Archivo para mirando el cielo

ingenuidad

Posted in Shéneral with tags , , , , , on 8 junio, 2015 by nene

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pero,
mirá que sos jodida
vos y tus ambiciones,
que cuando estás en casa
en esas raras, memorables
y fugaces apariciones,
te tomás un par de mates,
me dejás todo
hecho un quilombo
y me decís
“ya me estoy yendo, grone”
y
“qué bueno que seamos
así, amigotes”
y te me mandás a mudar.
y yo,
que he sabido ser
la gloria del 10,
el embarazo de D10S;
yo, que soy el nene más colgado
el preso más fumeta
dejo todo entreverado,
sucio, desacomodado,
como para imaginar que todavía
no has cruzado esa puerta,
o has ido otra vez
al baño a mear.
pero,
mira que soy jodido, ¿no?,
yo con mis ambiciones
de acariciarte la mejilla,
encerrarme en la vergüenza,
de insultarte por careta
para que me empieces a odiar.
pero miráme qué jodido,
que hasta ahora no te dicho
lo boludo que me siento
si me llego a enamorar.

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Santa Lucía

Posted in Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral with tags , , , , , , , , , , , , , on 3 septiembre, 2010 by nene

Se llamaba Lucía. Me lo había dicho en la fiesta en la que habíamos estado, pero yo había intentado sacarme ese nombre del marote, porque a decir verdad no me esperaba mucho más. Lo había anotado ella misma, en el papelito que yo guardé sin mirar en mi bolsillo de atrás.
Lucía.

“Lucy. Me llamo Lucy. Decíme Lucy, dale…”, me pedía y yo me recagaba de la risa. Para hacerle la contra, le decía “Vení acá, Santa Lucía…”  y la apretaba contra mí. El Santa Lucía era por una canción que había escuchado cuando era un nene, en un disco de mi viejo. Una canción de Roque Narvaja que él siempre cantaba cuando andaba de buen ánimo.
Y ella se vengaba: “Santa Lucía? No te puede gustar Roque Narvaja, hijo de puta. Roque Narvaja les gustaba a mis papás”, me decía, riéndose también.
Y me besaba un rato largo. Y después me miraba.
Ya casi ni necesitábamos hablar.

