteamos…

Eso hice el día último
de nosotros en la tierra.
Después ya no hubo
mucho más que recordar.

Había una tele prendida
a todo culo, en Canal 8:
Una vidriera bien limpita
en Megatone o Garbarino.
Borrachos, tetonas
y un partido de Talleres;
una hermosa reunión de gente culta.

-Va a ser mejor quedarme un rato
a mirar el cero a cero,
así me olvido de llorar,
así me cojo a los recuerdos…-
Así pasé conmigo
el último día de los dos sobre la tierra.
Ya ves que no hice nada malo
y que no maté a ninguno
de esos giles que te chapan.

(Es que ese día no era yo)

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7 comentarios to “Peatonal”

  1. “En la mañana del sábado, la multitud te enredó entre las vidrieras pero corrí un poco sobre las baldosas flojas y en la esquina siguiente te alcancé cuando un escaparate pletórico de libros atrapó tu atención. A través del vidrio y entre los títulos de novelas y antologías, sonreíste, te acercaste y preguntaste. El pretexto del nombre de ese autor de best sellers fue innecesario, porque tus ojos de oliva brillaron y tuve ganas de acompañar tu camino entre la gente que iba y venía en silencio, acarreando bolsas, gritando, vendiendo cosas absurdas, bostezando, apretando los dientes y los puños…

    La plaza reverberó de sonidos y luces matinales, las baldosas flojas se hartaron de sombras y palomas voraces, el aire se hirió aun más de voces absolutamente desencontradas…
    Oía tu voz, te miraba y a la vez no podía recortarte de ese entorno plagado de idas y vueltas sin regreso. Comenzamos a especular sobre las urgencias de esos pasos que nos dejaban al margen hasta que de pronto, me señalaste una figura colorada avanzando en la multitud. Una mujer vieja, de abrigo rojo caminaba despacio con un bolso de cuero. A cada serie impar de pasos se detenía, quedaba inmóvil por unos instantes y luego se agachaba para levantar una de las tantas baldosas sueltas del piso. Al descubrir que la contemplábamos, guardó el cuadrado gris en su pesada cartera, se acercó hasta nuestro banco murmurando una plegaria incomprensible…”

    Del cuento “Baldosas” que escribí unos años atrás…

  2. “Por qué será que las luces de la calle
    son más pálidas que nunca
    cuando vas pateando solo?”
    Que buena pregunta nene….
    Abrazos che!

  3. Oye, no tienes nada tatuado en la frente, tienes unos ojos bellos. Que bueno que te desnudaste, a ver cuando lo hago yo.

  4. directamente… mi comentario sobre este poema… es que tooodo el poema esta muy buena por el comienzo: “el ultimo dia de los dos sobre la tierra”.
    Me da escalofrios. muy bueno…
    Adoro tu blog! justo hoy creo que me senti muy identificada (like always) con todos los poemas que lei). Te lo escribo siempre, peor bueno, me imagino que debe ser muy groso saber que alguien se identifica on lo que pensas.
    Saluditos!

  5. Walterio: Como siempre, tus impresiones acerca de lo cotidiano, empapadas de una belleza a toda prueba.
    Y sigo pensando en que deberías hacer un blog paralelo a La fragilidad… en donde te dediques a subir lo que escribís, siempre tan sentido, siempre tan bello.
    Un abrazo, Walt.
    Siempre un honor contarte entre mis visitas.

    Estrellina: Además de sentirte más que solo, cuando la city empalidece, verdad?
    Una situación de “la alma” bastante hija de puta, a decir verdad…
    Abrazos para vos.

    Miriadas: No; el tatuaje no se ve. pero está. Está
    Gracias, Miriadas. Por lo de los ojos, digo.
    Me ruboricé, je.
    Beso, che Miriadas.

    Virgi: El último día de los dos sobre la tierra.
    Dos personas que estaban lejos pero cerca, porque se habían jurado que iría a ser así.
    Y después ya no.
    Otra situación hija de puta que le toca a la gente, que lastima a la gente.
    (y de fondo sonaba ‘Quién asó la manteca?’, de Andresito Calamaro)
    Beso!

  6. Nene: Le ando dando vueltas al asunto… pero siempre me sale una idea que combina mucha irónica maldad contra ciertos lugares que rutinariamente ocupo. Lo más probable es que haga esa catarsis nomás…

  7. Walt: Si esa irónica maldad de la que hablás es la misma que hace que uno se sienta tan pequeño después de leerte…pues bienvenida sea, hacé catarsis nomás…!
    Un abrazo fuerte.

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