Carta abierta a Dios

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“El círculo del cielo mide mi gloria,
las bibliotecas del oriente se disputan mis versos,
los emires me buscan para llenarme de oro la boca,
los ángeles ya saben de memoria mi último zéjel.
Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia;
ojalá yo hubiera nacido muerto.”

– del Diván de Abulcásim el Hadramí . Siglo XII-
(Jorge Luis Borges) 

Explicación de mi cansancio

…Y hablando de traidores, tengo todavía que soportar la demacrada, pálida y sufrida imagen de Nuestro Señor Jesucristo, clavado ahí en la cruz, herido en su costado, olvidado en la madera, demorado por averiguación de antecedentes… Yo te amaba, mi Dios, y vos ¿qué hiciste de mí? Apenas soy un paria en mi hogar propio, un loco que vive de ilusiones y no puede ver lo que sucede dos centímetros allá de sus narices, un tonto enamorado de la forma femenina, no ya en su máxima expresión, sino que ahora en todas sus variantes. Yo te hubiera dado todo, mi Señor y vos ¿qué hiciste de mi vida?. Hoy soy tan sólo otro producto de mi propia paranoia y siento que los hombres se han confabulado en contra mío, que ya nada puede liberarme de lo que ha sido escrito.
Los temores me inundan, me condenan otra vez, y tu gracia, la gracia divina que alguna vez me prometiste se disuelve en el centro de mi angustia. Y todo en pos de un sueño, mi Señor, tan sólo un sueño de ser libre como Vos… ¿Entenderás mi ira, Dios? ¿Entenderás mi rabia?
Recompénsame, pues; repara todo el daño que causaste a mi pobre corazón, este principito superstar, maxi quiosco abierto veinticuatro, salón de velatorios gratarola, este puto corazón que ya no te pertenece.
Y hablando de la ira, mi Señor; mirá que dejarme así parado en el centro de las sombras, no?
¿Qué fue lo que hice, Dios, para que decidieras mi infortunio? Yo te di mis años mejores, me desnudé de cuerpo y alma, investigué los orígenes del tiempo para poder estar más cerca de ti…y así retribuíste mi obsecuencia?
Mirá que abandonarme a la deriva, ¿no? Infame, traidor, ingrato.
Vamos, Señor,¿que, no me escuchas? Levántate de ése lugar de privilegio para el cual también contribuí con oraciones y plegarias, rompe las cadenas en las que, hoy por hoy estoy sujeto, dame un respiro que ya no puedo seguir así.
Desata los nudos de mi panza, extermina los miedos que me acosan, líbrame Señor de todo mal…