Era tan inocente…
Bah, los dos éramos inocentes. Yo por ejemplo, creía que ella no sabía administrar la guita. Íbamos caminando por la calle y veía algo que le llamaba la atención en las vidrieras y “perá, perá, me decía, “que ya vuelvo”, y yo sabía que había entrado a comprar eso que le gustaba.
Nunca terminaba de entender si estaba tratando con una compradora compulsiva, una mina que tapaba todo tipo de carencias afectivas con cosas materiales. Yo había leído en una revista algo de la gente con problemas emocionales, que compra y compra para satisfacer las angustias mal cogidas. Y me había convencido de eso. Incluso había sacado mi propia conclusión: La gente estaba tan necesitada de vida, la gente vivía pocas cosas  tan poco ciertas
Y tenía que inventarse sensaciones. Buenas sensaciones nuevas.
Hijos de puta; los veía en los shoppings, los veía en el super y jamás lograba adivinar una emoción real en esas caras. Ni una. Jamás podía ver una cara que expresara algo de verdad.
Es decir; estaban tristes o contentos? Mierda, estaban gastando guita! Se suponía que tenían que estar felices! Se suponía que la guita hacía la felicidad, o al menos la compraba!
Pero era extraño. No pasaba así con ella.
Ella odiaba ir al super o a los shoppings. “Me siento incómoda. La gente está inventando poses todo el tiempo, y todo el tiempo está tratando de llamarte la atención”, decía suspirando .
Y en esa, yo le daba la razón, absoluta y totalmente. En eso estábamos de acuerdo los dos. Pero igual iba. Es decir, me acompañaba. Porque adoraba comprarme hamburguesas de Burger King o de Mc Donald’s y verme devorarlas.
“Vas a terminar muerto, gordo. Sin hígado o con cáncer en el cólon. Hecho mierda. Me vas a dejar sola y no hemos llegado ni siquiera a ser novios de verdad. Y ni hablar de vivir juntos…” Y se reía.
Le gustaba verme disfrutar.
Tardé un poco en darme cuenta de que el dinero, en realidad no le importaba. Jamás había visto a alguien como ella, entrando a una rotisería a comprar un poco de comida, presa de la histeria porque en la esquina había visto a un mendigo durmiendo en un zaguán. Así de desinteresada era, ojos celestes. Así de sensible era, Santa Lucía.
Lloraba desconsolada de emoción escuchando algunas canciones de los Beatles. Lloraba mucho escuchando “Happiness is a warm gun”. Yo de inglés, no entendía un carajo. No sabía qué mierda le pasaba. Los Beatles la sensibilizaban a morir. También se ponía triste si, caminando por la calle o en una plaza, veía a a alguna madre cagando a pedos a su hijo. Y lloraba. Todo la sensibilizaba a rabiar.
“Ves? Por eso yo no quiero tener hijos. A esta hija de puta, el pibe le sirvió los tres primeros años. Ya cuando creció y dejó de ser bebé, lo educa de la peor manera que se le ocurre. Con gritos.”, me decía cuando se le pasaba la tristeza y lograba apenas violentarse. Porque juro que jamás se violentaba.
Era tan inocente…! Y yo, que no lograba descifrarla!
Era triste. Era dulce. Y a veces, también era un poquitín violenta. Casi nada, bah.
Pero yo me estaba comenzando a enamorar de verdad.
Quiero decir; hija de puta, me cagaba de gusto que fuera tan tremenda. Tan de todo el mundo, pero a la vez, apegada tanto a las cosas chiquititas que yo era.
Yo jamás iba a poder ser gran cosa para ella.
Por ejemplo, yo no lograba arreglármelas muy bien para las cosas fuera de mi casa. Me daban fobia las personas. No podía mirar a un extraño a los ojos. No lograba despegar. La gente tenía una armadura que yo no podía ni quería atravesar. Ojos celestes me decía que esos eran los más débiles, los más vulnerables.
Igual, yo prefería estar en casa. Ella me ayudaba un poco. Venía a limpiar y me ordenaba los discos, las revistas. No era muy buena en lo de limpiar pisos, y yo le decía que se dejara de joder.
“Vos harías lo mismo por mí. Si supieras hacerlo, mugriento de mierda” me contestaba entre enojada y divertida.
Y cruzaba los ojos, sacaba la lengua y guardaba mi ropa sucia en una bolsa de consorcio.
Y se la llevaba a la casa de sus padres. “Nosotros SÍ tenemos lavarropas. La vamos a lavar y a perfumar, qué te parece?”, me sugería, tratándome como trataría a un nenito de primaria.

“Sssssi mamáaa…”, le contestaba.

Yo había vivido sin conciencia de mi ropa o de mis hábitos. Nunca me daba cuenta si algo estaba fuera de lugar.
Y Santa Lucía me estaba comenzando a hacer un poco gente.
“Pero Lucy, la mona, aunque se vista de seda…” comenzaba a decir yo…
“…mona quedarás!”, completaba la frase, resignada. “Eso lo decía mi abuela, viejo choto. Me hartaste, me voy. No te soporto. Por hoy no quiero verte más”. Y en efecto, se iba, cerrando de un portazo.

Yo me había escapado de mi casa hacía mucho tiempo, peleado con mis viejos. Yo era libre. Yo era really punk. Yo era más de Lou Reed, de Waits, de los discos de Invisible o de Pescado. Yo jugaba en el equipo de Tarzán. Yo era really motherfucker.
Y ahora, ojos celestes, Santa Lucía, estaba comenzando a hacer de mí un animalito de costumbres.
Y entonces, pensaba en el cuento “El principito”, de Antoine de Saint Exùpery. Pensaba en el capítulo ése, en donde aparece el zorro y habla de cómo la gente logra apegarse a ciertas cosas.
“Pero El Principito es de maricas!”, me gritaba a mí mismo algunas veces, ya estando solo y en silencio.
Y me iba a dormir sin entender ni mierda, qué carajo me pasaba.
Estaba claro como el agua.
Yo era un pelotudo.

