Archivo para te amo

aquí todavía

Posted in Shéneral with tags , , , , , on 10 marzo, 2014 by nene

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cuáles serán las palabras adecuadas
para decir que extraño tus llamados,
casi siempre a las nueve de la noche
cuando ya iba de salida?
me retenías un rato largo
riéndote de nada,
cuestionándome el almuerzo,
las meriendas,
la forma sobrehumana que tenía
y que tengo
para apegarme a laburos de nada,
a esclavitudes de nada,
a sueldos de nada,
a sueños de nada.
mirá qué chiste, vieja;
yo que tanto renegaba
y te decía de mi apuro,
hoy quería hablar con vos
de lo mucho que hacés falta,
de la necesidad de verte,
de escucharte una vez más,
de pedirte unas palabras
cuando sé que estoy pifiando,
de las ganas que tengo
de comparar los tics que me han quedado,
tan copiados de los tuyos:
la forma de acariciar el mantel
mientras charlábamos,
la forma que tengo de rascarme la cabeza
cuando algo me preocupa,
la frase “yo ya conozco el paño”
cuando empiezo a desconfiar…

son tantos los recuerdos que me asaltan…!
son tantas las cositas lindas
que vuelven hoy acá…!

espero que andes como siempre,
cerquita cuando caigo.
espero que me guíes.
ya sabés, nunca aprendí a ser muy fuerte;
sólo supe y sé andar derecho,
así como dijiste que hay que caminar.

mamá, hacéme digno de escribir
una sola línea de estas que te recuerdan.
ayudáme si es que no puedo continuar!

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Posted in El mismo verso, Lo siento, Música, Otras cosas with tags , , , , , , on 20 junio, 2011 by nene

vas por donde
aquella nada vuelve el gris
hacia un cielo sin razón
que se dice y que se invierte.
tomás el cauce
del deshielo, y de sus ríos
se hace un nuevo amanecer.
-“quema! quema!”-,
gritan asustadas,
en el patio las guagüitas.
-“y yo quién soy ? yo quién soy?”-,
les respondo,
oscilando acobardado.

ya no sé pensar más
mundos que éste,
el que te siento.
ya no sé callar,
soñar o estar despierto.
tal vez
me esté obligando
a mí mismo a comenzar.

plegaria

Posted in El mismo verso, Lo siento, Otras cosas with tags , , , , , on 26 mayo, 2011 by nene

“dame la atrofia de tu sierpe,
tu clítoris de sal,
abismo en vela.
yo lo recorreré de arriba abajo
con la imaginación,
con el tacto, con la lengua.
dame la fosa horrible,
extraña y adorable
en donde entierras
los mil vástagos que no.
dame el sabor dulce de tus pechos,
tus manos frías,
tus músculos de arena

en perpetua lasitud.

dame la risa más fingida,
las mentiras más osadas,
tu eterno disfraz,
el que mejor nos queda.
dame la rugosidad perfecta,
la textura de tu lengua.
la forma de tus pies,
los muslos,
la contracción,
el ano alerta.
dame mil vacíos
que aún quieras llenar,
dame el odio que me tengas,
dame insultos
y la desesperación,
dame una guerra.

dame la sierpe innominada.
tu clítoris de sal:
el mar es un vómito azul
que reverbera.”

yo te ofrezco

Posted in El mismo verso, Lo siento, Otras cosas, Shéneral with tags , , , , on 7 marzo, 2011 by nene

yo te ofrezco este hombre nuevo que yo soy,
estos huesos y este cuero que yo soy,
esta persona nueva que yo soy,
este montoncito de verdades que yo soy.
no para que lo modeles, sino para que lo sostengas,
para que lo aceptes, no para que lo comprendas,
para que lo serenes, no para que lo domestiques
o lo reprendas.

te ofrezco también
calma cuando dentro tuyo haya tormentas,
la mano que te lleve cuando el camino no aparezca,
la palabra justa y el silencio también, cuando el momento
lo merezca,
el mutuo entendimiento, el respeto, el cariño, el entierro
de todas las ofensas;

yo te ofrezco para siempre
mi vida,
mis mañanas,
mi cuerpo,
mi conciencia.

porque te amo.

no por todo lo que
das,
sino por todo lo que
por vos
soy capaz de resignar.
no por creer que a tu lado
ya no habrá más lágrimas,
sino por todas las lágrimas que
por vos
soy capaz de derramar.
no por tu sonrisa
increíble,
sino por todas las sonrisas de las que,
desde que te conozco
soy capaz,
no por haberte conocido, sino por todo lo que
de vos me
queda conquistar,
no por tu corazón inmenso,
amable,
sino por todo lo que
por vos
soy capaz de amar.

Te amo.

