acerca de los vencimientos


snowbros

Augusto viene a casa.
Cada vez que Augusto viene a casa, lo que menos hace es darles bola a las actividades que sugiero.
En vez, prefiere inventar plantillas para stencils y pintar después su tabla, o calcular cuánto dinero tiene que ahorrar para comprarle cosas nuevas, o directamente un skate “de marca” (350 mangos uno cualunque).
Yo le digo que se deje de joder, que 350 mangos es una barbaridad por una tabla, y que mejor se compre ropa o zapatillas, pero viste cómo son los chicos de hoy en día.
Bah, en realidad son iguales a nosotros cuando teníamos la edad que tienen ellos, pero la diferencia, la sutil diferencia es que si les decíamos a nuestros padres “me voy a gastar una fortuna en una pelotudez” recibíamos como respuesta una cachetada y una confiscación de ahorros hasta que las ideas pelotudas se nos iban del marote.
La psicología moderna dice que hay que dejar que los chicos tomen decisiones.
Una mierda, la psicología moderna.
Cómo puede un pibe de once años entender que un skate son muchas horas de laburo para mí o para la madre, y que casi 4 gambas por un skate es una fortuna?
Decisiones las pelotas!
Pero bueh, somos inseguros, somos confiados, somos obedientes; una rara raza, producto de los años 80’as con todas sus mierdas, los padres de hoy.
No queremos repetir los errores que tuvieron nuestros viejos con nosotros ni por las tapas, y entonces dejamos de hacer lo que creímos que ellos hicieron mal. Pero le terminamos pifiando en otras partes.
Es decir, no importa lo que se haga, o lo bien preparados que creamos que estamos.
Vamos a terminar metiendo la pata siempre en algo.
Y siempre la consecuencia inmediata será la mirada triunfante y sobradora de los abuelos que largarán los irónicos “Viste? Qué te dije?” con que nos romperán las pelotas hasta la próxima discusión.
El caso es que Augusto ha venido a casa y se ha puesto a boludear con la tabla.
Hemos hecho un stencil para darle masa con el aerosol en cuanto salgamos a la calle. A mí no me gusta mucho, pero bueh, ya era hora de un cambio, y el cráneo que tenía pintado dejaba mucho que desear, a decir verdad.
Es quilombero, Augusto.
Es muy probable que mañana me diga que ese stencil fue una mierda, y dibuje un diseño que no desentone con su estado de ánimo del día, para cambiarlo otra vez.
Salimos a la calle y tomamos sol. Le da a la tabla por la calle. Me gusta verlo andar. Tiene sus cosas.
Comemos unos pebetes y tomamos esas aguas de mierda que venden en el super y que a ellos les gustan. No entiendo cómo pueden fabricar esas aguas tan horribles, pero me prendo y me compro una para ver qué tal el sabor, si me sorprenden con un acierto, o algo así.
Pero no. Una mierda como siempre, el agua.
Así que nos sentamos en la vereda de la iglesia y terminamos con la pintura de la tabla. Queda bien. Nos gusta a ambos. Es un símbolo anti-nazi bastante bueno, blanco sobre un fondo violeta.
Lindo, che.
Así que ahí estamos, dos boludos alegres en la calle, uno que tiene pinta de ser el padre pero no, tan boludo no puede ser el padre. Recuesto la cabeza en su regazo mientras esperamos no sé qué. Y después nos vamos a mi casa, a gastar lo que queda de la tarde.
Hemos aprovechado que el hermano se ha ido a casa de un amigo y nos hemos ido hasta la mía a escuchar algo de música.
Pero los chicos de hoy son muy inquietos, y se aburren al toque de todo, así que encendemos la pc y se pone a boludear con un programa de audio. El Adobe Audition.
Siempre me sorprende, Augusto, con las canciones que deforma en el Adobe Audition. Hoy recibió nociones básicas del Nuendo, otro programa de edición, por lo que intuyo que en breve va a comenzar también con ése, a romperme la paciencia.
Cagamos. Ya se puso en “modo jugar”.
Para los padres que tienen hijos chiquititos, los voy poniendo sobre aviso: No hay nada más frustrante que intentar hacer que escuche un hijo que está en “modo jugar”, y más aún intentar sacarles palabras que no sean monosílabos, o frases cortas como pedo de laucha como “sí”, “no”, “no sé”, “no me acuerdo”, “está bien”, que son ejemplos de lo más comunes (a veces hasta clavan un “ok”).
Por eso hoy me sorprendí tanto, cuando Augusto en un acto de arrojo y valentía, me invitó utilizando un par de frases bien estructuradas y de más de 15 palabras cada una, a jugar con la consola SEGA. Al Snow Bros.
Si hay juegos que yo me hago bosta, por haberlos jugado siempre de pendejo, esos son el Tetris y el Snow Bros.
Así que le pego una cagada de cuidado, una de esas que él después me pegará en el Counter Strike de su Playstation, con posterior tomada de pelo incluída. Porque encima de todo, está eso. Que estos pendejos se te cagan de la risa!
Así que ahí estamos los dos. Jugando.
A veces me hago el pelotudo y lo miro de reojo. Hay momentos en que, sencillamente, no puedo terminar de asimilar que ese casi adolescente que está a mi lado y que por poco se puede poner mis zapatillas sin que les bailen en las patas, que ese pibito con muñequeras y colgantes al que le estoy pegando una cagada en el Snow Bros sea el que hasta hace un año atrás se quejaba porque “los chicos me molestan en la escuela”.
Estoy viejo, posta. No queda puta duda.
Ha crecido mucho y antes que los chicos de su grado, y sigue pareciéndome  de modales que ya no son de un nene de su edad. Nunca los tuvo. Como si le molestara estar en la piel que tiene, a mi hijo.
Es raro. Nunca pensé que llegaría el día en que un hijo le pondría fecha de vencimiento a mi juventud. Pero ahí está. Es un granito en la nariz de mi hijo lo que ha venido a anunciarme que es oficial, que estoy más para el Pami que para el Ipam, y entonces le digo que ya no quiero jugar más, y “no importa, pa”, me suelta, y salgo cagando al baño y traigo un pedacito de algodón empapado en loción astringente, y pienso que si lloro ahí mismo, que si le digo que en breve me va a tener que perdonar porque no soy tan buen papá como él dice que yo soy, y que se va a dar cuenta de que también le pifié en un montón de cosas, como de seguro lo van a hacer también su hermano y él, el día de mañana, cuando tengan críos, y que todas esas veces que lo reté por boludeces (porque siempre uno termina retando a los hijos por boludeces) en realidad quería decirle que necesitaba un abrazo y diez mil besos, porque tenía la cabeza llena de quilombos que no sabía cómo carajo solucionar, y que cada vez que me dijo que me quería “hasta el cielo ida y vuelta ida y vuelta ida y vuelta ida y…” yo me desarmaba, y que en unos añitos nomás voy a precisar más que nunca sus abrazos y sus besos, y que recuerde siempre lo que les enseñé a los dos, de respetar a la gente mayor…me va a mirar con cara rara.
Soy un pelotudo.
Se me ha anudado la garganta.
Soy un pelotudo.