Y era cierto. Me estaba comenzando a enamorar de verdad.

…y lo demás también

Posted in Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral with tags , , , , , , , , , , , , , , on 31 agosto, 2010 by nene

el chofer frenó a mitad de cuadra y el colectivo suspiró como suspira un animal que está al borde de la muerte.
a esa hora de la noche iban pocos pasajeros. pocas almas andaban a esa hora por la calle; algunos laburantes que volvían a sus casas, pendejos que salían de los bailes, dos o tres boludos como yo, que cada vez que no encontraban nada provechoso en qué gastar el tiempo, se trepaban a un bondi cualquiera y se iban de una punta de línea hasta la otra. “nadie se debe mirar a los ojos ahí arriba”, pensé yo. y sabía bien que era verdad.
las puertas de atrás se quejaron en un ruido metálico y ella bajó de un salto, sonriendo.
era raro; acabábamos de despedirnos, acabábamos de coquetear con la posibilidad de volvernos a encontrar.
en mi bolsillo de atrás tenía un papelito con su nombre y su teléfono. yo no lo había querido mirar. prefería descubrirla poco a poco, si alguna vez lograba animarme a llamar.
apuré el paso hasta donde estaba ella. creo que yo también sonreía. ninguno de los dos podía hablar.
“por qué bajaste?” , pregunté desviando la mirada. no lograba enfrentar sus ojos. tenía miedo de volverme a enamorar.
me sentí raro. traté de poner mi atención en otras cosas, en los autos que pasaban, en los ruidos que se escuchaban desde la avenida a un par de cuadras, pero ella era como un puto imán.
“no sé. sentí la necesidad de estar un rato más con vos. o no. o a lo mejor tenía ganas de irme caminando a cualquier lugar”.
ella era linda. era más linda de lo que me había parecido en un principio. ya no tenía puestos esos anteojitos espantosos, y las luces de la calle hacían que sus ojos parecieran más grandes, más celestes. me sentí bien. y sentí que ella estaba bien conmigo, andando así, a mi lado. me sentí really motherfucker. me agrandé y comencé a cancherearla.
ya estaba comenzando a pelotudear.
“bah, me gustabas más cuando no te ponías la carcasa”, me dijo al rato. y yo volví a ponerme rojo de vergüenza.
“ves? sos más lindo cuando no la careteás”
ell tenía razon en tantas cosas…! yo no servía para mantener una conversacion inteligente. me gustaba más hablar de los colores de las cosas, o tumbarme en el césped de una plaza, a mirar las nubes y encontrarles formas tontas. hamacarme como cuando era nene. no; en realidad, hamacarme como cuando era adolescente. porque en realidad, yo de nene no habia aprendido a hamacarme. aprendí de adolescente. estaba recuperando el tiempo perdido en las hamacas. y lo disfrutaba a rabiar.
también me gustaban los helados de limón en el verano, y en invierno tomar bebidas fuertes si me hacía mucho frío. en realidad, yo prefería no hablar. la gente creía que yo era medio idiota. y yo me asumía como un idiota total. pero en realidad, yo ya sabía algo que ellos jamás entenderían. yo sabía que las caretas se caían. y que después de caretearla no quedaba mucho más.
así que ahí estaba yo, a esa hora de la noche, caminando con la chica más bonita, por un barrio que ninguno de los dos se conocía de memoria. riéndonos de todo. dándonos la mano al cruzar la calle. puteando a los autos que aceleraban para pasar rápido por las esquinas. diciendo todo y nada. intentando conectar.
me contó acerca de sus cosas. padres separados. estudiante de psicología. rebelde en la secundaria. nunca había jugado a las muñecas. le gustaba más jugar con camioncitos o patear una pelota con su papá. ir a la plaza y quedarse un rato largo, colgada de las piernas, al revés en el pasamanos. ahora, de grande, le gustaban otras cosas. las películas de Kubrick. los discos de Spinetta. la marihuana. al alcohol no lo podía pasar. me contó también que no tenía ganas de ser madre. que los chicos le causaban mucho dolor, mucha tristeza. que el planeta no estaba preparado todavía, para tener tanta gente encima. que las personas habían aprendido mejor los jueguitos de la guerra y de los odios. que eso ella no lo podía soportar. en eso yo le daba la derecha. el planeta no era un buen lugar para habitar. pero íbamos a tener que acostumbrarnos. no había otro lugar para escapar.
tenía algo en la mirada que era la desesperación misma. es decir; la mayoría de la gente se obsesiona con cosas pequeñitas. otros se obsesionan con estar preparados para el día de mañana. y yo caminaba al lado de una chica obsesionada con lo que iba a pasar en doscientos o trescientos años más.
era dulce. era inteligente. me costaba creer lo que escuchaba. que a veces, cuando se sentía muy sola, se quedaba en el patio de su casa y recordaba los días de su infancia. que había sido muy feliz, pero que había cosas en todas las personas que a ella definitivamente no le gustaban. que todo el mundo parecía estar actuando. que no aguantaba el mundo. que no lo podía aguantar. que a veces sentía muchas ganas de irse lejos. de no estar.
yo no había sido muy feliz, cuando era nene. y me puse a llorar. en silencio, tratando de que ella no me viera. yo era muy boludo. se había dado cuenta.
“estás llorando?” y se rió como una loca. “lo que te dije era una broma!”
acercó muy suavemente su dedo índice, al lugar por donde iban bajando mis lágrimas lentas y las secó sonriendo y en silencio. y después me besó en la boca.
era súper violenta para besar, aunque su lengua era la cosa más dulce que yo había probado en mi vida.
se apretaba contra mí, como diciendo, como pidiendo que yo la protegiera. de qué? no sé. pero yo apenas sabía cuidar de mí mismo. estaba en un problema.
“ya está? se te pasó la mufa, ya?” me preguntó después del beso más largo de la historia.
y me llevó a mi casa. es decir, me ordenó que fuéramos a mi casa.

