Tarea para la casa


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No, a mí no me gustan los autos del Dakkar, ni sacarle fotos al morfi o al café cuando salgo a comer afuera. No me gustan los programas de televisión. No me gusta la televisión. No me gusta el televisor, ese adefesio cuadrado o rectangular que escupe posibles pasajes al escapismo más idiota. No me gustan las más de las películas que han merecido un Oscar. No puedo ni mirar esas superproducciones, big tanks que no muestran nada nuevo y son repetición de la repetición. No me gusta mirar culos por la tele, en la pileta o en el río esas extrañas veces que salgo de mi casa y me acuerdo de que existe el sol. No me gusta. Aún cuando mirar culos y tetas por la tele, en la pileta o en el río es el deporte más practicado del verano 2015. No me gustan las canciones que se cantan, ni la estación de radio FM Pedorcha Hits. No me gusta la música electrónica, ni el drone, ni el techno, ni nada que se parezca o que me haga acordar a David Cajetta o a Tieso. Empiezo a odiar a Norman Cook (a.k.a Fatboy Slim), aún cuando marcó la última etapa de mi adolescencia. No puedo soportar a los nuevos músicos de rock. Soy un no-músico de rock. No puedo soportarme. No puedo soportarlos. No entiendo ni a Paez ni a Sabina, histéricos del orto que no saben lo que quieren; no me gusta la gansada de Ricardo Jarana, Babel Pintos ni Garchano Pereyra. No me gusta la música que quieren que me trague a lo pavote, por la fuerza y no por gusto. No puedo. No puedo escuchar nombrar los restaurantes de moda, sucuchos de la mierda en donde te sirven un salmón del mes pasado con pimienta negra y pagás o pagás lo que te piden. No quiero oír hablar de varietales a imbéciles que jamás sabrán distinguir un syrah de un pinot noir. No quiero que me digan qué mierda es el bouquet pendejos culo sucio que recién comienzan a beber como es debido. Ya comienzo también a odiar el vino. 
No quiero saber nada con saber de nada. No quiero ser esto que soy. Quiero no pensar en nada. No quiero conocer lo que conozco. Desearía no haber visto lo que vi. La ignorancia es dicha. No quiero saber cosas que no sirven para nada. Que no ME sirven para nada más que para aislarme de la gente y de todo aquello que me gustaría hallar.
No me gusta ir haciéndome viejo a lo bruto, sin saber qué soy, qué estoy haciendo, adónde voy.
No me gustan las cosas que pienso, que estoy escribiendo. No me gusto yo cuando estoy así, de esta manera.
No me gusto yo.

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