anoche me puse encima
la más brutal, horrorosa
y definitiva borrachera
que me pude haber puesto
en varios años.
claro que en lugar
de tomarme un par de rifles
(los rifles, por si no sabés,
es mezclar la coca cola
con uno o dos vinos en caja),
me tomé el tinto más costoso
que pueda comprar la plata,
en el lugar más paquete
en el que haya puesto un pie jamás,
con otra gente nueva
de costumbres diferentes,
códigos variables,
éticas cambiantes,
pareceres inestables,
y caras de nada.
quién soy yo?
ya no sé.
por las dudas
y en honor a todos esos
amigos o enemigos
que ví quedar atrás,
fui con ropa de trabajo,
mirando a todos lados,
como si yo no tuviera el privilegio
de poder entrar.
salud, muchachos, salud.
el vino sigue pegando
menos que antes,
más que siempre.
acá o allá.