podría decir “me la cogí”. podría decir que me cogió. podría decir “cogimos”.
pero no.
hicimos el amor de la forma más dulce que jamás hubiéramos podido hacerlo. los dos teníamos toneladas de cosas dolorosas dentro. los dos éramos un montón de cosas vacías, sin sentido.
y nos estábamos exorcizando el uno al otro.
puedo decir, sin temor a equivocarme, que algo de nosotros se murió, al tiempo que otra parte de los dos se liberaba.
hicimos el amor.
ojos celestes, la chica más bonita que conocí en mi vida, de una forma dulce, pausada y repleta de promesas, me había hecho el amor.
y nos dormimos.
ella se durmió a mi lado. yo me dormí al lado suyo. o en todo caso, eso ya no nos importaba.
habíamos muerto, cada uno en brazos del otro. y habíamos nacido de nuevo, esa noche.
yo era ojos celestes. ojos celestes era yo. una sola alma en el cuerpo de los dos.

y también la d’artagnan

Posted in Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral with tags , , , , , , , , , , , , , on 29 agosto, 2010 by nene

tenía toda la pinta de haber leído a dostoievski, y de entretenerse mucho con, sartre, poe, cortázar y con todo lo demás. tenía unos anteojitos espantosos que no alcanzaban a cubrir unos ojazos divinos, celestes como el cielo, y yo que me perdía cada vez que la tenía que mirar.
esa noche había ido, arrastrado por un amigo, a una de esas fiestas en las que se junta todo el mundo; esa clase de gente que miro desconfiado porque no sabés muy bien cuándo te están tomando el pelo y cuándo te hablan con sinceridad.

