Rockaway Beach


Almorcé dos bollitos de pan con queso. Con gin tonic.
Peor. Cené una ensalada. Con whiscola.
Podría decir que está haciendo mucho frío. Podría agregar que es el frío, lo que me pone pelotudo, y que no puedo hacer otra cosa que enroscarme en sábanas y colchas y dormirme todo el día. Pero ya estoy sabiendo yo que sería mentir al pedo, decir eso.
Pasan cosas.
-“Esto se está poniendo movidito“- , como decía el Japo cuando llegaban los camiones y había que empezar a revolearse cajas, cajitas y cajones por el mate.
Esto se está poniendo movidito.
Pero extrañamente, ahora es al revés.
Suceden cosas. Hay cosas. Vienen cosas. Cosas que no alcanzo a comprender; que me suceden y que no alcanzo a comprender. Cosas que hasta ayer yo acariciaba como a la final de algún mundial de fulbo, cosas que me resultaban lejanas, imposibles, difíciles de abrazar en esta vida.
Imposibles de palpar.
Es mi viejo (un tipo que jamás espera nada de absolutamente nadie) el que me manda un mensajito que me avisa: -“Suerte. Una vecita tenía que tocarte!”-.
No alcanzo a entender del todo por qué mierda es que lo pone. Cosas buenas a mí.
Mi corazón se pone como loco. Late fuerte, el hijo de mil putas. Galopa a mil, como un caballito que viene desbocado. En ese mismísimo momento, ni me atrevo a preguntar qué carajo es lo que pasa. Pero como intuyo que las cosas van medianamente (o muy) bien, como intuyo que en mi vida, por primera vez hay algo que está saliendo bien, me mareo y ya la náusea me gana la boca del estómago y va subiendo hasta el esófago.
Cosas buenas. Qué joder. Es muy fuerte saber eso. En un instante se me vienen a la mente, en línea recta y como un sueño, aquellos días no tan tan lejanos, muy recientes. Se me vienen las cosas que viví; la mayoría no tan buenas. Y también las buenas que encontré entre tanta mugre. Se me vienen los espejos enfrentados. Las navajas afiladas. Alejandrito encerrado, o golpeándome la puerta de la pieza. Yo con una bolsa en cada mano. Las escapadas del Chino, hasta Barrio Maldonado. El truco-quieroretruco-quierovalecuatro, siempre alguien que se zarpaba haciendo trampa. La escapadita hasta la casa de la curandera (que cómo se llamaba?), cerca del Cemeterio San Vicente, allá en el barrio. La suerte que me daba escucharla cuando hablaba. Cómo me tranquilizaba. El Negro Rojo cagándome la espalda en el mercado. Las bolsas de papas o cebollas. Las medias reses en los hombros, casi casi a la altura del cogote. Las cajas de cajas de zapatos.
Se me vienen hasta el mate, en fila india, la piecita de la calle Belgrano, la de Lima al fondo, la de Rodríguez Peña (la peor). La de Barrio Observatorio, la de San Vicente, casi llegando hasta Altamira, la de…uh, ya no me acuerdo. Qué pesado.
Cosas buenas.
Por eso estoy así, medio tarado. Almorzando bollitos de salvado. Con queso. Con gin tonic. Cenando ensaladitas con whiscola. Livianito, antes de rajar al trabajo.
Por eso recibo a mis hijos en mi casa y casi siempre suenan discos de Cerati, o de Spinetta con su “Artaud”, el último de Pescado. Por eso me banco el reggetón, el drone, el trance y todo lo que nunca entenderé. Las cosas que me pasaron por al lado.
A la mierda las revoluciones. A la mierda los dioses, las “pendejas” de más de 39, Tacuarembó casi al fondo, que golpeaban a mi puerta, a las 10 de la mañana, para tomarse mi café y seguir después camino hacia el trabajo. A la mierda las canciones tristes de Lou Reed y los libros de Bukowski. A la mierda los discos de Morphine. A la mierda Goldfrapp, los malos instrumentos. A la mierda sobre todo con las cosas que no quiero. A la mierda lo que ya no aguanto. El sabor amargo. Los amores rancios. O al revés: Los sabores rancios. El amor amargo.
Suenan discos de Cerati, o algún disco que hace mucho que no escucho, como Spinetta con su “Artaud”, el de Pescado. Y me banco a muerte el reggetón, el drone, el trance y todo lo que nunca entenderé. Me banco aquellas cosas que me pasan sin aviso por acá, por el costado.
Mi corazón se ha puesto más violento que la mierda. Mi corazón no entiende nada. Y galopa como un puto caballito desbocado.
Cosas buenas.
No le importa un carajo lo que digo. A mi corazón le va mejor “Rockaway Beach” de “The Ramones”. A mi corazón le gusta la violencia. Hacerse un pogo en solitario.
Qué bueno que sería que volvieras, de donde quieras que hayas ido, adonde quiera que hayas viajado. Qué bueno sería que vinieras a verme de una vez. Y animarme a llamarte y a contarte esto que pasa, lo que hoy me está pasando. Qué bueno sería cantarte:-“Treintaicinco son mejores”-.
Y mostrarte por fin mi corazón violento, violentado.

4 comentarios to “Rockaway Beach”

  1. rochitas Says:

    AME SU MANIFIESTO DE PRINCIPIO A FIN, COMO POCAS VECES…

  2. Rochies: A esto debe haberse referido usted con “basta de chorar”…🙂
    Besazo, Rochies. Gracias por pasar.

  3. http://losmosaicosastrologicosderochitas.blogspot.com/2010/08/pluton-en-capricornio-la-fuerza.html

    OJCORS.

    DEJE SUS DATOS AHI QUE SE ME PIERDEN!!!
    FUE A VER A MAICOL ANOCHE? MIENTAME SI ES NECESARIO.

  4. Rochies: Ahí voy, che Rochies. Y voy a ser sincero: No fui a verlo al Maicol. No me dieron libre en el laburo😦 Sí leí las críticas. Lleno total. Mucha intensidad. Hasta Arrascaeta, de La Voz (ta) del Interior, otrora “enemigo”, dedicó un artículo a lo perenne de la música del Jefe.
    Léalo acá:

    http://vos.lavoz.com.ar/content/super-80-y-algo-mas-2

    Beso, che Rochies.

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