después


mujer

siguen golpeando,
después de tantos años,
la puerta, de mañana.

pregunta
por “la chica”
algún pajero,
algún calentón madrugador,
y yo le digo
“no es acá, es ahí al lado”,
y me acuerdo al toque
de cuando,
en ciertos lugares
horribles en los que viví
me golpeaba la puerta
algún pajero,
algún calentón madrugador
y preguntaba por “la chica”,
y “la chica” estaba ahí en mi cama,
“la chica” había dormido ahí a mi lado.

hoy ya no duermo
al lado de esas chicas
potentes,
misteriosas,
tan de nadie,
muy de todos.
ya no duermo.
el cerco de mi mente
me ha jugado en contra
y desperté
unos cien años
después.

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