es verdad; yo no he aprendido nada. nunca me interesó aprender nada en absoluto. nunca leí lo suficiente, y me conformaba con lo poco que había leído. no libros. sí revistas. condorito, por ejemplo. para mí, condorito estaba bien. alguna que otra nippur y alguna que otra d’artagnan cuando era nene. ah, y los libros de la escuela, que agarraba cuando estaba por rendir, para estudiar.
pero saber saber saber, yo no sabía nada. y eso para mí estaba más que bien, no era pecado. y me liberaba de tener que hablar por hablar.
así que en esa reunión me sentía un poco incómodo. algunos fumaban marihuana. otros tomaban cerveza, directamente desde el pico, o alguna que otra cosa, preparada con vaya a saber qué mierda. todo el mundo se sentía bien. todos la estaban pasando bien. excepto yo, que no encontraba a nadie que hablara de los temas que en realidad me interesaban. aunque pensándolo bien, pocos temas de conversación me interesaban. la gente se preocupaba mucho por parecer extremadamente inteligente cuando hablaba, ya fuera que estuvieran en la cola de algún banco, o esperando el colectivo, o en la vereda o en un bar. las personas parecían perder poco a poco la capacidad de asombrarse por pelotudeces: la luna escondida entre las nubes, los gatos cogiendo en las terrazas, las tormentas eléctricas, el desgano de la gente en los feriados, el ritmo lento de los fines de semana. todos estábamos nadando en un océano de cosas importantes, y a nadie parecía interesarle lo demás.
lo común. lo cotidiano. lo normal.
así que los temas de conversación entre esa gente eran la aridez absoluta para mí. dostoievsky. poe. borges. bioy casares. cortázar. darle palos a garcía máquez y algunas otras cosas más.
aunque la música estaba bien. era buena. música de verdad. ponían discos de lou reed, de cave, de waits; cosas que yo ya había escuchado y disfrutaba. pero ellos discutían acerca de las letras. y yo de inglés entendía sólo el gud mornin y otro par de cosas sueltas. la música me gustaba, justamente, porque era música. no por lo que decían en sus letras, esos pajeros millonarios que se las daban de linyeras. me gustaba la música. a los autores, directamente no los podía soportar.

“dios mío”, pensé, “aquí hay por lo menos treinta aspirantes a eruditos y yo no sé siquiera cuántos pares son tres botas…”

así que decidí mandarme a mudar a algún lado a despejarme. no encontraba a nadie interesante y el humo me mataba. y ya iba de salida. pero en ese mismísimo momento, la ví entrar.
es decir; no es que “la ví entrar”. ví sus ojos. celestes como el cielo. ví sus ojos y desapareció todo. ví sus ojos y absolutamente nada más.
creo que se dió cuenta de lo boludo que me sentí en ese momento, porque sonrió y levantándo las cejas en arco me dijo despacito “te vas a caer de culo si seguís retrocediendo. detrás tuyo tenés un escalón”. sentí al toque cómo la sangre me subía hasta la cara y me dí cuenta de que estaba rojo de vergüenza. no encontraba en mi cabeza qué carajo contestar. me salvó ella misma, preguntándome mi nombre y amigo de quién era, qué hacía ahí y qué había de tomar. no me quedó otra que presentarme y de paso, hacerla conocer el lugar.
una vez terminados los saludos, los abrazos, los besos y los “cómo estás”, decidí que se había terminado mi tarea, y decidí que ojos celestes era una más del grupo y que no me convenía meterme en territorio sin explorar. así que encaré para la puerta.
algo me detuvo. era ojos celestes que me preguntaba “cómo…ya te vas?”. y qué decirte, fue tan dulce el “ya te vas?”, sonó tan bien a desilusión que fue la gloria para mí. inventé una excusa pelotuda, creo que dije que me esperaban por ahí, pero ojos celestes me agarró de la manga y me llevó de nuevo al patio, en donde circulaban porros, cervezas y no sé cuántos tragos más. así que me banqué un ratito la re-unión social. me quedé sentado en un rincón mirándola de a ratos, y me gustaba que se diera vuelta y que me hiciera caras. cruzaba los ojos. deformaba la boca. me sacaba la lengua. me gustaba mucho más. yo no fumaba marihuana. había dejado el trago hacía poco. no fumaba casi nada. me sentía un extraterrestre. no lo iba a a aguantar por mucho tiempo. me sentía forrest gump.
en un momento, ojos celestes se levantó y comenzó a decir “chau” a todo el mundo, diciendo que se iba. esto se estaba comenzando a terminar. ojos celestes y toda su hermosura, se estaba comenzando a terminar.