Y eso,
al menos,
algo tiene que significar.

angel

Posted in El mismo verso, Lo siento, Shéneral with tags , , , , on 17 noviembre, 2010 by nene

-“cantáme una canción”-,
me dijo.
-“el día está cerca y tengo miedo;
los mismos fantasmas se agitan,
sobre mí, sobre nosotros
y las sombras me amenazan
con silencios.”-

yo escuchaba sin hablar.

-“mandáme cartas,
escribí poemas”-,
me pidió.

yo pensé en llevarme
sus miedos y el silencio,
dormirme tenso junto a ellos
y despertar después, sabiendo
que se han ido lejos,
que no vuelven.
 que jamás existieron.

son tan cortos los trayectos,
y es tan fácil el recuerdo…!
las culpas ya no están
los reproches ya no sirven.

hay sobre nosotros
un angel verdadero.

crónica

Posted in El mismo verso, Lo siento, Relatos, Shéneral with tags , , , , , , , , on 9 septiembre, 2010 by nene

la crónica marciana
del inicio de este siglo,
de mediados de semana,
nos dice que dos piedras
de unos diez metros de largo
le pifiaron a la luna
por dos o tres pelitos
cuando iban de pasada.
la crónica pesada
de este miercoles de mierda
nos trae a la memoria
que hace veinte años, los nenitos
del poder semi feudal
le pasaban la boleta
a María Soledad, en Catamarca.
que los treinta y tres de mano
que están presos
en la panza de la tierra vieron fútbol;
dos a uno en el partido
que la roja se jugaba contra Ucrania.
que Cerati de seguro
va a tener un grammy nuevo
en la vitrina de su casa.
pero duerme
el sueño pecador de los más justos,
y ni cuenta se va a dar
cuando el puto videograph
lo anuncie en la pantalla.
que por vez primera es ley
la ley de medios,
que por vez primera es ley
que lo público sea público
y que no le pertenezca al pay per view
de una o dos empresas
monopólicas,
privadas.
que la primavera es cada vez más primavera,
que los días son más tibios,
que las noches cada vez menos heladas.

y nadie dijo
y nadie escribió nada del dolor,
del espanto o de las lágrimas.
y nadie dijo
y nadie escribió nada
de las cosas que sentí
cuando tuve que mirar aquellas fotos:
su mejilla pegada a tu mejilla.
sus ojos enfrentados a tus ojos.
su cara bien cerquita de tu cara.

Santa Lucía

Posted in Lo siento, Otras cosas, Relatos, Shéneral with tags , , , , , , , , , , , , , on 3 septiembre, 2010 by nene

Se llamaba Lucía. Me lo había dicho en la fiesta en la que habíamos estado, pero yo había intentado sacarme ese nombre del marote, porque a decir verdad no me esperaba mucho más. Lo había anotado ella misma, en el papelito que yo guardé sin mirar en mi bolsillo de atrás.
Lucía.

“Lucy. Me llamo Lucy. Decíme Lucy, dale…”, me pedía y yo me recagaba de la risa. Para hacerle la contra, le decía “Vení acá, Santa Lucía…”  y la apretaba contra mí. El Santa Lucía era por una canción que había escuchado cuando era un nene, en un disco de mi viejo. Una canción de Roque Narvaja que él siempre cantaba cuando andaba de buen ánimo.
Y ella se vengaba: “Santa Lucía? No te puede gustar Roque Narvaja, hijo de puta. Roque Narvaja les gustaba a mis papás”, me decía, riéndose también.
Y me besaba un rato largo. Y después me miraba.
Ya casi ni necesitábamos hablar.