No me sale otra cosa que un “No crezcas más, che culiah”

Me tengo que prometer urgente a mí mismo decirle todo el tiempo que lo quiero. Porque en breve no va a querer escucharlo más, aunque lo sepa.
Y  los vencimientos me la fuman.

Porque lo importante es que su hermano y él están acá.

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12 comentarios to “acerca de los vencimientos”

  1. Hijo de puta, me hiciste caer una lágrima.
    Y si, lo importante es que su hermano y él estén ahí. Eso es lo único que cuenta.
    Un abrazo grande nene!
    Saludos a los nenes

  2. no tas viejo. te falta mucho, asi q vivílo sin refregarte nada.

  3. Mauri: Qué linda sorpresa, che Mauri! Hace mucho que no actualizo, por una cosa u otra, pero es lindo ver a la gente que quiero, rondando por aquí.
    Un abrazo fuerte fuerte nene!!

    Pendejo: Me matás. Cada vez que entrás acá y me decís algo, aún con la parquedad que te caracteriza jajajaja!!
    Te amo, bebé. Vos sabés que tu hermano y vos son el motor. Y andá a ver cómo funciona esa máquina!
    Ja! Beso, amor.

  4. También es importante que estés para ellos. Aprovéchense mutuamente y guarden para el futuro, que nunca sobran estampas como esa que describís con tanta belleza.
    Yo sé lo que le digo, cumpa.

  5. Como dice Jules Winnifield en Pulp Fiction “I try…I try so hard” 🙂
    Sé que es difícil, con lo acelerados que son estos días, hacerse un tiempito. Y eso es lo bueno. Encontrar espacios.
    Abrazo fuerte, ñera.