Yo te hubiera seguido hasta el final del tiempo, Dios, hubiera caminado sobre brasas si así lo hubieras permitido… Tres veces me morí, y tres veces volví a nacer esperando ver la cara de la ausencia.
Es demasiado volver y volver sobre mi conciencia rota…
Por qué me tratas tan mal, Dios mío? Por qué esta espera que prolongas y prolongas sin sentido?
Soy acaso yo el culpable de tanta desesperación que por ahí anda dando vueltas?
Mi barrio no es tan grande, mi Señor, y ni siquiera tengo celular, o un lugar adonde ir cuando estoy triste.
¿Adónde pertenezco? ¿Adónde iré a dormir?
Suéltame, libérame que ya no puedo seguir así, sin lágrimas. Degrádame si es una opción que te apetezca; haz de mi cuerpo un cerco cadavérico que sólo sirva como albergue a las brutales alimañas; castígame por fin; que mi sombra huya de mí si así lo quieres, pero no atormentes más a este pobre espíritu, sin paz y sin descanso…
Yo he vuelto a visitar tu casa, mi Señor. Entré furtivamente, como un ladrón envuelto en el sigilo, y sé que me observaste pero no quisiste verme.
¿Es que acaso soy tan inescrutable? ¿Cuál es la parte de mi vida que crees que te escondo? ¿Cuáles son los pecados que no adviertes? ¿Me habrás acaso perdonado?
Yo he vuelto a visitar tu casa, mi Señor, tu humilde casa. Pero, ¿por qué no cubres de oro también la mía? ¿Por qué vives pregonando la carencia de todo lo que tienes en exceso? ¿Es que acaso soy yo un tonto que no puede ver el lujo, las pieles y las joyas de las que te rodeas, y que darían de comer, y para siempre a dos mil Áfricas?
Yo he vuelto a visitar tu casa, mi Señor. Entré y salí en el mismo instante, tratando de entender por qué ya no era bienvenido. Entré y salí, como te dije, ahogado en ésta convicción definitiva de que me habías visto pero no quisiste verme.
¿Y por qué me ignoras todavía? ¿Es acaso demasiado lo que digo?
Ya no temo, mi Señor, no tengo miedo. Tenía que rezar, tenía mil reproches para hacerte, mil errores que marcarte, pero sólo me contenta hacerte ver lo mal que me has dejado, lo triste que me siento y todo lo que pienso cuando veo que la oferta más viable, hoy por hoy es claudicar.
Comprenderás que ya nada me conforma, y ya nada me consuela…comprenderás que es mucho más de lo que pido lo que en realidad preciso…comprenderás que te intimo a resarcirme por el daño ocasionado, y que no es una amenaza; ya sé de tu poder y de las huestes que te adoran; es sólo un acto de valor, de arrojo, un acto que quizás hoy te sorprenda pero que ya no podía esconder más, por todo el dolor que Vos me diste y por todas mis heridas…
Y hablando de traidores, sé que no eres Tú, que soy yo también quien ha fallado.
Me apego demasiado a mis afectos, pienso que en mí piensan y en realidad ya nada soy y nada valgo. Los hombres y mujeres a quienes brindo mi amor sin miramientos parecen hoy burlarse de todo lo que digo.
Ven a verme, mi Señor! Ven a verme si piensas que algo queda que pueda convencerte! Dame valor para aceptar esta derrota, la que busco y busco y parece no venir sino después de miles de dolores padecidos!
Y apiádate de mi, porque soy aquel idiota que jamás supo mentir, fingir, o de tener esa maldad que algunos merecían!
Levántate Señor! Sálvame Dios mío!
Sal de ese sepulcro en el que te puse desde que convencido de mi soledad, idiota comencé a tenerte cada vez menos en cuenta!
Levántate y demuestra que estoy equivocado, dame el sol que me negaste durante todos estos años; dame luz que no me queme en el verano y que me abrigue en el invierno, purga mis infiernos y sométeme a tu antojo, demuéstrame que mi destino alberga un poco de grandeza y que no soy sólo aquel mediocre que parezco, que también puedo brillar por cuenta propia.
Yo he vuelto a visitar tu casa, mi Señor, y pude recordar que alguna que otra vez me dejas respirar, me dejas aire, me pones un cartel de vía libre…
Y te crees que no sé que eso lo haces para no permitir que quede frente a frente a alguna decisión desagradable, alguna decisión que a la vez sería hermosa, pues lograría poner fin a esta larga cadena de dolores?
Compréndeme, Señor, necesito tu piedad, necesito de tu amor para poder seguir de pie en la vida, para no dejarme ir, para no caer de nuevo, para poder imaginar que existen aquellos otros días, poder imaginar que pronto habrá esos días, que estarás por fin aquí, a mi lado.
Qué fue de estar tan loco, de estar desesperado pidiéndote perdón, tratando de estar en plena gracia con Vos, Señor mío? Hace años que obvié pedir permiso para intentar vivir sin sufrimientos. Años ha que no confieso mis pecados más horribles, bah, los cotidianos, aquellos que parecen de rutina y sin embargo a Vos te significan un rápido descenso a los infiernos, previo paso por la “B” metropolitana, jugando con un grupo de inadaptados que sólo piensan en una alfombra, un césped más mullido y un balón que ruede entre sus piernas sin saber siquiera cuántos pares son tres botines. Años ha que no confieso mis pecados mas horribles. Y no temo. Sé que sabes los defectos la naturaleza excesivamente humana de tus representantes aquí abajo.
Sé que son tus operarios y que están todos en mi contra, pero a favor de todo lo que pienso o imagino. Y cuántos son aquellos otros, los obreros de tu amor, cuántos los que pecan y luego se sienten contrariados a la luz de la justicia?
Cuántos curas pederastas, cuántos son los bisexuales que andarán sembrando la semilla de ése mal que alguna vez por Vos también fuera creado?
Yo río, porque de cuando en cuando también tiras la piedra sin esconder la mano. Pero para todo tienes una excusa, eh? “Bendito seas, mi Señor. Si así lo quisiste, que así sea”, dicen los que más te creen. Yo también te creo y temo, mi Señor. Sólo que hoy estoy atravesando alguna crisis, simplemente no soporto los tormentos que escogiste para mí, me niego a aceptarlos.
Dame una carga más liviana, deja de pichulearme el alma o ayúdame a llevar esto que duele y me lastima.
Y dónde está la guita, mi Señor? He vivido suficiente tiempo teniendo demasiado poco. Dáme un cheque que me ayude a soportar ésta, tu cruz de otra manera.
No son tantas las situaciones del alma aquellas que me aquejan. Comprenderás que no son más que monetarias. Comprenderás que lo que hoy me asfixia es el espanto de estar vivo. Comprenderás que lo que irrita es que sé que nada soy hasta la fecha, la insistencia con la que me golpeas y la dureza del calvario que elegiste y que me diste sin siquiera preguntar hasta dónde estaba dispuesto a llegar con los insultos, las afrentas, tu soberbia.
Y bien, Señor, baja de una vez, enséñame que vives como el Verbo que predican tus empleados; demuestra que no todo es una parte de la vida misma, dame un descansito y deja de pasarme tus facturas por todos esos males que hoy habitan en tu mundo.
Que, no me oyes, braguillas? No captas el Spanish?
Dije: Fuera el pie de mi cogote, dame cinco minutos en La Paz, que me muero y no conviene, mi Señor; porque voy a ir allá a tu casa, y si nos llegamos a encontrar se va a poner feo… Va a ser desagradable nuestro encuentro…Voy a ajustarle las cuentas a tu cielo!

