Microrelatos


1-
El Pupo sacó la pija de la boca de la mina. Inmediatamente le vino una náusea que lo hizo cerrar los ojos y retroceder un par de pasos. Es que la mina había erutado, y eso al Pupo le dió un asco tremendo.
Dos pasos para atrás. Dos pasos para adelante.
Paf!
-Qué te pasa, che la concha’e tu madre…!-, fue la pregunta después del cachetazo.
La chica no reaccionó.
Presa de la alucinación estúpida del paco, estaba en otra historia, en otro mundo, y a lo mejor ni se había enterado que se la estaba chupando a su propio hermano.

2-
Después de revisar los bolsillos del tipo pudo levantar la vista y mirar lo que acababa de hacer.
Era su primer asalto, y en su primer asalto le había destrozado la cabeza con una pala a un desconocido. Recién entonces pudo darse cuenta del baile en el que había entrado.
El asunto de la muerte
Olió la muerte. Y la muerte no tenía buen olor.
Todo el mundo andaba por ahí, con una punta o una pala, de merca o con un fierro, jugando al “tu vida o la mía” , al “te mato o me matás”.
El hombre no había evolucionado para nada. Desde que el mundo era mundo, había habido crímenes, negocios turbios, violaciones, magnicidios, guerras y mujeres sometidas por maridos de dinero. El mundo parecía moverse por dinero.
Decidió no pensar. Se incorporó y caminó lento, mientras abría la billetera del desgraciado que quedaba tirado ahí atrás.
Quince pesos.
Una cerveza y un paquete de puchos, nada más.

3-
Sintió un vértigo tremendo cuando el niño salió corriendo. Ahora estaba en peligro. Si el niño alcanzaba a decir algo, una mínima cosa, estaría perdido. No quedaba otra cosa que esperar. Rezar y esperar.
Una semana.
Dos.
Y la duda profunda, molesta y aterradora de si vendrían por fin o no a buscarlo.
Finalmente asumió que el niño había echado todo al olvido.
No importaba. Ya vendrían otros.

Ese Domingo, en la misa, dió uno de sus mejores sermones acerca de lo sagrado de la infancia.

4-
Dijo que sí, y se vino conmigo.
Al entrar, dejó la camperita colgada en una silla y se sacó las sandalias en el living, para andar más cómoda.
Era linda. Era rubia.
Su pelo caía sobre sus hombros…no, no, no; su pelo se “depositaba suavemente” sobre sus hombros, como en esas propagandas de shampoo.
Era linda. Linda linda linda.
Comimos y vimos películas viejas. Fumamos marihuana, hicimos el amor y tomamos un par de tragos a la salud de su marido.
No sé si después me dormí o me desmayé. No sé si me golpeó con algo en la cabeza.
Al abrir los ojos, mi casa era un quilombo, y ya intuía yo que no quedaría nada de valor en los cajones.
Hija de puta. Yo estaba casi casi enamorado.
En la silla quedó su camperita.
De vez en cuando me acerco y huelo su perfume.

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5 comentarios to “Microrelatos”

  1. Excelente. Me encantó.
    Besos.

  2. Soy de elegir por esto me quedo con el segundo.
    Salut

  3. Muchas…: Gracias, che Muchasmiradas. Gracias de verdad
    Besos.

    Micromios: Ultracomb Ultracomb; también me gusta ese.
    Gracias por leer, che.
    Abrazo.

  4. Siempre un gusto leer tu narrativa breve, Nene.
    Te sugiero que los publiques con una letra un poquito más grandee, así n hay que estar tan al lado de la pantalla!
    Un abrazo,
    Mario Rabey

  5. Mario: Una vez más, se agradece, profe.
    Qué quiere que le diga, a mí también me rompe las pelotas el tamaño de las letritas, pero intenté utilizar caracteres más grandes y se enciman.
    Una cagada el guorpres, me hubiera quedado en blospó.
    Abrazo grande, gracias por pasar.

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