…y lo demás también


el chofer frenó a mitad de cuadra y el colectivo suspiró como suspira un animal que está al borde de la muerte.
a esa hora de la noche iban pocos pasajeros. pocas almas andaban a esa hora por la calle; algunos laburantes que volvían a sus casas, pendejos que salían de los bailes, dos o tres boludos como yo, que cada vez que no encontraban nada provechoso en qué gastar el tiempo, se trepaban a un bondi cualquiera y se iban de una punta de línea hasta la otra. “nadie se debe mirar a los ojos ahí arriba”, pensé yo. y sabía bien que era verdad.
las puertas de atrás se quejaron en un ruido metálico y ella bajó de un salto, sonriendo.
era raro; acabábamos de despedirnos, acabábamos de coquetear con la posibilidad de volvernos a encontrar.
en mi bolsillo de atrás tenía un papelito con su nombre y su teléfono. yo no lo había querido mirar. prefería descubrirla poco a poco, si alguna vez lograba animarme a llamar.
apuré el paso hasta donde estaba ella. creo que yo también sonreía. ninguno de los dos podía hablar.
“por qué bajaste?” , pregunté desviando la mirada. no lograba enfrentar sus ojos. tenía miedo de volverme a enamorar.
me sentí raro. traté de poner mi atención en otras cosas, en los autos que pasaban, en los ruidos que se escuchaban desde la avenida a un par de cuadras, pero ella era como un puto imán.
“no sé. sentí la necesidad de estar un rato más con vos. o no. o a lo mejor tenía ganas de irme caminando a cualquier lugar”.
ella era linda. era más linda de lo que me había parecido en un principio. ya no tenía puestos esos anteojitos espantosos, y las luces de la calle hacían que sus ojos parecieran más grandes, más celestes. me sentí bien. y sentí que ella estaba bien conmigo, andando así, a mi lado. me sentí really motherfucker. me agrandé y comencé a cancherearla.
ya estaba comenzando a pelotudear.
“bah, me gustabas más cuando no te ponías la carcasa”, me dijo al rato. y yo volví a ponerme rojo de vergüenza.
“ves? sos más lindo cuando no la careteás”
ell tenía razon en tantas cosas…! yo no servía para mantener una conversacion inteligente. me gustaba más hablar de los colores de las cosas, o tumbarme en el césped de una plaza, a mirar las nubes y encontrarles formas tontas. hamacarme como cuando era nene. no; en realidad, hamacarme como cuando era adolescente. porque en realidad, yo de nene no habia aprendido a hamacarme. aprendí de adolescente. estaba recuperando el tiempo perdido en las hamacas. y lo disfrutaba a rabiar.
también me gustaban los helados de limón en el verano, y en invierno tomar bebidas fuertes si me hacía mucho frío. en realidad, yo prefería no hablar. la gente creía que yo era medio idiota. y yo me asumía como un idiota total. pero en realidad, yo ya sabía algo que ellos jamás entenderían. yo sabía que las caretas se caían. y que después de caretearla no quedaba mucho más.
así que ahí estaba yo, a esa hora de la noche, caminando con la chica más bonita, por un barrio que ninguno de los dos se conocía de memoria. riéndonos de todo. dándonos la mano al cruzar la calle. puteando a los autos que aceleraban para pasar rápido por las esquinas. diciendo todo y nada. intentando conectar.
me contó acerca de sus cosas. padres separados. estudiante de psicología. rebelde en la secundaria. nunca había jugado a las muñecas. le gustaba más jugar con camioncitos o patear una pelota con su papá. ir a la plaza y quedarse un rato largo, colgada de las piernas, al revés en el pasamanos. ahora, de grande, le gustaban otras cosas. las películas de Kubrick. los discos de Spinetta. la marihuana. al alcohol no lo podía pasar. me contó también que no tenía ganas de ser madre. que los chicos le causaban mucho dolor, mucha tristeza. que el planeta no estaba preparado todavía, para tener tanta gente encima. que las personas habían aprendido mejor los jueguitos de la guerra y de los odios. que eso ella no lo podía soportar. en eso yo le daba la derecha. el planeta no era un buen lugar para habitar. pero íbamos a tener que acostumbrarnos. no había otro lugar para escapar.
tenía algo en la mirada que era la desesperación misma. es decir; la mayoría de la gente se obsesiona con cosas pequeñitas. otros se obsesionan con estar preparados para el día de mañana. y yo caminaba al lado de una chica obsesionada con lo que iba a pasar en doscientos o trescientos años más.
era dulce. era inteligente. me costaba creer lo que escuchaba. que a veces, cuando se sentía muy sola, se quedaba en el patio de su casa y recordaba los días de su infancia. que había sido muy feliz, pero que había cosas en todas las personas que a ella definitivamente no le gustaban. que todo el mundo parecía estar actuando. que no aguantaba el mundo. que no lo podía aguantar. que a veces sentía muchas ganas de irse lejos. de no estar.
yo no había sido muy feliz, cuando era nene. y me puse a llorar. en silencio, tratando de que ella no me viera. yo era muy boludo. se había dado cuenta.
“estás llorando?” y se rió como una loca. “lo que te dije era una broma!”
acercó muy suavemente su dedo índice, al lugar por donde iban bajando mis lágrimas lentas y las secó sonriendo y en silencio. y después me besó en la boca.
era súper violenta para besar, aunque su lengua era la cosa más dulce que yo había probado en mi vida.
se apretaba contra mí, como diciendo, como pidiendo que yo la protegiera. de qué? no sé. pero yo apenas sabía cuidar de mí mismo. estaba en un problema.
“ya está? se te pasó la mufa, ya?” me preguntó después del beso más largo de la historia.
y me llevó a mi casa. es decir, me ordenó que fuéramos a mi casa.