“vos que sos buen anfitrión…me acompañás a la parada?”, me dijo cuando pasaba cerca mío.

otra vez me quedé duro. inmóvil, como estatua. congelado. sin contestar.
así que me tiró otra vez de la manga  y me arrastró hasta la vereda.
dos cuadras, a tomar el N5.

“che, perdoná que sea metida, pero…de verdad te gustan estas fiestas?”, me preguntó agarrándose de mi brazo, esquivando las baldosas, flojas en la vereda descuidada. lo de las baldosas flojas me gustaba. las saltaba apenitas, como hacen los nenes los días de lluvia.

había algo que yo no podía cazar. por momentos me parecía caminar con una adolescente. por momentos parecía que estaba caminando con una mujer de 50 años de edad.
“y…la verdad, me siento un poco pelotudo” fue todo lo que pude contestar.
y llegamos a la parada del bendito N5.
sacó una lapicera y un papelito chiquitio de su bolso y me escribió su número de teléfono.
“es el de casa” me aclaró. “yo no uso celular”.
y yo no alcancé a decirle nada, en trance como estaba. ella me besó en los labios, un beso chiquitito. y ese beso chiquitito me hizo temblar las patas como a un chico.

“sabés qué?” me confesó, hablándome al oído “yo también odio esta clase de reuniones pelotudas. todos sumamente inteligentes, todos asexuados. todos fanáticos del jazz. dostoievski? sartre? poe? cortázar? poe me parece un borracho pelotudo, cortázar me tiene las tetas infladas y a dostoievski nunca lo entendí y no lo puedo soportar. prefiero el condorito, aunque te burles. y cuando era una nena, leía mucho la nippur. y también la d’artagnan”.

y extendió el brazo para que frenara el fercho del bondi, que venía medio dormido, con la mona a todo culo en la radio. y el fercho le recibió el cospel sin ganas, casi sin mirarla y yo pensé  “qué suerte. si la mira a los ojos, capaz se enamoraba”.
y me fui. caminando despacito.
en dirección a algún lugar.

Rockaway Beach

Posted in El mismo verso, Lo siento, Música, Relatos, Shéneral with tags , , , , , on 15 agosto, 2010 by nene