Señor: Tú, que en tu infinita sabiduría has elegido este camino de espinas y de sombras para mí, préstame el rastrillito y la palita. El balde no, que ya no lo necesito; déjame alisar este campito que, hoy por hoy estoy atravesando.
No me dejes caer en más tentaciones,por favor, ni me des más penas de las que ya estoy sufriendo. Haz que el eterno retorno hacia mi centro ya no sea tan definitivo.
Señor: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos sabrás escuchar a quien hoy acude a Vos desesperado después de tanto tiempo.Sé que no me dejarás partir sin haber alimentado, sin haber satisfecho estos requisitos que hoy te traigo.
Yo no te pido un favor, te estoy pidiendo lo que creo que por derecho me pertenece. Déjame descansar, déjame un ratito sin tener que hacer fuerzas para no llorar y dame garantías de que mi bienestar, y también el de todos los que amo vaya a ser duradero.
Cuídame ahora, no mañana.
O cuándo.
Ahora y en la hora de mi muerte, Amén.

(“…Y aunque vague por el valle de la muerte, nada temeré porque sé que he sido uno de los peores hijos de puta del valle.”)

Por siempre tuyo

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9 comentarios to “Carta abierta a Dios”

  1. La había leído una vez, en “por si tenés ganas…”, pero esta véz me impactó mucho más.
    Excelente, genial… me dejaste sin palabras.
    “que me muero y no conviene, mi Señor; porque voy a ir allá a tu casa, y si nos llegamos a encontrar se va a poner feo…” de lo mejor que he leído

  2. pensé muchísimo antes de volver a colgar esto en la web.
    sobre todo porque ahí está toda mi bronca, escupida en unas cuantas palabras atolondradas…
    qué bueno que te haya gustado, muchas gracias.
    un abrazo, Mauri.

  3. ¡Qué carta!… gracias por ser la voz de lo que muchos alguna vez quisimos decir 😉

  4. Luthien: Uh, gracias, che Luthien. Tuve mis cientos de reparos antes de postearla, pero bueh, se ve que pudo más la desesperación.
    Bienvenido, che Luthien.

  5. No sé que te ha pasado pero a veces yo le dicho al Señor cosas parecidas

  6. Qué te pasó?? dime y yo te contaré lo mío

  7. Dave: Te agradezco profundamente tu preocupación, pero ya no es necesario decirlo. sólo voy a indicarte que esa carta fue escrita hace muchos años, estando yo en una situación desesperante/desesperada. Por otra parte, yo no creo en alabanzas. Creo en el amor. Ése es mi único dios.
    Va abrazo fuerte.

  8. Quien no pidió la tan esperada/deseada paz? terminar con lo que nos atormenta y contamina, lo que esta en la ciudad, y asta en la misma familia, y guiándose solamente por el amor.
    Mas allá de esto, yo opino, que el sufrimiento es necesario, compañero hermano, por mas que duela, y se dilate en llanto, recordemos a Jesús que fue crucificado. Solo nos queda seguir luchando, y comprendiendo que solo con agua pan sobreviviremos como lo hiso Diógenes, que más, no necesitamos.

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