podría decir “me la cogí”. podría decir que me cogió. podría decir “cogimos”.
pero no.
hicimos el amor de la forma más dulce que jamás hubiéramos podido hacerlo. los dos teníamos toneladas de cosas dolorosas dentro. los dos éramos un montón de cosas vacías, sin sentido.
y nos estábamos exorcizando el uno al otro.
puedo decir, sin temor a equivocarme, que algo de nosotros se murió, al tiempo que otra parte de los dos se liberaba.
hicimos el amor.
ojos celestes, la chica más bonita que conocí en mi vida, de una forma dulce, pausada y repleta de promesas, me había hecho el amor.
y nos dormimos.
ella se durmió a mi lado. yo me dormí al lado suyo. o en todo caso, eso ya no nos importaba.
habíamos muerto, cada uno en brazos del otro. y habíamos nacido de nuevo, esa noche.
yo era ojos celestes. ojos celestes era yo. una sola alma en el cuerpo de los dos.

6 comentarios to “…y lo demás también”

  1. Wow!!! Qué escena describís, Che, Nene. Me ha encantado. Un abrazo

  2. Fede Fede,, ME ENCANTOOO!!… viste?? y dicen que las segundas partes nunca son mejores que las primeras….. OJOS AZULES!😀

    ♪… parecía el cielo porque estabas conmigo….! — Y TODO LO DEMAS TAMBIEN!.. ♪

    Que lindo que me hayas hecho caso de seguir con la historia.. no podia quedar asi, en la nada… gracias por haberme escuchado!

    Sos un gran escritor FF…😀 que bueno que seas mi amigoo! jijiji…..

  3. Miriadas: Gracias, Che Miriadas. Y va abrazo grande y apretado.

    Tina: Ahora le cambié el título. No me acordaba que existía una canción llamada así😦
    Me quedó dando vueltas en el mate las cosas que uno pone inconscientemente en los personajes y le pertenecen a uno mismo, pero…eso ya son 10 mangos aparte.🙂
    Lo de gran escritor supongo será una broma. Lo de amigos está de más decirlo, cachorra🙂
    Va beso.

  4. Excelente nene. Me encantó. Me gustó mucho.
    Que lindas son esas sensaciones, no? Digo sensaciones como las de los protagonistas de la historia que escribís.
    Abrazo grande nene!!!

  5. Ey, yo espero el capítulo 3 :)!
    Lo más lindo que leí en este blog esta segunda parte!. Ya me robé el párrafo que más me gustó para tenerlo donde guardo cosas que leo, me gustan mucho y sé que en algún momento me va a gustar releer
    “Los dos éramos un montón de cosas vacías, sin sentido.
    y nos estábamos exorcizando el uno al otro.
    puedo decir, sin temor a equivocarme, que algo de nosotros se murió, al tiempo que otra parte de los dos se liberaba.”
    Es como esas cosas que uno sabe que las vivió y de repente se encuentra con las palabras justas que lo describen.
    Sí que podés ser un gran escritor!!

  6. Mauri: Qué lindo que hayas vuelto, loco…ya se te extrañaba.
    Gracias por pasarte por acá. Y sí, tenés razón; sentir esas cosas que crecen de a dos es tremendo. Una lástima que uno viva obsesionado con otras idioteces. Una lástima dejar de creer y renunciar.
    Un abrazo grande y fuerte, Mauri. De verdad verdad, gracias por pasar.

    Alessis: Ya hay parte 3🙂
    Me gusta la parejita que se formó. Son tal para cual..unos boludos bárbaros los dos, jajajjaa!
    No, hablando en serio; mirando la historia desde “pajuera” me doy cuenta de que algunas cosas mías van en ambos personajes. Algunos miedos, algunas inseguridades, quiero decir. Es raro eso. Es decir, fue raro darme cuenta. Qué va a ser…
    Gracias por lo de “gran escritor”, pero mmmmm….
    Va beso🙂
    Hastalademenciasiempre!

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