Era tan inocente…
Bah, los dos éramos inocentes. Yo por ejemplo, creía que ella no sabía administrar la guita. Íbamos caminando por la calle y veía algo que le llamaba la atención en las vidrieras y “perá, perá, me decía, “que ya vuelvo”, y yo sabía que había entrado a comprar eso que le gustaba.
Nunca terminaba de entender si estaba tratando con una compradora compulsiva, una mina que tapaba todo tipo de carencias afectivas con cosas materiales. Yo había leído en una revista algo de la gente con problemas emocionales, que compra y compra para satisfacer las angustias mal cogidas. Y me había convencido de eso. Incluso había sacado mi propia conclusión: La gente estaba tan necesitada de vida, la gente vivía pocas cosas  tan poco ciertas
Y tenía que inventarse sensaciones. Buenas sensaciones nuevas.
Hijos de puta; los veía en los shoppings, los veía en el super y jamás lograba adivinar una emoción real en esas caras. Ni una. Jamás podía ver una cara que expresara algo de verdad.
Es decir; estaban tristes o contentos? Mierda, estaban gastando guita! Se suponía que tenían que estar felices! Se suponía que la guita hacía la felicidad, o al menos la compraba!
Pero era extraño. No pasaba así con ella.
Ella odiaba ir al super o a los shoppings. “Me siento incómoda. La gente está inventando poses todo el tiempo, y todo el tiempo está tratando de llamarte la atención”, decía suspirando .
Y en esa, yo le daba la razón, absoluta y totalmente. En eso estábamos de acuerdo los dos. Pero igual iba. Es decir, me acompañaba. Porque adoraba comprarme hamburguesas de Burger King o de Mc Donald’s y verme devorarlas.
“Vas a terminar muerto, gordo. Sin hígado o con cáncer en el cólon. Hecho mierda. Me vas a dejar sola y no hemos llegado ni siquiera a ser novios de verdad. Y ni hablar de vivir juntos…” Y se reía.
Le gustaba verme disfrutar.
Tardé un poco en darme cuenta de que el dinero, en realidad no le importaba. Jamás había visto a alguien como ella, entrando a una rotisería a comprar un poco de comida, presa de la histeria porque en la esquina había visto a un mendigo durmiendo en un zaguán. Así de desinteresada era, ojos celestes. Así de sensible era, Santa Lucía.
Lloraba desconsolada de emoción escuchando algunas canciones de los Beatles. Lloraba mucho escuchando “Happiness is a warm gun”. Yo de inglés, no entendía un carajo. No sabía qué mierda le pasaba. Los Beatles la sensibilizaban a morir. También se ponía triste si, caminando por la calle o en una plaza, veía a a alguna madre cagando a pedos a su hijo. Y lloraba. Todo la sensibilizaba a rabiar.
“Ves? Por eso yo no quiero tener hijos. A esta hija de puta, el pibe le sirvió los tres primeros años. Ya cuando creció y dejó de ser bebé, lo educa de la peor manera que se le ocurre. Con gritos.”, me decía cuando se le pasaba la tristeza y lograba apenas violentarse. Porque juro que jamás se violentaba.
Era tan inocente…! Y yo, que no lograba descifrarla!
Era triste. Era dulce. Y a veces, también era un poquitín violenta. Casi nada, bah.
Pero yo me estaba comenzando a enamorar de verdad.
Quiero decir; hija de puta, me cagaba de gusto que fuera tan tremenda. Tan de todo el mundo, pero a la vez, apegada tanto a las cosas chiquititas que yo era.
Yo jamás iba a poder ser gran cosa para ella.
Por ejemplo, yo no lograba arreglármelas muy bien para las cosas fuera de mi casa. Me daban fobia las personas. No podía mirar a un extraño a los ojos. No lograba despegar. La gente tenía una armadura que yo no podía ni quería atravesar. Ojos celestes me decía que esos eran los más débiles, los más vulnerables.
Igual, yo prefería estar en casa. Ella me ayudaba un poco. Venía a limpiar y me ordenaba los discos, las revistas. No era muy buena en lo de limpiar pisos, y yo le decía que se dejara de joder.
“Vos harías lo mismo por mí. Si supieras hacerlo, mugriento de mierda” me contestaba entre enojada y divertida.
Y cruzaba los ojos, sacaba la lengua y guardaba mi ropa sucia en una bolsa de consorcio.
Y se la llevaba a la casa de sus padres. “Nosotros SÍ tenemos lavarropas. La vamos a lavar y a perfumar, qué te parece?”, me sugería, tratándome como trataría a un nenito de primaria.

“Sssssi mamáaa…”, le contestaba.

Yo había vivido sin conciencia de mi ropa o de mis hábitos. Nunca me daba cuenta si algo estaba fuera de lugar.
Y Santa Lucía me estaba comenzando a hacer un poco gente.
“Pero Lucy, la mona, aunque se vista de seda…” comenzaba a decir yo…
“…mona quedarás!”, completaba la frase, resignada. “Eso lo decía mi abuela, viejo choto. Me hartaste, me voy. No te soporto. Por hoy no quiero verte más”. Y en efecto, se iba, cerrando de un portazo.

Yo me había escapado de mi casa hacía mucho tiempo, peleado con mis viejos. Yo era libre. Yo era really punk. Yo era más de Lou Reed, de Waits, de los discos de Invisible o de Pescado. Yo jugaba en el equipo de Tarzán. Yo era really motherfucker.
Y ahora, ojos celestes, Santa Lucía, estaba comenzando a hacer de mí un animalito de costumbres.
Y entonces, pensaba en el cuento “El principito”, de Antoine de Saint Exùpery. Pensaba en el capítulo ése, en donde aparece el zorro y habla de cómo la gente logra apegarse a ciertas cosas.
“Pero El Principito es de maricas!”, me gritaba a mí mismo algunas veces, ya estando solo y en silencio.
Y me iba a dormir sin entender ni mierda, qué carajo me pasaba.
Estaba claro como el agua.
Yo era un pelotudo.

Y era cierto. Me estaba comenzando a enamorar de verdad.

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