  6. Hola Fede, tanto tiempo 🙂
    Si sabré yo de todo lo que contás. Yo tengo dos nenas.
    Y con la mas grande, 12 añitos ya, juro que pienso todo el tiempo en aprovechar al máximo el hecho que todavía se deja tomar de la mano, se deja abrazar, y todas esas cosas que cuando llegue a su adolescencia plena, seguramente me sacará cagando.
    Y bueno, lo natural es que pasemos por todo esto. Y que crezcan.
    Solo quería decirte que diste en la fibra del asunto. Ellos estan cada vez mas grandes, y nosostros nos vemos cada vez mas viejos. Y compartimos la misma desesperación de ver que se nos van de a poco.
    Lo que me hace pensar en mis viejos… es una cadena todo esto che. Este finde voy a verlos, y les pienso dar el abrazo que dejé de darles hace muchísimo tiempo 🙂
    Gracias Fede

  7. Txarlie!! Pero mirá el alegrión que me das, chango, pasando por aquí…
    La verdad es que uno querría tenerlos siempre cerca, bajo el ala, chiquitos. Pero hay que aceptar las reglas de juego. Y a bancárselas, porque el momento en que te digan “Me voy a vivir a…” llega, sí o sí, lo quiera uno o no.
    Yo trato de aprovechar la mayor cantidad de tiempo posible…pero los chicos de hoy en día viven enchufados a 220…se aburren de todo y cambian de actividad al toque…es desesperante.
    Ahora que dijiste de los viejos, tenés razón, che. Qué habrán sentido cuando comenzamos a ser un poco más libres nos importó bien poco en su momento. Y es natural que pase lo mismo con los hijos de uno.
    Abrazo Charly, el verano si se puede te veo por allá.

  8. sabalero Says:

    Vos por lo menos sabes jugar al Snow bros, yo siempre fui un queso en los videos (en todos) por lo que me aburrian y nunca practique, soy mal deportista o sea que mi hijo que todavia tiene 3 años cuando crezca se la va a pasar cagandose de risa de mi!!!
    Es parte del juego imagino, muy bueno el post y es asi la vida sigue adelante y uno se emperra en querer quedarse en el momento que le parece el mejor que nos tocó, pero el mejor momento siempre esta por venir.

  9. Uy, se me hizo un nudo en la garganta a mi tamben!! Me encantó…será que eso que tienen de chicos , ese “te quiero ida y vuelta, ida y vuelta” y esas frases tan inocentes son lo que queremos escuchar y que cuando se van haciendo grandes tambien se vuelven un poco como nosotros y no queremos(en realidad) , que ellos pierdan eso que nosotros perdimos?
    Me emocioné con este relato. Sabes qué? El sabe siempre que lo queres, y si te arrepentis, te arrepentirás…pero es muy dificil (Creo yo porque todavia no lo soy), ser padre o madre. Si vos haces lo que podes, es muy bueno! Y es evidente que lo haces:)

  10. Sabalero: Sabré jugar al Snow Bros, pero, al igual que vos, soy medio ojota para los deportes (salvo un par). Y mis hijos, futbolistas ambos, me pasan como a poste cagándose de risa del padre, que los mira atontado.
    Qué bueno eso que decís de que “el mejor momento está por venir”. Casualmente hoy estaba mirando fotos de mis hijos, de hace unos años, y los miraba y decía “puta, tenés más onda ahora…” jajajaja!
    A lo mejor después es mejor. Mañana es mejor.
    Abrazo, che. Gracias por pasar.

    Virgi: Sá, hago lo que puedo. Es decir, hago absolutamente todo lo que está a mi alcance. Le pifio, cómo no. Que no nací sabiendo cómo ser papá. Pero tengo a mi favor algunos consejos bien brindados a tiempo y una puntería notable para estos asuntos de la crianza. Se verá, che.
    Mañana se verá. Creo estar haciéndolo bien.
    Gracias por pasar!

  11. María Eugenia " la vecinita" Says:

    Que maravilloso!!! Todos intentamos ser buenos padres en el aprendizaje. Vale el tiempo y la dedicación. Y lo que uno trae obvio, lo que uno aprendió, sea lindo, feo, malo… “Sería una pena no haber aprendido”. Que maravilloso!!!

  12. Mary: Claro que sí; vale el tiempo y la dedicación. Y estirarse hasta el infinito para encontrar esos minutitos en medio de todo ese quilombo que es la vida moderna, para estar, para mirar crecer las plantitas. Eso sí que vale.
    Gracias, Mary!!

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