Almorcé dos bollitos de pan con queso. Con gin tonic.
Peor. Cené una ensalada. Con whiscola.
Podría decir que está haciendo mucho frío. Podría agregar que es el frío, lo que me pone pelotudo, y que no puedo hacer otra cosa que enroscarme en sábanas y colchas y dormirme todo el día. Pero ya estoy sabiendo yo que sería mentir al pedo, decir eso.
Pasan cosas.
-“Esto se está poniendo movidito“- , como decía el Japo cuando llegaban los camiones y había que empezar a revolearse cajas, cajitas y cajones por el mate.
Esto se está poniendo movidito.
Pero extrañamente, ahora es al revés.
Suceden cosas. Hay cosas. Vienen cosas. Cosas que no alcanzo a comprender; que me suceden y que no alcanzo a comprender. Cosas que hasta ayer yo acariciaba como a la final de algún mundial de fulbo, cosas que me resultaban lejanas, imposibles, difíciles de abrazar en esta vida.
Imposibles de palpar.
Es mi viejo (un tipo que jamás espera nada de absolutamente nadie) el que me manda un mensajito que me avisa: -“Suerte. Una vecita tenía que tocarte!”-.
No alcanzo a entender del todo por qué mierda es que lo pone. Cosas buenas a mí.
Mi corazón se pone como loco. Late fuerte, el hijo de mil putas. Galopa a mil, como un caballito que viene desbocado. En ese mismísimo momento, ni me atrevo a preguntar qué carajo es lo que pasa. Pero como intuyo que las cosas van medianamente (o muy) bien, como intuyo que en mi vida, por primera vez hay algo que está saliendo bien, me mareo y ya la náusea me gana la boca del estómago y va subiendo hasta el esófago.
Cosas buenas. Qué joder. Es muy fuerte saber eso. En un instante se me vienen a la mente, en línea recta y como un sueño, aquellos días no tan tan lejanos, muy recientes. Se me vienen las cosas que viví; la mayoría no tan buenas. Y también las buenas que encontré entre tanta mugre. Se me vienen los espejos enfrentados. Las navajas afiladas. Alejandrito encerrado, o golpeándome la puerta de la pieza. Yo con una bolsa en cada mano. Las escapadas del Chino, hasta Barrio Maldonado. El truco-quieroretruco-quierovalecuatro, siempre alguien que se zarpaba haciendo trampa. La escapadita hasta la casa de la curandera (que cómo se llamaba?), cerca del Cemeterio San Vicente, allá en el barrio. La suerte que me daba escucharla cuando hablaba. Cómo me tranquilizaba. El Negro Rojo cagándome la espalda en el mercado. Las bolsas de papas o cebollas. Las medias reses en los hombros, casi casi a la altura del cogote. Las cajas de cajas de zapatos.
Se me vienen hasta el mate, en fila india, la piecita de la calle Belgrano, la de Lima al fondo, la de Rodríguez Peña (la peor). La de Barrio Observatorio, la de San Vicente, casi llegando hasta Altamira, la de…uh, ya no me acuerdo. Qué pesado.
Cosas buenas.
Por eso estoy así, medio tarado. Almorzando bollitos de salvado. Con queso. Con gin tonic. Cenando ensaladitas con whiscola. Livianito, antes de rajar al trabajo.
Por eso recibo a mis hijos en mi casa y casi siempre suenan discos de Cerati, o de Spinetta con su “Artaud”, el último de Pescado. Por eso me banco el reggetón, el drone, el trance y todo lo que nunca entenderé. Las cosas que me pasaron por al lado.
A la mierda las revoluciones. A la mierda los dioses, las “pendejas” de más de 39, Tacuarembó casi al fondo, que golpeaban a mi puerta, a las 10 de la mañana, para tomarse mi café y seguir después camino hacia el trabajo. A la mierda las canciones tristes de Lou Reed y los libros de Bukowski. A la mierda los discos de Morphine. A la mierda Goldfrapp, los malos instrumentos. A la mierda sobre todo con las cosas que no quiero. A la mierda lo que ya no aguanto. El sabor amargo. Los amores rancios. O al revés: Los sabores rancios. El amor amargo.
Suenan discos de Cerati, o algún disco que hace mucho que no escucho, como Spinetta con su “Artaud”, el de Pescado. Y me banco a muerte el reggetón, el drone, el trance y todo lo que nunca entenderé. Me banco aquellas cosas que me pasan sin aviso por acá, por el costado.
Mi corazón se ha puesto más violento que la mierda. Mi corazón no entiende nada. Y galopa como un puto caballito desbocado.
Cosas buenas.
No le importa un carajo lo que digo. A mi corazón le va mejor “Rockaway Beach” de “The Ramones”. A mi corazón le gusta la violencia. Hacerse un pogo en solitario.
Qué bueno que sería que volvieras, de donde quieras que hayas ido, adonde quiera que hayas viajado. Qué bueno sería que vinieras a verme de una vez. Y animarme a llamarte y a contarte esto que pasa, lo que hoy me está pasando. Qué bueno sería cantarte:-“Treintaicinco son mejores”-.
Y mostrarte por fin mi corazón violento, violentado.

little sister

Posted in El mismo verso, Lo siento, Otras cosas, Shéneral with tags , , , , , , , , , , on 6 agosto, 2010 by nene

a hermanita S.V.V.

no no no no no,
no esperés amigos en el centro
que te acompañen hasta casa
cuando todo salió mal;
no existe el alma hermosa
que te guíe hasta tu cama,
que te acompañe hasta tu cama
cuando todo lo que has hecho
es vomitar
y vomitar
y vomitar en ese bar.
no existen los amigos
cuando ves todo deforme,
cuando ves que te estás yendo
y te vas,
te vas,
te vas;
nada puede traerte acá de vuelta,
ya no hay sitio para vos acá,
ya no hay lugares,
no hay asientos disponibles.
para vos, ya no hay lugar.

decíme: es verdad que estás tan mal?
decime: es verdad que caminaste
por todos esos sitios
que me marcan tus heridas?
decime quién carajo fue
el que te hizo
tan dura y desconfiada,
tan cínica?
decíme, hermanita:
quien fue el que lastimó tu corazón?
quién fué el que masticó tu realidad?

(yo sigo pensando que el amor no existe como tal, como ya te repetía aquellas veces. sigo pensando que sólo estan las voluntades que se juntan y que un buen día como tantos, finalmente se acostumbran. otro circo de mentiras y de excusas y de dudas, otro circo para querer creer que sí, que existe un sentimiento un poquitito más allá. y sigo pensando que sólo existe el hombro que se pone sin dudar.)

pero no no no no no;
no esperes ni amigos
ni paz, ni amor divino.
no esperes ese bondi
que creés que va a pasar.
ya no existe ni el perdón
ni los castigos;
todo ahora es fuego amigo,
el dedo acusador
de los que dicen
que te quieren,
y que saben
qué medicamento recetar.

seguís viendo todo mal?
hermanita; vos ves todo deforme?
no pensás
que ya es momento de parar?

dame la mano:
yo te ayudo a que no duela
dejar de delirar.

3AM

Posted in El mismo verso, Lo siento, Música, Otras cosas, Shéneral with tags , , , , , , , on 11 julio, 2010 by nene


Hoy a las 19:30hs. en Club R, sito en Avenida Julio A. Roca 457, se presenta 3AM-Revista Cultural de Córdoba, cuyo primer número es (al menos como leí en la tapa) de distribución gratuita.
La entrada al evento va a ser gratis; sólo se pedirá la colaboración con un alimento no perecedero para ayudar al Comedor de Barrio San Vicente.

Que por qué les cuento esto?
Les cuento esto porque estoy más contento que la mierda con la revista, que se ha atrevido a publicarme “Los Audaces”, un texto que también pueden leer acá mismo, lo cuento porque estoy más contento que la mierda, porque todo emprendimiento cultural sirve y es bueno y hace bien, y lo cuento porque estoy más contento que la mierda, porque he podido utilizar la palabra “sito” por primera vez en mi vida.
Así que los que quieran ir a hacer el aguante, ahí estará esperándolos la gente de Revista 3AM, con proyecciones de cortos de realizadores cordobeses, guirnaldas, confeti, globos, sorpresas y todo eso que hace amena la presentación de una revista cultural independiente (o Racing). Yo ya dije que más de 8 personas, para mí se traducen en fobia, pero veré de clavarme unos traguitos primero y después mandarme de uan.
Estaría bueno verlos, che.
Y de más está agradecerles sus felicitaciones. Y un millón de agradecimientos más a la 3AM por publicarme. Recuerden, es a las 19:30hs.
Va abrazo.

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